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Lorena Salmón: "Tú haces la diferencia"

No porque seamos grandes somos poco flexibles, porque seamos chiquitos somos menos grandes; las apariencias son solo barreras

Lorena Salmón: Tú haces la diferencia

Lorena Salmón: Tú haces la diferencia

Alguna vez, conversando con mi hermana, ella me preguntaba extrañada cómo era eso de seguir a otras personas en las redes sociales. «No entiendo, ¿qué clase de persona sigue a alguien?, ¿para qué?, ¿quién te seguiría a ti, Lorena, y por qué?». Me preguntaba incluso con cara de molestia. No entendía el asunto. 

No supe qué responder hasta que me hice la pregunta a mí misma y me percaté de que la mayoría de las cuentas que sigo en redes sociales son de maestros de yoga, marcas de ropa bonita, páginas de yoga, marcas o iniciativas sociales. Y los sigo porque me inspiran, me gusta lo que comparten, me conecto con su onda. 

En medio de esta reflexión personal, recordé un caso que se viralizó esta semana. Se trata de una yogini, mujer que practica yoga; de 22 años, de nombre Dana Falsetti y con sobrepeso. 

Leí su historia y me pareció un excelente ejemplo para compartir. Dana −si la buscan ahorita mismo en Internet podrán comprobar− es una mujer bastante grande. De hecho, ha tenido problemas consigo misma hasta el infinito: desde falta de autoestima y seguridad, hasta problemas de alimentación a causa del rechazo que sentía hacia su cuerpo. 

Hasta que, antes de darse por vencida, decidió buscar un centro de yoga [vive en Pensilvania] y probar esta disciplina como su última chance para sentirse mejor. 

No solo encontró un tipo de ejercicio que le gustó, sino que encontró en el yoga la excusa perfecta para comenzar a retarse. Al comienzo, dudó de que alguna vez pudiera conseguir hacer cualquiera de las posturas que veía debido a su peso, pero poco a poco, con constancia, se dio cuenta de que las limitaciones no eran físicas sino mentales. Como las de la mayoría de todos los que nos dejamos vencer por las trabas que nos ponemos en la cabeza. 

En realidad, se trata de luchar contra nuestro sistema de creencias, para derribarlo como boliche al bolo [y con ese mismo sonido explosivo]. No porque seamos grandes somos poco flexibles, no porque seamos chiquitos somos menos grandes; las apariencias son solo barreras que nosotros mismos usamos.

Nadie es perfecto. Nadie lo será. 

Son las imperfecciones de nuestro cuerpo, de nuestra naturaleza, las que nos hacen individuos frente a una masa. Y ahí está lo bonito de la vida: en la diferencia. 

 

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