Redacción EC

ROLLY VALDIVIA

Existe una forma de conocer Paracas de una manera inédita, única. Y es que la visita a este espacio natural, localizado a menos de 300 km al sur de Lima, suele limitarse al paseo náutico hacia las islas Ballestas, al avistamiento de las parihuanas que inspiraron al libertador San Martín y al recorrido hacia la Catedral.

Travesía que regularmente concluye con un cebiche casi obligatorio en alguno de los rústicos restaurantes de Lagunillas. Eso es muy poco. No permite disfrutar a plenitud de un área protegida de 335 mil hectáreas, cuyos escenarios costeros marítimos revelan la dramática contradicción y peculiar hermosura del litoral peruano.

UNA RUTA INUSUAL

Mar y desierto compartiendo un mismo entorno geográfico, creando una costa sin verdor, pero con profundos acantilados, con dunas silueteadas por el viento y páramos desolados. 

Una extraña armonía que amerita conocerse paso a paso. Paracas a pie, desde Punta Arquillo hasta Lagunillas en un divertido desafío de 6 kilómetros de perseverante andar, en un amistoso enfrentamiento de tres o cuatro horas con la furia del viento y la osadía del sol, y, también, en una promesa de playas escondidas que parecen ser espejismos.

Todo comenzaría al bajar de ese taxi que en menos de 30 minutos arribó a un lugar que a decir de los agentes de viaje de El Chaco era prácticamente inaccesible. “Allá no se puede ir”, trataban de desanimar al par de viajeros que pretendían escaparse del tour más solicitado.

Ellos recuerdan aquellas palabras al estrenar sus andares aventureros hacia el mirador de lobos finos o de dos pelos. Bullicio y alboroto en Punta Arquillo. Un impactante vistazo a esos mamíferos acuáticos en peligro de extinción que juguetean en las aguas. Paracas es un paraíso de vida que alberga 36 especies de mamíferos y 216 tipos de aves.

Ahora la pareja va rumbo al sur con la ilusión de atisbar la orilla de La Mina, la playa que buscan, la playa que encontrarían después de un recorrido de cuatro kilómetros. Un ramillete de sombrillas y varios cuerpos bendecidos por el sol son las primeras visiones de uno de las principales playas de la reserva. Su cercanía a Lagunillas (2 km.), la hace accesible en auto y la convierte en un lugar ideal para acampar.

Aguas tranquilas. Tonalidad turquesa. Arcos y oquedades de piedra. Un remanso en el que provoca bañarse eternamente de sol y mar, un lugar donde se empieza a creer que el edén no tiene que ser verde. También puede ser desértico. Esa sensación se acrecienta en Raspón, la playa vecina que debe su nombre a los arañones que sufrían los valientes que decidían descender hasta sus orillas.

Hoy ya no existe ese temor. Una escalera evita los raspones e invita a zambullirse en esas aguas solitarias que son el premio final para esos caminantes que, por esas cosas del destino, terminarían disfrutando del ceviche casi obligatorio en Lagunillas. Total, eso lo hacen casi todos los turistas, incluso los que se animan a explorar a su manera, la fabulosa Reserva Nacional de Paracas.

CONSEJOS

Si piensa visitar las islas Ballestas, tenga en cuenta que las lanchas solo zarpan en las mañanas. lleve pastilla contra los mareos.

Si está en lagunillas, le aconsejamos caminar hasta La Catedral. La distancia es de casi nueve kilómetros pero la ruta lo vale.

CLIMA Y VIENTOS

El clima promedio anual es de 20 °C. Los vientos Paracas, que son más frecuentes entre julio y octubre, alcanzan un velocidad de 32 km/h.

EQUIPAJE

Zapatillas de trekking, sombrero, bloqueador solar, traje de baño, gafas de sol y cortavientos por si toma el tour a las islas Ballestas.

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