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Lorena Salmón: "Este vestido no es mío"

Nuestra columnnista relata esta vez la historia de cómo encontró el vestido ¿ideal? para una fiesta de matrimonio

Lorena Salmón: Este vestido no es mío

Lorena Salmón: Este vestido no es mío

 

Tenía un matrimonio en pleno viernes de febrero. La fiesta era de noche y en una bella casona de la avenida Larco, por lo que supuse que el código de vestimenta era elegante. Hace mucho que no voy en busca de un vestido para esa ocasión, y los pocos que tengo los he usado reiterativamente. No obstante, tengo suerte y dispongo del amplio walk-in clóset de mi hermana. De hecho, ella me haría el generoso favor de quedarse con mis hijos esa noche, así que sí o sí tenía que pasar por su casa antes del evento. 

Mi hermana es una creativa innata. Le encanta la moda, ha trabajado para un par de ‘retails’ importantes, siempre ha tenido muy buen gusto y súper ideas para vestir. En lo que respecta a matrimonios, ha acudido a bastantes y nunca escatimó en ingenio para buscar un look distinto a los clásicos. De ahí que su clóset siempre tenga variadas opciones que ofrecerme. 

Encontré tres: uno morado con detalles dorados, silueta marcada en la cintura y cola estilo sirena que no me cerraba. Otro verde con amarillo, maravilloso, pero con un escote mega incómodo. Mi tercera opción era un vestido modificado por mi hermana, luego de haber sido comprado en una página web de la India. Alguna vez les he hablado de este vestido, pero en esta ocasión el asunto es el ingenio de mi hermana.

Mi hermana, qué difícil clasificarla. Es una persona que consigue lo que se propone. Entonces, se le ocurren cosas como buscar vestidos en páginas de venta de la India, porque le encantan los vestidos típicos de ese país. Puede comprar uno y hacerlo y deshacerlo hasta ver nacer su creación. Y casi siempre crea cosas hermosas. 

Me quedé feliz con ese vestido lleno de brillos metalizados, bordados maravillosos , que me quedó como mandado a hacer. Tenía falda larga, pero como el evento era nocturno, pensé que no desentonaba. 

Así me bajé del taxi y caminé por Larco, con vestido de princesa hindú (solo me faltaba el bindi en el entrecejo y las manos pintadas con henna) y entré al matrimonio que para mi sorpresa era mucho más relajado que el vestido que yo tenía puesto encima (que además daba la sensación de pesar  varios kilos). La mayoría de las invitadas iban de corto e incluso había algunas en vestido de algodón. 

¡Oh por Dios! -pensé yo-, desentono.

Mi hermana ya me había dicho: “Lorena, no vas a ir con este vestido sin maquillarte, ¿no?”. Ella va a la peluquería cada matrimonio, como me imagino que hará la mayoría. Yo prefiero no maquillarme, aunque esta vez lo hice con crema de base y un poco de máscara para pestañas. Así que además del vestido, iba maquillada y todo. No obstante, apenas entré solo escuché halagos y buenos comentarios. Yo me quedé muda, sin responder de dónde saqué la tenida e inclusive omitiendo con descaro que no era ni siquiera mío. 

Hasta el momento en que sentí injusto no atribuir el crédito respectivo a la dueña del vestido, y en plena pista de baile confesé: este vestido no es mío. 

Risas y no pasó nada. Antes de irme del matrimonio, completamente vencida por la pretensión, le pedí a mi marido que me tomara un fotito. Para el Facebook. 

 

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