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Susana Torres demuestra que la belleza está en la mirada ajena

Conoce a Susana Torres, una artista que espera ilusionada la vejez y quiere ser inmortalizada en una lámina Huascarán

Susana Torres demuestra que la belleza está en la mirada ajena

Susana Torres demuestra que la belleza está en la mirada ajena

Existe lo que nosotros vemos y lo que Susana Torres ve. En un país con mujeres inconformes por tener la nariz grande, la piel oscura o el cabello grueso, esta artista visual sale a la calle y solo reconoce un desfile de mestizas hermosas.

Susana Torres empezó a estudiar Historia del Arte en la Universidad Mayor de San Marcos, al mismo tiempo que el terrorismo se extendía en la capital. No terminó la carrera y estudió entonces cosmetología, diseño de moda y estética. Podría decirse que es una cosmetóloga que ha participado en bienales de arte dentro y fuera del país. O una artista que ha expuesto en salones de belleza. O una mujer que se disfraza de ñusta para combatir el olvido y también colabora con la Comisión de la Verdad y el Museo de la Memoria. Susana Torres, una mujer que creció en época de censura, aprendió que a través de sus obras de arte podía evidenciar lo que estaba prohibido decirse.

Susana Torres es una de los 87 artistas que exhiben sus obras en Comparart, la muestra de arte que estará hasta el 30 de abril en el Nuevo Centro Cultural de la Nación. Susana Torres conversó con nosotras sobre tres mensajes que quiere que todos escuchemos. Aquí les compartimos un extracto de la entrevista.

1) La belleza mestiza.

En el 2002, realizaste la muestra Peruvian Beauty con Claudia Coca. ¿Qué te atrae de la belleza peruana?

Claudia y yo nos dimos cuenta de que había un vacío en cuanto a belleza local. Uno veía revistas o películas y las mujeres bonitas no se parecían a nosotras. Siempre me ha gustado la belleza mestiza: Mama Huaco es fabulosa, las ñustas son poderosas, la tapada limeña es hermosa. La belleza en nuestra historia no tenía que ver con el desnudo como en el Occidente sino con el cubrir y la fantasía. Los viajeros decían que una tapada cuando se descubría era como una mariposa que perdía las alas. Hasta ahora las mujeres en la sierra usan polleras sobre polleras. La belleza peruana no se basaba en lo que veías, sino en lo que imaginabas. 

¿Fue una respuesta ante la estereotipada belleza Barbie?

Sí, pero las muñecas no son el problema sino lo que te enseñan en casa. ¡Yo colecciono Barbies! Me encantan. Antes estaban prohibidas las importaciones en el Perú, así es que para conseguir una me ayudó un tío muy generoso que iba y venía de Estados Unidos. Yo vi un catálogo y elegí una negra: una cantante de disco con african look. Me juntaba con mis amigas a jugar y ellas sacaban sus barbies rubias y yo ¡PUM!, metía mi muñeca fabulosa con su traje rojo de pedrería. Mientras que las de mis amigas se jaloneaban al Ken, la mía estaba regia cantando en su propio mundo (risas).

Otro de tus trabajos más conocidos es tu adaptación de los huacos retratos.Hiciste una serie con tu rostro, ¿por qué incluir algunos con granos, golpes o labios leporinos?

La misma expresión “cara de huaco” se entiende como un ataque racista. Y yo no lo veo así. Además las mujeres tenemos muchos miedos que nos limitan. Yo quise exponer esos terrores femeninos. Se supone que nos asusta la vejez, yo hice huacos con arrugas.

¿Y a ti te asusta la vejez?
A mí me ilusiona la vejez. Yo quiero saltarme tipo lingo la menopausia, porque dicen que pierdes el sentido del humor y eso me parece fatal. Cuando eres vieja recuperas la impunidad. Puedes hacer cualquier cosa y ponerte de nuevo todo y nadie te dirá nada. Es como volver a la adolescencia. Yo tengo una carpeta llena de imágenes de ancianas bellísimas. 

2) El heroísmo de la vida cotidiana

En otro trabajo pusiste “Al patriotismo de las más sensibles” sobre el rostro de una serie de mujeres...

Me gustan los libros de historia y biografías. Una vez leí sobre las  mujeres que participaron en la gesta heroica de San Martín. Ellas cosían y lavaban los uniformes de los hombres que iban a las batallas. San Martín quiso condecorarlas y les puso una banda, como de concurso de belleza, que decía: “Al patriotismo de las más sensibles”. Ese es el heroísmo de la vida cotidiana que me conmueve. Para ser un héroe no necesitas ser el que mató a un grupo de personas y expandió territorio. A mí me interesa el heroísmo del día a día y no el que está escrito en los libros.

¿Cómo son hoy esos héroes cotidianos?

Una vez en el cerro Ceres, vi a una señora que subía con dos galoneras como de 10 litros cada una y un niño de la mano. Yo me tiré en una piedra a descansar mientras ella siguió subiendo, abrió la puerta de su casita y estaba llena de baldes con flores. Llevaba agua para regar sus flores. Dime si esforzarse tanto para darle un poco de belleza a su gente no es heroísmo. Una mamá que saca adelante a su familia o un papá soltero que aprende a hacer peinados con ganchitos. 

3) El museo Neo Inka

¿Qué objetos pertenecen a tu Museo Neo Inka?

Más que un lugar, es un concepto. El inka no es solo la embalsamada momia en el resguardado cuarto de tesoros, a veces llamado museo. Él se halla también disgregado y disperso entre los muchos fragmentos de nuestra basura contemporánea. Entre el arte y la publicidad, entre la cultura oficial y la cultura de masas, entre la historia y la historieta. El inka está también afuera, en todas las formas y colores, empaquetado por millones en envases descartables para ser comprado y vendido. Para ser adquirido en el supermercado o en el mercadillo. Y luego bebido, comido, fumado, olido… Consumido. Pero nunca acabado.

Tienes botellas de Inca Kola, latas de atún, cajetillas de cigarros, ladrillos. ¿Cuál es el objetivo de este tipo de arqueología?

Esa riqueza simbólica de nuestra cultura de consumo contrasta con nuestra pobreza material. Mientras la educación sea un lujo, la primera idea de identidad seguirá llegando a la mayoría desde los envases no retornables de una gaseosa antes que a través de la visión de un huaco en el museo o en el libro de texto. Mediante esta arqueología de lo contemporáneo, podemos tomar conciencia de nuestra identidad múltiple. Es como una recuperación de lo sagrado a través del consumismo.

Lee la entrevista completa en la edición impresa de Viù! o encuéntrala aquí.

 

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