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Denise Arregui sobre la importancia de saber estar sola

La actriz cruza los cuarenta años enfrentando los mismos "y si hubiera" que todas las que vivimos lejos de los escenarios.

Denise Arregui nos abrió las puertas de su casa para contarnos cuánto valora su independencia, cómo le ayuda el yoga a ordenar sus ideas y de qué manera enfrenta la crisis de "la mediana edad".

Aquí les compartimos algunas de las respuestas de esta mujer que dice ser muy distraída pero que, al parecer, tiene bastante claro cómo quiere vivir. Una mujer soltera, sin hijos, dueña de su propia casa, enamorada de su trabajo, pero sin miedo a aprender nuevas habilidades si hay que pagar las cuentas. 

Quizá esa mente que Denise Arregui acusa de hiperactiva, simplemente se niega a prestar atención a quienes le dicen qué tiene que hacer para ser feliz y cuándo debe hacerlo. Tal vez su mente dispersa solo sabe concentrarse en una cosa: guiarla hacia la vida que ella quisiera tener. Y es ahí donde dice encontrarse ahora. 

Denise Arregui con Mango, su cachorro engreído de siete meses. (Foto: Javier García-Rosell)

¿Alguna vez sientes que piensas demasiado en tu mundo interior?
¡Sí! A veces me despierto y digo: Ay ya, qué flojera estar pensando en mi mundo interior. Hay que mirar para fuera no más. Esto es demasiado egocéntrico (risas). Pero también sé que hay que calmar las aguas internas primero, para poder ver lo que sucede afuera. Hay días que despierto y pienso en cambiar de oficio radicalmente. Quizá cocinar en un restaurante o, no sé, aprender nuevas cosas como hacer terapias con animales. Tal vez todo esto solo sea producto de la crisis de la mediana edad (risas).

¿Ya has identificado esa transición?
Sí y creo que le pasa a todas mis amigas de 40 y un poco más. Quieras o no quieras, empiezas a pensar que estás en la mitad de tu vida y a considerar si quieres mantener lo que has venido haciendo siempre o cómo quieres continuar de aquí en adelante. Me he dedicado 17 años a trabajar en televisión, ya no estoy en ello, sigo haciendo teatro, no tengo hijos, soy independiente, no me casé y pienso: sí, estoy contenta con mi vida. A la vez, uno siempre piensa que puede estar más contenta. Surgen una serie de cuestionamientos que toma su tiempo procesar. Es como una crisis de adolescente, pero a los cuarenta (risas).

¿Querías casarte y tener hijos?
Ese “querer” ha transitado de más a menos a lo largo de los años. Ya he dejado que esa idea se acomode en el lugar donde debe estar. He querido tener hijos y no se dio. Luego no he querido tenerlos y en su momento, no los busqué. También he sido víctima del reloj biológico, pero luego he sido consciente que era solo ese reloj. Y que, después, se apaga. Aunque luego también uno piensa “uy, ya se apagó” (risas). 

¿Y ahora sientes que tienes la vida que quieres?
Me encanta la vida que tengo. Una pareja a la que quiero mucho. Él es padre de un hijo grande, tiene nietos. Uno aprende a vivir con algunas tristezas, algo que toma mucho tiempo. No me colocaría nunca en el saco de las mujeres que se sienten orgullosas de no tener hijos. Respeto a quienes piensan así, pero no es mi caso. Siempre aparecerá la idea de “qué bonito hubiera sido tener un hijo”, pero ¿quién no vive con un “y si hubiera pasado esto”? Creo que soy una persona que sabe vivir con tristezas. Y eso que las tengo contadas con la mano, porque hay gente que realmente tiene motivos para estar triste. No por no tener hijos uno tiene una vida ni medianamente desgraciada. No me cabe duda de que tener un hijo debe ser la experiencia más maravillosa del mundo, pero hay otras cosas. Estoy en una época de mi vida, donde me siento contenta de no haberlos tenido.

¿Te gusta estar sola?
Cuando quiero estar sola hasta a mi perro lo mando a otro lado. Pero también me gusta la compañía. Me he pasado toda la vida escuchando a mis amigas y sus conflictos. Me gusta escuchar a los que quiero. Creo que la amistad entre las mujeres es maravillosa y es algo que hay que cuidar siempre. Sin embargo, me he dado cuenta que con los años, cuando las mujeres van creciendo y forman sus familias se van distanciando. Mis amigas muchas veces no han estado disponibles, porque tienen que acostar a sus hijos o atender al esposo. De seguro de haber sido esa mi situación, yo hubiese actuado igual. Es natural. Las cosas cambian y la amistad se va reubicando. Ahí es cuando comienzo a decir que es importante saber estar sola porque, al final, para las grandes cosas de la vida, una siempre está sola.

 

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