Redacción EC

Hace 15 años, Raúl Ortega ingresó a trabajar a . “Nunca me imaginé trabajar en un barco. Cuando llegué al puerto de Miami pensé que el crucero era un edificio por lo grande que era”, sostiene Ortega, entre risas.

Los primeros 4 años se dedicó a la limpieza de los baños y luego fue ascendido a camarero. Todos los días, durante 7 meses que permanece a bordo, el peruano se encarga de arreglar 25 habitaciones de tipo suite y penthouse. Su jornada diurna empieza a las 7:30 a.m. y termina al mediodía, hora en la que se toma un break para descansar y volver a su turno de las 5 de la tarde, en el que acomoda las habitaciones para la noche. Con el tiempo, este peruano se ha organizado a la perfección, pues arreglar cada cabina le toma alrededor de 15 minutos en el día y entre 7 y 8 minutos durante la noche. 

Ortega nunca tuvo problemas en altamar, nunca se mareó ni se sintió incómodo por el movimiento que provoca el oleaje. Los días en los que el barco llega a algún puerto, él como los demás trabajadores tienen la oportunidad de bajar, conocer el destino y comprar algunas cosas para retomar su rutina. Sin embargo, Ortega es de los que prefiere usar esas horas para descansar y volver al trabajo con la mejor disposición. 

“Tienes que tener fuerza de voluntad y concientizarte de que estás ahí para trabajar. No puedes estar con los huéspedes fuera del horario, ni acceder a las áreas comunes (...) Yo pienso que debo dar todo lo que pide el pasajero porque está de vacaciones y debe pasarlo de lo mejor”, aseguró.  

El camarero dice sentirse orgulloso de contar con un trabajo, pero que lo duro es permanecer tanto tiempo lejos de su familia. Para sentirse cerca de sus 2 niñas y el varón, que lo esperan con ansias en Perú, se comunica con ellos dos veces por semana. Además, cada 7 meses viaja para pasar 8 semanas con ellos. 

Ahora que conoces cómo es la vida de un trabajador peruano a bordo de un crucero que recorre el Caribe, ¿te animarías a vivir la experiencia?