Por Luciana Villegas, Samanta Alva Vargas

En la última década, las redes sociales se han convertido en un espacio de conexión, expresión y creatividad, pero también en un terreno donde las críticas, los juicios y el ‘hate’ pueden desencadenar profundas heridas emocionales. La presión por mantener una presencia constante, la comparación con otros y los ataques anónimos han normalizado un ambiente de violencia digital que afecta la salud mental de millones de personas, especialmente de aquellos que hacen de estas plataformas su trabajo.