Redacción EC

Hace quince años, los argentinos Herman Zapp y Candelaria Chovet decidieron que su destino como pareja era viajar. El vehículo que eligieron fue un Graham-Paige de 1928, un automóvil que no puede acelerar más de 64 km por hora. Y así, a paso lento, empezaron su viaje alrededor del mundo.

Aunque el plan inicial de los Zapp era viajar durante seis meses entre Argentina y Alaska, los caminos los llevaron hacia otros lares. El auto se fue reparando en el camino y hoy cuenta con una cocina y un baño químico. Además, la familia se agrandó y durante los viajes nacieron sus hijos Pampa, Tehue, Paloma y Wallaby.

Los Zapp ya han recorrido Oceanía, Asia, África, Europa y ya están por decidir cuál será su nuevo destino en el mundo. A esta familia viajera suelen preguntarle cómo hacen con la educación de sus hijos y ellos responden:

“¡Qué mejor escuela que un viaje!, aprendemos mucho del mismo lugar y experimentándolo. Usamos el mismo viaje para enseñar.  Por ejemplo, nos pasó con la cadena alimenticia de los animales, en África, desde el herbívoro al carnívoro. Ver como un ciervo que estaba comiendo pasto es cazado por una chita y luego ver a un leopardo robarle la presa, estudiar sobre los Egipcios y hasta estar dentro de las mismas pirámides, navegar El Nilo, es la mejor forma de aprender”. 

 

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