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Michelle Onetto y Marina Gold quedaron en el centro de una polémica por presuntos episodios de bullying escolar que, años después, derivaron en acusaciones, descargos y disculpas públicas. (Foto: GEC / @michelleonetto__ssj
Todo empezó con el testimonio de Marina Gold sobre los años que pasó en el Liceo Naval Almirante Guise. Su relato sobre presuntos episodios de bullying derivó en capturas, nombres señalados, respuestas públicas y versiones enfrentadas. En pocos días, Michelle Onetto pasó de negar su relación con una de las cuentas cuestionadas a reconocer actitudes de su adolescencia y ofrecer disculpas a quienes pudo haber lastimado.
Todo empezó con el testimonio de Marina Gold sobre los años que pasó en el Liceo Naval Almirante Guise. Su relato sobre presuntos episodios de bullying derivó en capturas, nombres señalados, respuestas públicas y versiones enfrentadas. En pocos días, Michelle Onetto pasó de negar su relación con una de las cuentas cuestionadas a reconocer actitudes de su adolescencia y ofrecer disculpas a quienes pudo haber lastimado.
Pero la secuencia importa. Porque no todo lo que hoy se discute estuvo presente desde el principio y hay un punto que continúa siendo motivo de controversia: quién estaba detrás de algunas de las cuentas desde las que, según Gold, se difundieron mensajes ofensivos durante aquellos años.
El primer relato
El 19 de septiembre, Marina Gold habló públicamente de los tres años que estudió en el Liceo Naval Almirante Guise. Según su testimonio, durante esa etapa sufrió insultos, amenazas y episodios de hostigamiento que hicieron de su experiencia escolar un periodo marcado por el miedo.
En aquella primera declaración no identificó a Michelle Onetto por su nombre. Habló de una compañera de cabello rojo y aseguró que había sufrido bullying durante los años que permaneció en el colegio. Tras sus publicaciones, usuarios de redes sociales comenzaron a relacionar esa descripción con Onetto, conocida también como “Ñengo”. RPP precisó entonces que esa identificación provenía de comentarios en redes y no de una acusación nominal inicial de Gold.
Con el paso de las horas, el caso comenzó a crecer. Gold difundió posteriormente capturas de antiguas publicaciones que, según su versión, formaban parte del hostigamiento que recibió. Entre ellas aparecían mensajes atribuidos a una cuenta llamada “Vacawatusi”, además de la intervención de otros usuarios. Y allí apareció el nombre de Michelle Onetto.
Marina Gold
La primera respuesta
El 22 de septiembre, Onetto decidió entonces pronunciarse. Su defensa se concentró en una distinción concreta: aseguró que “Vacawatusi” no era su cuenta. Explicó que en aquellos años utilizaba el nombre de usuario “Ñenguito” y sostuvo que los mensajes más graves difundidos en las capturas no habían sido escritos desde su perfil.
“Esa no es mi cuenta, no lo es”, señaló.
Sin embargo, sí reconoció como propio un comentario que aparecía en una de las publicaciones. El mensaje decía “Jajajaja, a la m....”. Onetto admitió haberlo escrito y lo calificó de inapropiado.
“Reconozco que fue inapropiado”, expresó, y lamentó no haber tenido entonces la madurez suficiente para dimensionar su reacción.
Su primera posición, por tanto, tuvo dos partes: negó ser responsable de la cuenta a la que se atribuían algunos de los insultos y amenazas, pero aceptó haber participado con al menos un comentario que hoy considera incorrecto.
La aclaración no cerró el caso.
La respuesta de Marina
Poco después, Marina Gold volvió a hablar. Primero lo hizo durante una transmisión en vivo en la que dijo sentir temor de escuchar el pronunciamiento de su excompañera. Relató que recordar aquellos años todavía le provocaba una reacción física y reiteró que el hostigamiento, según su versión, no habría provenido de una sola persona, sino de un grupo de estudiantes.
Esa precisión cambió el eje de la discusión. Para Gold, el asunto no se reducía a determinar quién administraba “Vacawatusi”. Cuando fue consultada posteriormente por “Magaly TV La Firme”, afirmó que Onetto formaba parte del grupo que, desde su perspectiva, generaba situaciones de acoso dentro del colegio.
“Era parte del grupo”, sostuvo al describir la dinámica que recuerda de aquellos años. También aseguró que el miedo hacía que algunos estudiantes sintieran que no tenían derecho a reclamar.
Gold cuestionó además la primera respuesta de Onetto.
“Me parece muy triste”, declaró, y añadió que aquella explicación no modificaba la percepción que conservaba de su excompañera. En ese momento dijo que tampoco esperaba una disculpa pública.
Las dos versiones quedaron entonces frente a frente.
Onetto insistía en que no era la persona detrás de la cuenta “Vacawatusi”. Gold, por su parte, ampliaba la discusión y sostenía que el supuesto hostigamiento había sido ejercido por un grupo y que Onetto habría formado parte de él.
La polémica crece
Durante los días siguientes aparecieron también otros testimonios de exalumnas. Una joven identificada como María José acusó públicamente a Onetto de haberla hostigado en el colegio y afirmó que llegó a evitar actividades por temor a encontrarse con ella. Esas declaraciones corresponden al testimonio de la exalumna y, según los reportes publicados, no estuvieron acompañadas de documentación pública que permitiera verificar de manera independiente todos los hechos que narró.
La controversia comenzó además a tener consecuencias fuera de las redes. La agencia Collabs informó que dejó de mantener vínculo profesional con Onetto y posteriormente algunas marcas comunicaron que no continuarían nuevas colaboraciones con la influencer.
Hasta entonces, la conversación pública había estado dominada por acusaciones y deslindes.
El mea culpa
El domingo 27 de septiembre, el tono cambió. Onetto volvió a colocarse frente a una cámara. Esta vez no centró su mensaje en explicar quién administraba una determinada cuenta.
Habló de ella. Reconoció que durante su adolescencia había sido impulsiva y burlona y admitió que muchas veces no midió el efecto que sus palabras o acciones podían tener sobre otras personas.
“Lo siento sinceramente”, dijo al dirigirse a quienes pudo haber hecho sentir mal o lastimado durante esa etapa.
También afirmó sentir “muchísima pena y mucha vergüenza” ante la posibilidad de que comportamientos suyos estuvieran asociados al dolor o la humillación de otras personas. Y dejó una frase que marcó distancia con su primera intervención: “Nada de lo que diga hoy [...] borra mi actuar del pasado”.
El mensaje terminó con una disculpa amplia.
“Pido perdón a cualquier persona” que se hubiera sentido afectada, manifestó.
Fue un cambio importante en el registro de la conversación. Pero no significó que Onetto reconociera todos los señalamientos que circularon durante la semana.
Hasta el momento, mantiene su negativa respecto de la autoría de la cuenta “Vacawatusi” y de los mensajes más graves atribuidos a ese perfil. Su mea culpa se refiere a su comportamiento durante la adolescencia, a actitudes burlonas y a personas que pudieron sentirse heridas por sus acciones.
Lo que queda
En apenas ocho días, una experiencia relatada desde el pasado atravesó todas las velocidades de las redes sociales: un testimonio, especulaciones, capturas, una defensa, una réplica y una disculpa.
Hay hechos que pueden reconstruirse a partir de las propias declaraciones de sus protagonistas. Otros siguen perteneciendo al terreno de sus versiones.
Marina Gold sostiene que sufrió bullying durante sus años en el Liceo Naval y que Onetto habría formado parte de un grupo que ejercía hostigamiento. Michelle Onetto reconoce conductas de su adolescencia de las que hoy se arrepiente, pero niega ser responsable de la cuenta desde la que se habrían publicado algunos de los mensajes más agresivos.
La disculpa llegó. Lo que todavía no ha llegado es una versión única de lo que ocurrió.
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