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Lizzy Cantú: A los treinta

Una edad crucias. Esta vez Lizzy Cantú relata las maravillas del inicio de la trascendental base tres

Lizzy Cantú: A los treinta

Lizzy Cantú: A los treinta

Cumpliste treinta. Y no eres la primera ni la única. Ahí están Lena Dunham, Lady Gaga y las gemelas Olsen, mujeres cosecha 1986. En el Perú son 141,410 chicas que nacieron en el año del tigre. Entre ellas estás tú, querida Silvana, y están Magaly Solier y Alessandra Denegri e Inés Melchor.

Mujeres que este año despiden la veintena. Mujeres que organizarán fiestas, se irán de viaje, cambiarán de trabajo, correrán en las Olimpiadas, comprarán un departamento, se irán a estudiar al extranjero, votarán por sexta vez en su vida adulta. Hace unos años yo cumplí treinta con un vértigo brutal en el estómago.

Un editor me obligó a escribirle un elogio a esta edad. Y como a los treinta ya eres una chica grande, lo hice.  Después me mudé de país, de trabajo, de industria. Me despedí del chico al que amaba, pero me hacía sufrir, de mi familia, del empleo donde lo hacía todo bien.  Y fue como darle un portazo definitivo a la vida de veinteañera, esa que ha inspirado una teleserie fascinante que a la autora feminista Roxane Gay no le gustó:  “Girls me recuerda lo terrible que fueron mis veinte: estaba perdida e incómoda, me acostaba con personas terribles, perpetuamente en bancarrota...no siento nostalgia de esa época”, escribe en su libro “Mala Feminista”. Y Gay tiene razón, Silvana.

Los treinta son cuesta arriba. Te elevan, te desafían y al final del día te llevan a un mejor lugar.  Dejarás de pelear con tus padres y empezarás a quererlos con la misma prisa con la que ellos envejecerán. Entenderás que lo que te pasó en el colegio no es excusa ni explicación de nada. Quedarán atrás los dramas y los chismecitos en los pasillos porque estarás demasiado ocupada rompiéndola en tu trabajo. Vas a pagar todas, todas tus cuentas sin ayuda de nadie y descubrirás que eso te llena de un placer que no conocías. Aprenderás que ya no tienes edad para contestarle a tu jefe con frases que empiezan con “Es que”. Cuando te topes con un asunto difícil y voltees alrededor descubrirás que te toca resolverlo sola, porque eres la experta, la jefa, la responsable, la adulta a cargo.

Alguien va a decirte que la risa es el triunfo de un hombre sobre su enemigo. Te propondrás aprender a reír más. Y, pensándolo bien, disfrutarás, por fin, de reírte de ti misma. Y entonces, sister, empezarás a ser invencible. 


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