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Verónica Linares: "Nuestra mea culpa"

El problema somos nosotros, que persistimos en culpar a las mujeres del maltrato que sufren

Verónica Linares: Nuestra mea culpa

Verónica Linares: Nuestra mea culpa

Arlette Contreras es la joven a la que intentaron violar y matar en un hotel de Ayacucho el año pasado. Hace unos días tuvo que salir -otra vez- a los medios de comunicación a pedir ayuda, porque unos jueces concluyeron que todo el salvajismo que vimos en esa recepción de hotel “solo” le había ocasionado lesiones leves.  Según la sentencia, Adriano Pozo, el agresor, debía estar libre. Mientras la entrevistábamos en el noticiero matinal leí unos comentarios desconcertantes por Twitter: 

“¿Qué hacía con en él en un hotel?”, “¿No sabía acaso que era violento?”, “El Estado no puede defender a todas las rucas del país”. No sé si los magistrados de Ayacucho recibieron plata para beneficiar al demente calato, pero no me sorprendería que minimizaran sus actos solo por el machismo persistente en el Perú. 

Cuando Arlette salió corriendo del cuarto a pedir ayuda, gritaba que Pozo quería matarla. Uno de los argumentos de la sentencia para desvirtuar la tentativa de violación fue que en aquel momento ella no dijo que el sujeto la quería violar. Para estos representantes de la justicia la única prueba del ataque es el dicho de la víctima. Me pregunto ¿qué creían los magistrados que pasaría en el cuarto luego que Adriano Pozo la arrastrara de los pelos?, ¿acaso una romántica escena de amor? 

Terminamos la entrevista a Arlette para darle pase a los espectáculos. La primera noticia era que la ex pareja de un futbolista contó llorosa los motivos de su separación: maltrato físico y mental. Escuetamente y ante la insistencia de un periodista sobre una posible reconciliación, ella aseguró que, después de aquellos forcejeos no había vuelta atrás. 

Unos invitados al programa comentaban fuera del aire que seguro la joven había iniciado la pelea. Que si ella pega, es lógico esperar que él la agarre fuerte para impedir el golpe. Que todos saben que ella es medio “bombacha floja” y que si nunca la han ampayado era porque sabe hacerla bien, que no por gusto tiene tantos hijos de distintos hombres. Y además que no deberíamos creerle todo porque tiene fama de manipuladora.

De nada va a servir que denunciemos a los jueces, que compartamos en redes sociales la foto del  médico legista que cambió de opinión sobre las lesiones en nuestro cuerpo o que revelemos que la máxima autoridad de una corte es amiga de la familia de una de las partes. Nada cambiará en el sistema de justicia, porque el problema somos nosotros. Nosotros, que persistimos en culpar a las mujeres del maltrato que sufren. 
Si somos unas desquiciadas, infieles o coquetas, entonces déjennos y punto y si somos pegalonas, denúnciennos. No tienen que golpearnos. Nadie tiene derecho a ponernos un solo dedo encima. Por si acaso si quieres seguir con una loca, entonces –créeme– el loco eres tú.

 

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