Por Celeste Pérez

A inicios de los setentas, decenas de parejas estadounidenses empezaron a viajar a Las Vegas para consumar su amor en capillas forradas de luces neón y terciopelo. La facilidad de conseguir una licencia de matrimonio y los bajos costos de las ceremonias hicieron que la ciudad más popular de Nevada comenzara a lucir atractiva para las parejas jóvenes que querían gritar su amor por encima de todo.

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