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Verónica Linares: Una canita al aire

Cada vez hay más mujeres dejándose las canas. Es una corriente interesante denominada smart aging, envejecimiento inteligente. Es algo más global y real  y menos enmarcado en lo estético.

Verónica Linares

"Yo no me veo con la cabeza gris. No sé si a los 60 o 70 años, pero hoy a los 40, no. Sin embargo, no me parece una alternativa para descartar. Lo importante es sentirse bella y contenta con una misma".

"Yo no me veo con la cabeza gris. No sé si a los 60 o 70 años, pero hoy a los 40, no. Sin embargo, no me parece una alternativa para descartar. Lo importante es sentirse bella y contenta con una misma".

El Comercio


Como muchas niñas he acompañado a mi mamá miles de veces a una peluquería. Me entretenía viendo a mujeres con la cabeza envuelta en una toalla con las manos a la altura del pecho, como los tiranosaurios rex, a la espera de que se seque el esmalte de las uñas, mientras caminaban en sayonaras para no malograr la pedicure. Lo que más me divertía era verlas con cosas raras en la cabeza a la hora que se hacían el tinte.

No podrán negar que cada vez que nos hacemos una iluminación, resulta incómodo verse con un gorro de jebe de donde salen miles de pelos. Parecemos unos pollitos asustados. El resultado es supernatural, pero el proceso para lograrlo no es nada fashion. Y qué me dicen de las mechas, nos dejan con toda la cabeza llena de platinas listas para protagonizar una película de extraterrestres.

Se podría decir que el cambio de color de pelo de manera uniforme es lo menos rochoso, pero igual de tedioso. Tenemos que estar sentadas 40 minutos esperando a que el tinte coja la raíz. Igual estamos con peinados graciosos porque para pintarnos han tenido que abrirnos muchos caminos en la cabeza para aplicar el producto húmedo. Y a veces se ensucian la frente y las patillas.

Entonces, a los 13 años veía a todas estas mujeres –incluida mi mamá– y las creía locas. Y juré que nunca me pintaría ni un pelito de la cabeza. Pero quebré mi promesa cuando a los 24 años una estilista, que me había visto haciendo enlaces en vivo en la tele, me dijo que debía darle más brillo a mi rostro poniéndome color en el pelo, y me entregué al tinte.

Cada tres semanas iba a la peluquería a ocultar mis raíces negras, y desde que tengo 30 años voy aun más seguido para teñirme las temibles canas. No sabía que cada vez el tinte dura menos, así que he optado por pintarme el cerquillo cada semana y el resto a los 10 días.
Vivo en la peluquería. A veces siento que pierdo tiempo, me canso, me aburro, pero cuando veo el resultado final, me encanta: mi pelo largo y marrón desde la raíz hasta la punta.

Pero ahora he empezado a sentirme rara, hasta diría que superficial, al ver que cada vez hay más mujeres dejándose las canas. Es una corriente interesante denominada smart aging, envejecimiento inteligente. Es algo más global y real y menos enmarcado en lo estético. Hace 10 años me parecía horrible ver a una mujer de treinta y tantos con canas, hoy ya no me parece tan dramático.

Una vez una mamá del nido llegó a recoger a su hijo con la cabeza llena de tinte. Llevaba amarrada en el cuello la típica bolsa que protege la ropa. Fue muy gracioso verla así, pero todas nos sentimos identificadas y le prometimos copiarla para ahorrar tiempo. Desde luego, se cansó del trajín y hoy luce su pelo semigris muy bien.
Creo que las mujeres estamos llegando a nuestro clímax de la tolerancia. Cada vez soportamos menos que nos digan qué y cómo tenemos que hacer las cosas. Estamos agobiadas de tanta presión: tenemos que hacer dieta, ejercicios, estar a la moda, ser amas de casa, criar a los hijos, ser independientes económicamente, ¡¿y en qué momento quieren que nos pintemos las canas?!

Creo que no teñirse el pelo busca, además de ensalzar lo natural, protestar, dar el mensaje que estamos hartas de seguir los estereotipos. Que ya no nos importa decir que tenemos 40 o 50 años, pues nos cansamos de ocultarlo. Que nos estresa tener que dejar de comer helados con fugde y también tener que ponernos botox, plaquetas y siliconas para parecer de una edad que no tenemos.
Algunos psicólogos dicen que esta tendencia es la visibilización del paso del tiempo. Que dejar el pelo gris y luego blanco es una conquista a no tener que ocultar que estamos envejeciendo y que seguimos siendo talentosas y sexys.

Ojo, tampoco se trata de olvidarte de la peluquería, porque un pelo blanco es un pelo despigmentado y requiere de un cuidado especial con productos que lo dejen suave.

Yo no me veo con la cabeza gris. No sé si a los 60 o 70 años, pero hoy a los 40, no. Sin embargo, no me parece una alternativa para descartar. Lo importante es sentirse bella y contenta con una misma. Si hay hombres que con panzota, canas, pelados y arrugas son atractivos por qué las mujeres no podríamos intentar estar menos en la peluquería y tener más tiempo para, por ejemplo, no hacer nada.

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