Selección peruana: la gran herencia de la clasificación de Perú al Mundial. (Getty Images)
Selección peruana: la gran herencia de la clasificación de Perú al Mundial. (Getty Images)
Miguel Villegas

Fue la noche en que no dormimos.

El 15 de noviembre de 2017, volvió a un Mundial de fútbol. Fue despertar de una cura de sueño, también volver después de una guerra: habían preguntas, muchas preguntas, sobre qué es lo que había pasado este tiempo, cuán golpeada estaba la autoestima, qué relación había entre los caóticos años 80, los violentos 90 y el politizado nuevo milenio, con un deporte sobre el que nadie se sentía orgulloso.

en esos años fue una condena.

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Hinchas recibieron a la selección peruana tras su participación en Rusia 2018. Jugadores se encuentran en la Videna. (Foto: Anthony Niño de Guzmán / El Comercio)
Hinchas recibieron a la selección peruana tras su participación en Rusia 2018. Jugadores se encuentran en la Videna. (Foto: Anthony Niño de Guzmán / El Comercio)

Christian Ramos no solo fue el autor de uno de los goles con los que , tras vencer 2-0 a Nueva Zelanda: era, en ese histórico 2017, el capitán sin cinta de Perú, el administrador del whatsapp del grupo, el compañero de habitación de Renato Tapia, el defensor que nadie tenía por candado -NADIE- y terminó siendo cerrojo. Ese hombre, hoy defensa de Universitario, resume lo que ocurrió con la selección peruana en la última eliminatoria, lo que venía ocurriendo largos años: nadie creía en él pero eso no lo apagó.

-"Yo nunca había visto tantas camisetas de la selección en la calle, en días que no fueran Fiestas Patrias", dice, sentado en Campo Mar U, con el tono de quién sale del cine luego de ver una fantástica película.

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No conozco cada clóset pero puedo decir qué hay en el de mi hijo: al lado de sus camisetas con la insignia del María Reina, el buzo azul o el pantalón con pliegues reposan, cuidados como nuevecito vestido de novia, dos chompas XS de la selección que usa casi como uniforme. No es el único: él y todos sus amigos. Él y todos los que son él en todo el país. En todos los colegios, en todos los trabajos, en todas las gerencias. En el 2017 no hubo partido de Perú –el generoso invicto de ese año- en que los estudiantes de Lima y provincias no asistieran a clases con la bicolor puesta, como si no pudieran quitársela, de puro barnizadas con UHU. En el 2018 y en el 2019 tampoco. Fue la reinvención del eterno traje plomo rata que nos pusimos al menos dos generaciones: ceremonia oficial en el colegio; camiseta de Perú. Actuación del Día de la Madre; banderita de Perú. Final de Bimestre; Himno Nacional del Perú. La de Ricardo Gareca, de Cueva, Farfán, Paolo, Flores y todos esos soldados ilustres hizo el milagro: convertir todos los días en 28 de julio.

Recién entonces, los peruanos como yo por fin supimos que eso nomás era alegría; serlo.

Tengo la buena suerte de que sea noviembre del 2019 y no haberlo olvidado.

Desde muy temprano, miles de hinchas acudieron al Estadio Nacional para alentar a la selección peruana. Esta sensación se vivió en todos los rincones de la ciudad. (Foto: Anthony Niño de Guzmán / El Comercio)
Desde muy temprano, miles de hinchas acudieron al Estadio Nacional para alentar a la selección peruana. Esta sensación se vivió en todos los rincones de la ciudad. (Foto: Anthony Niño de Guzmán / El Comercio)