“Para nosotras fue un segundo cumpleaños. Volvimos a nacer”: Actrices de “Valentina valiente” comparten secretos de ser gemelas, la manga gástrica que cambió sus vidas y más
En esta entrevista, Lucía y Raisa Rodríguez nos hablan de su debut televisivo en “Valentina valiente”, donde han dejado de lado su faceta carismática para encarnar a las siniestras villanas Lidia y Delia. Las artistas recorren su vertiginoso ascenso en TikTok, la mística conexión que comparten desde la infancia y el duro proceso de salud que las llevó al límite en 2024.
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Lucía y Raisa Rodríguez hablan juntas. A veces rematan la frase al mismo tiempo; a veces una empieza y la otra la termina. No es una estrategia de personajes. Así ha sido siempre. También por eso, cuando aparecieron Lidia y Delia —esas gemelas ligeramente siniestras de “Valentina valiente”—, la conexión fue inmediata. Por primera vez, la televisión les pedía ser exactamente aquello que la vida llevaba años entrenando en ellas, salvo por un detalle. La maldad.
Lucía y Raisa Rodríguez hablan juntas. A veces rematan la frase al mismo tiempo; a veces una empieza y la otra la termina. No es una estrategia de personajes. Así ha sido siempre. También por eso, cuando aparecieron Lidia y Delia —esas gemelas ligeramente siniestras de “Valentina valiente”—, la conexión fue inmediata. Por primera vez, la televisión les pedía ser exactamente aquello que la vida llevaba años entrenando en ellas, salvo por un detalle. La maldad.
Las hermanas Rodríguez llegaron a esa producción por un casting que parecía escrito para ellas y, al mismo tiempo, no. Buscaban gemelas idénticas, actrices, sincronizadas, residentes en Lima. Todo encajaba, menos el rango de edad: de 35 a 40 años. Ellas tenían 27. Aun así, enviaron el material. Ya estaban acostumbradas a insistir. Esta vez funcionó.
“Nos esmeramos en hacerle todo un universo a los personajes y tratar de hacerlo lo más sincronizado posible. Hablar al mismo tiempo es algo que se nos da de forma natural por ser gemelas, pero también había que darles ese toque malvado que tienen Lidia (Raisa) y Delia (Lucía). Nosotras somos más bien peace and love, así que hubo que meterle cizaña, maldad y una cosa inquietante que nos alegra que la gente sí perciba”, cuentan
En pantalla, Delia y Lidia parecen clones. En la vida real, Lucía y Raisa se diferencian por un lunar que la producción decidió replicar con maquillaje para no romper la ilusión. Pero la diferencia mayor no está en la cara, sino en la forma de habitar a sus personajes. Han estudiado lo mismo, durante diez años; han ido juntas a talleres; han construido una carrera paralela en la música, la conducción y las redes. Y, sin embargo, cada una llega al personaje por un camino distinto. Raisa apuesta por la contención, por una maldad que se instala en la mirada. Lucía, en cambio, prefiere la amenaza silenciosa.
Hay quienes dicen que se parecen a las gemelas de “El resplandor”. Ellas se toman con humor las comparaciones con célebres duplas del cine y la televisión. (Foto: Mario Zapata)
/ Mario Zapata N.
“Nos han dicho que las dos somos malas, pero Raisa es la de la mirada asesina”, dice Lucía. Raisa se ríe. La risa, en ellas, nunca llega sola.
Lo interesante es que para construir a esas villanas no partieron de la crueldad. Se imaginaron a Lidia y Delia como mujeres entrenadas en mayordomía de alto nivel, formadas en el extranjero, acostumbradas a casas donde el mantel debe estar doblado con exactitud geométrica y donde una partícula de polvo es una ofensa.
“La improvisación de Valentina les molesta. Ahí nace el rechazo”, explica Raisa.
El arte siempre estuvo ligado a ellas. Vienen de la familia Rodríguez, una estirpe de músicos que llevó la música peruana del Cusco a distintos lugares del mundo. Cantaron desde niñas, sacaron su primer disco a los cinco años, condujeron eventos, armaron una productora a los siete, fundaron una banda con su padre en la adolescencia. Luego vinieron los estudios de actuación, primero con Ricky Tosso, después en escuelas y seminarios que les fueron afinando la intuición. La televisión llegó después.
Y luego llegó TikTok y el desconcierto de descubrir que había millones de personas del otro lado mirando cómo dos gemelas contaban curiosidades sobre su vida. Entraron en pandemia, casi por juego. En cuatro días tenían diez mil seguidores. En un mes, un millón. Después vinieron las campañas, las agencias, el reconocimiento en la calle. Todo eso sin haber salido todavía de casa. Actualmente tienen 4,6 millones de seguidores.
“Nosotras no buscamos eso. Entramos a la aplicación porque nuestra sobrina bailaba en TikTok y nos dijo que nos abriéramos una cuenta. Empezamos a contar anécdotas de gemelas, datos curiosos, cosas que nos habían pasado, y se salió de control. Cuando por fin salimos a la calle y nos dimos cuenta de que en todas partes nos preguntaban si éramos las gemelas de TikTok, recién entendimos lo que estaba pasando”, recuerda Raisa. “Antes la gente nos saludaba con ternura. Ahora nos increpan por malas. Y eso, para una actriz que interpreta a una villana, es un elogio”, advierte Lucía.
Ser gemelas, sin embargo, no es solo una ventaja escénica. También es una forma particular de estar expuestas. Comparten métodos, carreras, tropiezos, chistes y hasta accidentes.
“Nos ha pasado infinidad de veces que ella ha ido por mí a hacer cosas que yo no podía ir”, dice Raisa. “Pero también hay desventajas. Imagínate que estamos tomando un café y, de pronto, Lucía se resbala. Ese papelón automáticamente pasa a ser mío porque nadie se va a acordar si la que se cayó fue ella o fui yo. Entonces, sus vergüenzas son mis vergüenzas y mis vergüenzas son las suyas”, detalla Lucía sonriente.
“Y algo que llama la atención de la gente es lo de la maldición gemelar. Nosotros le pusimos ese nombre, algo que nos pasa de toda la vida y todas nuestras familias testigo de eso. ¿Qué es? Que cuando a una le pasa algo malo, por ejemplo, se raspa la rodilla porque se cayó en algún lado. A la semana máximo a ella le va a pasar algo en la rodilla. pero nunca ha fallado”, aclara Raisa.
Y aunque han hecho casi todo juntas, también empiezan a separarse en ciertos territorios. Una se inclinó por la enseñanza del inglés a niños; la otra, por el doblaje y la locución.
Renacer juntas
Esa misma complicidad, que hoy aparece como su mayor fortaleza, también fue decisiva en el momento más difícil que les tocó atravesar fuera del set y de las redes. En 2024, después de un tratamiento con cortisona por fatiga crónica, las dos empezaron a vivir algo que las dejó al límite.
“Nos elevó los niveles de azúcar y colesterol. Subimos de peso. No podíamos ni subir una escalera. En mi peor momento me tenían que llevar al baño, llevarme a mi cama, darme de comer, realmente fue muy muy duro. Pesábamos casi 80 kilos, nos dijeron que debíamos perder peso ya”, recuerda Lucía. “En febrero del 2025 nos hicimos la manga gástrica y hemos perdido más de 20 kg. Ahorita estamos pesando como 56 kilos. Entonces, para nosotras ha sido un segundo cumpleaños. Volvimos a nacer. Ya los malestares se acabaron. Fue maravilloso”, remarca Raisa.