Han pasado casi tres décadas desde que “Cebollitas” convirtió a un grupo de chicos que jugaban fútbol en un club de barrio en uno de los fenómenos infantiles más recordados de los años noventa. Diego Vicos y Brian Caruso crecieron, tomaron otros caminos y construyeron una vida lejos de aquellos uniformes. Sin embargo, para miles de personas siguen siendo Colo y Gamuza.
“Después de tanto tiempo, increíblemente nos siguen llamando como nuestros personajes. Entiendo que es por el cariño, porque sigue vigente la nostalgia y porque marcamos a una generación”, explica Diego.
Brian comparte ese sentimiento y lo resume con una frase cargada de afecto: “Que después de 30 años la gente nos siga llamando Colito y Gamuza, para mí, es un honor”.
Ese cariño los traerá por primera vez al Perú. El próximo 26 de septiembre ambos participarán en un Fan Fest en el Multiteatro Movistar de Surco, un encuentro con fotografías, anécdotas y recuerdos con quienes alguna vez corrieron junto a ellos detrás de una pelota, aunque fuera desde el otro lado de la pantalla.
“Tenemos muchas ganas de conocer a todos los fanáticos que tenemos allá. Sé que son muchos”, cuenta Brian.
Cuando “Cebollitas” apareció en televisión en 1997, ninguno de ellos podía medir realmente lo que estaba ocurriendo. Grababan, ensayaban, viajaban, hacían teatro y cumplían jornadas que exigían la disciplina de un adulto. La dimensión del fenómeno les llegó mucho después.
“De chicos no nos dimos cuenta. Naturalizamos demasiado todo. Teníamos mucho trabajo, estábamos con las grabaciones, el teatro, las giras. Recién de adultos entendimos lo que marcó ‘Cebollitas’, que fue mucho más que una ficción”, reconoce Diego.
Para Brian, la permanencia del programa terminó convirtiéndolo en parte de la cultura popular argentina y de la memoria de quienes crecieron durante aquella década. Pero detrás de la fama también hubo un precio que pagar.
Mientras miles de niños querían ser como ellos, hubo momentos en que ellos hubieran preferido volver a ser simplemente dos chicos desconocidos.
“Sentí en algún momento ganas de volver a ser un chico más, con un perfil más bajo, sin tanta vorágine. Quizás para estar un poquito más tranquilo”, admite Diego.
“Te daban ganas de ser anónimo para poder hacer un montón de cosas que de chico pierdes por el simple hecho de que te conoce todo el mundo. Ibas a algún lugar y la gente se te tiraba encima. Fue una locura”, recuerda Brian.
Gamuza fue uno de los personajes más queridos de la ficción. Su historia —la de un niño de la calle que quería encontrar un lugar al cual pertenecer— conectó especialmente con el público y le permitió a Brian ganar un Martín Fierro.
“El personaje funcionó porque el público vio el cariño inmenso que yo le ponía. Era un chico de la calle que quería ser alguien en la vida. Creo que por eso la gente se encariñó tanto con él”, detalla.
Gamuza, además, nunca terminó de irse. Brian reconoce que hay una parte del personaje que vive en él.
“Somos como dos personalidades en un mismo cuerpo. Nos llevamos muy bien y convivimos de manera extraordinaria”, bromea.
Hace poco volvió incluso a ponerse su camiseta y compartió la foto en redes. La imagen despertó una oleada de nostalgia en Argentina.
“Fue una emoción enorme. Volver a ponerme la camiseta fue una locura, una experiencia única. Tuvo mucho impacto porque a mucha gente le llegó la nostalgia de volver a ver al personaje”.
Diego tampoco tuvo que alejarse demasiado de sí mismo para encontrar a Colo. Con los años descubrió que los guionistas habían tomado muchos rasgos de su personalidad para construirlo: su rebeldía, su carácter y también aquella facilidad para relacionarse con los demás.
Entre todos los recuerdos de esos años hay uno que ahora adquiere una dimensión especial: haber conocido a Diego Armando Maradona. Ocurrió gracias a Dalma Maradona, hija mayor de ‘El Pelusa’, quien participaba en la serie.
“En ese momento no éramos conscientes de la magnitud. Hoy entiendo lo que significó haber conocido a una figura como él”, dice.
Hay, sin embargo, otra historia menos solemne que marcó a Diego. Sucedió durante el primer día de grabación de “Cebollitas”.
Mientras filmaban la introducción de la serie en un conocido edificio de Buenos Aires, comenzó a jugar detrás de cámaras y confundió una enorme superficie de vidrio con una puerta. La atravesó.
“Terminé en el hospital. En ese momento fue trágico, pero ahora, de adulto, lo recuerdo de una manera divertida. Gracias a Dios no pasó nada mayor”, cuenta.
Cuando “Cebollitas” llegó a su fin, casi dos años después de su estreno, apareció la incertidumbre. Diego siguió trabajando en otros proyectos, pero con el tiempo entendió que no era sencillo dejar atrás una ficción que había alcanzado semejante popularidad. Hoy trabaja también detrás de cámaras y en castings.
Brian, en cambio, continuó vinculado a proyectos de teatro y radio.
La serie hablaba de fútbol, de amigos, primeros amores, diferencias sociales, sueños y pertenencia. Historias sencillas que ocurrían cuando todavía no existían las redes sociales ni una pantalla reclamando atención a cada segundo.
Diego no lo descarta, aunque cree que debería hacerlo con una historia nueva.
“Puede volver con un revival, con un guiño hacia lo que fuimos cuando éramos jovencitos, pero con historias diferentes”, dice.
Brian deja la puerta entreabierta: “No sé si se reunirán todos los Cebollitas en una nueva ficción, pero puede llegar a haber algo dentro de poco. Falta poquito”, concluye.
El Dato
Diego Vicos y Brian Caruso se presentarán este 26 de septiembre, a las 5:00 p. m., en el Multiteatro Movistar de Surco. Las entradas en Teleticket.