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"Master of None": la risa luminosa (y golosa)

Las series se multiplican pero pocas importan. La segunda temporada de esta comedia de Netflix con Aziz Ansari confirma que es de las indispensables

Master of None

Master of None

Dev (Aziz Ansari) y Arnold (Eric Wareheim) en una escena en Italia de “Master of None” en la que se entregan resueltamente al placer del buen comer. (Foto: Alan Yang Pictures)

Master of None

Al inigualable y creativamente compulsivo Woody Allen (81 años) ya se le fue el tren para asimilar Tinder y hacer chistes existencialistas con él. Cierto signo de los tiempos debe ser captado por otros talentos audiovisuales.

Entonces, Aziz Ansari (34 años), comediante estadounidense de ascendencia india, dijo presente. En la segunda temporada de “Master of None” –serie de Netflix en la que él actúa, escribe y dirige–, Tinder da pie a un episodio memorable sobre esas primeras citas propiciadas por la aplicación estrella del coqueteo. Los encuentros del protagonista con diversas chicas ocurren uno tras otro. Citas y escenas que se desarrollan en distintos momentos se mezclan. El entusiasmo, el enredo, el vacío y la necedad por insistir con Tinder se juntan. Pocas ficciones de la pantalla chica cuentan con un sello genuino de autor. “Master of None” es una de ellas.

—Más que un gag—
“Master of None” va de la sencillez a los guiños cultos (al cine orgullosamente pesimista de Michelangelo Antonioni, por ejemplo); de la velocidad expeditiva de la TV a la hondura emocional y la sofisticación. Hay chistes tontos y efectivos (alguien imita un emoji), así como momentos en los que “no pasa nada”, pero que refuerzan el desconcierto. Entonces, uno se da cuenta de que el título de “Master of None” (maestro de nada) va más allá de la burla a los millennials y de su fetichismo por los smartphones: de veras nadie sabe nada del amor y las emociones. El final abierto y ambiguo de su segunda temporada hace que no se esfume la fe por la continuidad de la historia, aunque Aziz Ansari ha dicho que tendrá que pasar un buen tiempo para emprender una tercera entrega. Es tiempo de refrescarse, acumular experiencias y enfrentarse a nuevas incertidumbres en la vida real.

—En ascenso—
La primera temporada de “Master of None” ya sorprendía por su falta de tremendismo, ingenio narrativo y creatividad digna del mejor cine independiente. Con la segunda temporada, sus realizadores subieron aún más la valla.

Y a semejanza de más de una película de Woody Allen, “Master of None” es un canto a Nueva York. Con un añadido: la sangre india de Ansari lo lleva a abordar, con una mirada refrescante, diversos tópicos relacionados con las minorías. Que se apure y traiga la tercera temporada ya.

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