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Janet Leyva: "La gente veía algo en mí y yo también comencé a verlo"

Se desprendió de la inseguridad y alcanzó el amor propio. Es modelo, cree en el feminismo y en el poder de la belleza como la capacidad de conectar con el otro. 

Ciudad de Hurghada, Egipto. 15 de diciembre del 2018. “Y la ganadora es: ¡Perú!”. Janet Leyva recibe la corona de Top Model of the World. ”Representé al Callao en el Miss Perú del 2018, quedé en el top cinco y eso me llevó a este certamen internacional.

Entregué todo, estaba mentalizada en la victoria y cuando escuché el nombre de mi país sentí una satisfacción absoluta”, revela. Pero el instante que cambió su vida no fue ese. Fue cuando, impulsada por su madre, participó en un casting y obtuvo el título de Miss Teen Model 2011. Tenía 13 años y 1.77 centímetros de estatura.

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Desde entonces, la historia de Janet se cuenta como el relato de una apasionada por la industria de la moda. Ha desfilado para diseñadores internacionales, como Naeem Khan, Adolfo Domínguez, Agatha Ruiz de la Prada, Custo Barcelona, Max Mara y Mara Hoffman. Naomi Campbell, Mariacarla Boscono, Natasha Poly y Bella Hadid son sus modelos favoritas. Y, a sus 21 años, tiene dos sueños: volverse un ángel de Victoria’s Secret y tener su propia marca de ropa.

Pensabas que serías cantante.
Sí, mi papá es Daniel Leyva, cantante, compositor y músico. Todos sus hermanos, que viven en Estados Unidos, son artistas como él. Ellos hacen juntos merengue, bachata, salsa. Cuando lo veía en la casa, porque él pasaba mucho tiempo viajando por su trabajo, cantábamos. Adorábamos el R&B.

En esa época no soñabas con ser modelo.
En mi adolescencia era insegura por cómo lucía, era muy alta y delgada. No me veía como el resto de mis compañeras del colegio, no me gustaba mi cuerpo, me sentía fea y tenía la autoestima muy baja. En la calle siempre caminaba encorvada, porque quería esconder mi estatura, y llevaba ropa que me cubriera, porque mis brazos y piernas eran muy flacos. En la casa, llorando, le decía a mi mamá: ¿por qué soy tan alta, por qué? Hacía deporte, desde básquet hasta atletismo, buscando un sitio donde sintiera que sí encajaba.

Y lo encontraste en el modelaje.
Luego del Miss Teen Model, estudié en RD Escuela de Modelos y fui al fitting de LIF Week en el 2012. Aún me sentía intimidada por las modelos a mi alrededor, pero recibí cumplidos por mi altura e, incluso, por mi caminata. En la pasarela era donde me sentía 100% segura. La gente veía algo en mí y yo también comencé a verlo. Encontré un lugar donde sí me aceptaban y eso me impactó. Mi postura cambió, ya no escondía mi contextura y empezó a gustarme lo que veía frente al espejo. El modelaje me enseñó a amarme y se convirtió en mi pasión. Esto es lo mío.

Tu pasión te llevó a vivir algunas temporadas en Estados Unidos y China.
Mi primer viaje de trabajo fue a los 15. Fui con José Zafra al ExpoMiami y desfilé para él y otros diseñadores de Estados Unidos, Colombia y República Dominicana. Después fui a Nueva York en el 2013 y 2014, y logré participar en pasarelas paralelas al New York Fashion Week. Además, aparecieron oportunidades en Bolivia y Brasil. En el 2016 me llamaron para que representara al Perú en el Miss Model of the World y estuve mes y medio en la ciudad de Shenzhen, China. Quedé primera finalista, firmé contrato con la agencia del certamen y en el 2017 viví en Hong Kong medio año más. Fui muy feliz. Vivir fuera de tu país te vuelve más independiente, te enseña a creer más en ti, a arriesgar y a perder el miedo.

El año pasado fuiste elegida Miss Callao, participaste en el Miss Perú y después ganaste el Top Model of the World, ¿lo imaginaste?
Creo en el poder de la ley de atracción. Cuando quieras algo, visualízalo y lo atraerás. Pero no solo lo pienses, esfuérzate para conseguirlo, ponle empeño y trabajo. Me preparé para el certamen, el itinerario era agotador, solo dormíamos unas cinco horas cada noche, pero sentía que tenía el potencial para ganarlo y lo hice. Uno de los premios fue ser la imagen del resort donde se realizó el evento, visitaré sus sedes en Europa para las sesiones de fotos. Me siento muy agradecida.

En este proceso perdiste peso.¿Has recibido críticas por ello?
Sí, hay un cambio en mi cuerpo, perdí cinco kilos. Cuando estuve en el Miss Perú, decían en los foros que estaba my flaca. En mis redes sociales me escribieron para decirme que coma y recibí comentarios ofensivos. No tengo desórdenes alimenticios, bajé de peso por el ajetreo y el estrés de los dos últimos concursos. Tengo un estilo de vida saludable, me alimento sano y voy al gimnasio. Soy de extremidades delgadas y largas, es mi contextura. En este mundo te critican por ser plus size o por ser delgada. Se le ha vendido a la gente la idea de un estándar. Te dicen: la belleza es así, este es el cuerpo perfecto. Sin embargo, no existe un solo tipo de belleza ni un solo cuerpo perfecto, todas somos diferentes y mientras estés saludable, tu cuerpo será el cuerpo ideal.

Los concursos de belleza son juzgados por reforzar la obsesión por el físico y valorar a la mujer solo por su apariencia.
Ya no son como antes. Por ejemplo, yo no tengo las medidas tradicionales, siempre lo supe, pero participé y gané. No se limitan a tus medidas corporales, te juzgan por quién eres, por el mensaje que quieres transmitir y por lo que buscas lograr. Un concurso como este favorece el empoderamiento de la mujer y que su voz se escuche, te permite llegar a la gente. La belleza tiene que ver con la energía y con la capacidad para lograr una conexión con el otro.

Al Miss Universo 2018 se presentó Ángela Ponce, ganadora del Miss España, la primera mujer transgénero en participar en uno de estos concursos, ¿qué opinas?
Un concurso puede ser frívolo o un agente de cambio. Ella es un ser humano, igual que tú y que yo, y no soy nadie para juzgarla por su identidad, por lo que sabe, siente y quiere en su corazón. Me parece genial que esta mujer haya ido tras sus sueños. La industria de la moda también ha cambiado muchísimo y para bien. Existe mayor diversidad.

En esta industria, como afrodescendiente, ¿has enfrentado el racismo?
Mi papá es negro y mi mamá blanca. En la primaria me decían “mona” o “no te sientes con ella porque es negra”. Cuando llegué a las pasarelas locales, no había solo modelos blancas, también mestizas y negras y, poco a poco, se hace más evidente la diversidad, porque los peruanos somos una mezcla. A mis hermanos, que tienen su cabello afro natural, los animo a sentirse orgullosos de su color y de quiénes son. Yo estoy orgullosa.

Eres muy unida a tu familia.
Mi mamá, Dora, y mi papá, Daniel, son mi gran inspiración, son mi todo. De ella aprendí a seguir mis sueños y a ser fiel a mí misma. De él, que si la vida te pone obstáculos, debes aprender a superarlos y que la única competencia siempre es con una misma.

¿Hablas con tus hermanos sobre igualdad de género?
Les enseño a mis tres hermanos menores sobre respeto y equidad. El feminismo ha ganado algunas batallas, pero aún no hay igualdad y siento que pasarán años para que llegue ese momento. Mientras tanto, debemos seguir aprendiendo y educando a las nuevas generaciones. Las personas tienen que saber que las feministas no queremos ser superiores a los hombres, no estamos en contra de ellos, estamos en contra del machismo.

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