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Lizzy Cantú: La edad sí importa

Prestamos demasiada atención a la belleza y estado civil de las atletas y nos distraemos de su rapidez, su fuerza y agilidad

Lizzy Cantú: La edad sí importa

Lizzy Cantú: La edad sí importa

Los comentaristas deportivos la han pasado mal durante estos Juegos Olímpicos: parece que no hay manera de halagar a las atletas sin ofenderlas y, de paso, indignar a la concurrencia. Pareciera que prestamos demasiada atención a su ropa, belleza y estado civil y nos distraemos de sus verdaderos logros: de su rapidez, su fuerza, su agilidad, su disciplina.

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Las mujeres que hemos visto competir en Río son ejemplo de lo que podemos lograr cuando nos proponemos una meta. La semana pasada, durante la maratón, Gladys Tejeda nos mostró el resultado de la perseverancia. En la carrera de los cinco mil metros planos, la estadounidense Abbe D’Agostino nos dio una lección de camaradería al detenerse para ayudar a la neozelandesa Nikki Hamblin que se había tropezado en plena pista: “Levántate. Tenemos que terminar esto”, le dijo.  Y, frente a la excepcional Simone Biles, la gimnasta Oksana Chusovitina nos ofrece una lección acaso más poderosa.

Chusovitina es la única gimnasta que ha participado siete veces en unos Juegos Olímpicos. Y, aunque queramos ser políticamente correctas, tenemos que volver una y otra vez a su edad. Chusovitina tiene 41 años. La edad que tienen las gimnastas retiradas, las entrenadoras de las campeonas actuales, las mamás de las chicas que se llevan las medallas. Y cada vez que salió a competir, los televidentes se enteraron que nació en 1975. Que ha representado a la Unión Soviética, a Uzbekistán y a Alemania. Que tiene un hijo con edad suficiente para competir en las Olimpiadas. El “New York Times” ha dicho que su especialidad es volver. Porque cada cuatro años desde 1982, Oksana Chusovitina ha estado entre las mejores del mundo. Y este año la hemos visto intentando el Produnova en el potro, un triple salto mortal que Simone Biles no se atreve a hacer en competencia “porque no quiero morir”.

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A menudo pensamos que los jóvenes son más arriesgados que los mayores. Que su falta de experiencia se traduce en temeridad. Vivimos demasiado preocupadas por la edad, nostálgicas por una época en la que -creemos erróneamente- éramos capaces de más cosas. Demasiado a menudo nos olvidamos de que conforme envejecemos también nos vamos haciendo mejores. Nos limitamos. Pero la uzbeca Chusovitina nos prueba lo contrario.  Cuando le preguntaron por qué sigue compitiendo, ella dijo: “Porque me gusta”. 


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