A mediados del 2025, el actor, de 77 años, fue operado con éxito de una fractura vertebral patológica de alta complejidad. La intervención —prolongada— incluyó estabilización de la columna con tornillos y descompresión medular.
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El accidente ocurrió de forma abrupta, cuando el actor intentaba ingresar a su camper y cedió uno de los peldaños.
“Uno de los escalones se rompió. Tropecé con una silla bamboleante, se me vino encima, me golpeé con una mesa y caí al suelo”, relata Bueno. “Por mis años de corredor de larga distancia, ya tenía algunas vértebras sensibles. Una estaba bastante maltrecha desde hace años, pero ahí colapsó. Y esa fue, probablemente, la que ocasionó el problema en la médula”.
Estuvo internado casi ocho meses en total. Primero en una clínica privada, luego en el Hospital Rebagliati. Los últimos tres meses estuvo en el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), en Chorrillos. Lo recuerda con gratitud.
“Fui muy bien atendido, hice muchos amigos entre los doctores y el personal. La pasé muy bien con ellos, muy bien tratado”, narra.
La operación fue solo el inicio. Para Gustavo Bueno, la verdadera batalla está en la rutina diaria de la recuperación: ejercicios, técnica y constancia para recuperar su independencia. La rehabilitación, dice, es el terreno donde hoy concentra toda su energía.
“Al principio se me afectó la voz, estaba cansado y bajé de peso. Ahora ya estoy recuperando masa muscular. La rehabilitación es donde debo poner empeño, porque en una silla de ruedas pierdes independencia. No se me partió la médula: fue un golpe, se inflamó, y por eso tengo dificultad para sentarme”, detalla. “De la cintura para arriba estoy bien; en las piernas tengo reflejos y sensibilidad, el músculo responde, pero todavía me falta fuerza para moverlas. Me falta movilidad”, explica.
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Actualmente continúa con terapias, ahora de forma ambulatoria y en casa, luego de pasar tres meses internado en el INR, en Chorrillos. “Ahí me entrené para el postratamiento, que sigue, pero ya de otra manera”, cuenta.
En ese periodo, Gustavo Bueno no se sintió del todo lejos de la actuación porque el vínculo con el trabajo seguía vivo. “Nunca dejaron que me fuera del elenco”, dice sobre "Al fondo hay sitio". “Me visitaban los actores y la gente de producción, confiaban mucho en mi recuperación. Siempre estuve acompañado”.
El reencuentro con el elenco fue, dice, “magnífico”. Tiene marcada una fecha: el 2 de febrero, cuando todo el equipo se reúna para iniciar la decimotercera temporada de la exitosa teleserie de América TV.
Lo que sí extraña, es conducir su automóvil. “Sea en Lima o en el sur, manejaba todos los días. Y de repente eso se me cortó”. Me han propuesto que use adaptadores, pero yo espero volver de manera tradicional.
Lejos de los escenarios, Gustavo Bueno nunca se permitió caer en el abatimiento. No porque el golpe haya sido menor, sino porque decidió enfrentarlo con la misma claridad con la que ha asumido cada etapa de su vida.
“No hay lugar para la depresión. Ya tengo 77 años, me ha sucedido esto y tengo que salir de esto. Si algunas funciones se limitan, igual voy a valerme de las que tengo todavía para seguir en la tarea”, asiente.
Hoy define este momento como una etapa que le amplió el horizonte. “Me ha permitido conocer gente que ahora quiero mucho. Si no hubiese sucedido esto, probablemente no los habría conocido”, reflexiona. Habla también del personal médico, de los vínculos que se crean en la fragilidad compartida.
“Hay cosas que desearías que no hubiesen pasado, pero sigo activo en la medida de lo posible, lúcido —que eso es importante— y alegre”.
El accidente no estaba en sus planes, pero tampoco lo está la idea de rendirse. “No puedo decir que se acabó todo”, afirma. Con el respaldo de la gente que lo quiere, lo empuja y lo sostiene, Gustavo Bueno sigue avanzando, paso a paso, saludando la vida tal como se presenta. Porque, incluso lejos del escenario, su manera de estar sigue siendo una forma de actuar.