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Yola Polastri: «Me preocupan los niños del Perú»

Su color favorito es el blanco y lleva un arcoíris en la cabeza. Pasó décadas rodeada de niños, pero sigue soltera

Yola Polastri: «Me preocupan los niños del Perú»

Yola Polastri: «Me preocupan los niños del Perú»

Su color favorito es el blanco, aunque suele llevar un arcoíris en la cabeza. Ha pasado décadas rodeada de niños, pero sigue soltera y sin hijos. Es franca y no le asusta decir que la cirugía es el mejor maquillaje. A sus 64, la ‘Chica de la Tele’ comparte el secreto de su vigencia.

La casa de Yolanda Polastri Giribaldi tiene aspecto de cabaña, pero es un templo a la carrera de la artista: los premios adornan sus paredes, un par de Yolas y sus muñecas de cerámica descansan sobre las mesas, fotografías suyas cuelgan hasta de los llaveros e inclusive su red de Wi Fi tiene el nombre de una de sus canciones más recordadas: «Eco». Norma, su asistente, me ofrece una bebida con muchas burbujitas mientras la espero impaciente, como lo hacía cuando niña frente a mi televisor. Después de varios minutos aparece detrás de un biombo con flores e invade la sala su figura menuda. Se disculpa por la demora y se concentra. Empieza a posar y cambia de gesto cada vez que el obturador rompe el silencio.

Ella es un personaje, una de esas leyendas que no necesitan apellido: Yola. Una pionera de la televisión nacional. Todos los peruanos mayores de 20 tienen un recuerdo de ella y los menores saben quién es. Yola, más que una estrella de la tele, ha sido una educadora a gran escala. Un oxímoron en esta época, en donde la televisión suele ir acompañada de adjetivos como ‘basura’ y ‘chatarra’. Hoy ensaya sus bailes cuatro horas al día, dos veces por semana y sigue en los escenarios. Con más de 8.500 seguidores en Twitter, se autodenomina la «abuelita a gogó» o «rockera ». Dice que el día de su muerte no quiere homenajes. Asegura que tiene la energía para seguir con este ritmo de vida, que no la perturba volver a la ‘caja chica’ y considera que el Gobierno debería intervenir con mejoras en la parrilla televisiva.

¿Cómo empezaste en la televisión?

Augusto, mi hermano es el que va a la TV y él es el que me lleva a duras penas. Él no quería por celos de hermano. Fui solo los domingos primero y después ya comencé otro día y otro... y comencé a agarrar papeles chiquitos, y eso de ser extra del grupo de baile que se convierte en los extras del canal hacen que entres a todo tipo de producción, programa, novela, musical de grandes estrellas y los puedes ver trabajar. Yo era de las que observaba todo: desde la parrilla, el ciclograma, al camarógrafo, de dónde venían, cómo se hacía...

Entonces eras introvertida.

Sí. No hablaba mucho.

Y cómo sobresaliste siendo así?

Primero hice animación en el programa «Ritmolandia» que era un programa juvenil que salió para competir con un programa a las 8 p.m. del canal 4 que se llamaba «Ritmo en el 4» y en donde bailaba mi hermano [...]. Un día faltó alguien que hacía de modelo, que daba lo ‘ultimito’ de la moda y yo lo hice por recomendación de la chaperona, la señora Nancy Soto. Entro, hago el papel y lo hice tan bien que me quedé.

En el colegio ya bailabas, cantabas...

Tenía un colegio modelo, gracias a Dios. Es el Santa Rosa de Lima, en Lince. Allí estudió  Beatriz Merino, ella fue a Harvard, directo, qué brillante mujer. Y monjas y curas americanos. Era un convenio con EE.UU. para ser un colegio modelo. Yo jugaba muy bien basketball, era defensa, lanzaba muy bien de media cancha, encestaba. En quinela podía encestar todo, no lo dejaba jugar al otro. Era bilingüe, había grupo de teatro. [...] Era un colegio que tenía todo y buscaban líderes. Después vino la reforma de la educación con Velasco, en donde yo me convierto en estrella.

¿A qué se dedicaron tus padres?

Mi papá ha sido comerciante de una tienda de repuestos. Mi mamá era la perfecta esposa, la ama de casa, madre que nos ha criado a los 4. Justo comentábamos con mi hermana hace poco «y eso de la nana, ¿no había, no?». Y los cuatro comíamos, dormíamos y teníamos la ropa limpia. Íbamos al colegio, regresábamos... y acá hay niños que son uno solo, tienen nanas y es el niño más abandonado. Con su tablet, conversa y juega con ella. Se envicia, aprende lo bueno, lo malo y lo feo que todavía no le toca. Todo eso lo va a aprender, pero todavía no le toca. Hay que formarlo mejor hasta los 7 años.

Tú te formaste en la TV.

Los 5 años que estuve en Panamericana, creo que fueron como la universidad, porque incluso cuando tomo el programa en el canal 4, por la misma señora que era la chaperona del ballet, era secretaria de producción y muchas veces productora de «El Tío Johnny». En esa época los títulos no importaban, sino hacer un buen programa. Entonces me llama, me aceptan en el 4, sacan el programa del canal que era el de Cachirulo [y sus cuatronautas], porque tenían que ir saliendo estos programas.

Y funcionaste...

Sí, pero me acuerdo haber tenido una reunión en la que me dijeron «la verdad es que sí se queda Cachirulo». Y les dije «mira, yo no he venido a este canal para sacar papelitos del ánfora del señor Cachirulo». Era chiquita pero sabía lo que estaba haciendo: «Si voy a saltar, bailar y brincar me regreso al otro canal, porque tiene mercado internacional de novelas, ahí aprendo más».

¿Te imaginaste la proyección que tendrías?

No. Yo trabajé primero en «El Mundo de los Niños», 6 años sin salir del canal, encerrada en un mundo que acababa de descubrir y que me parecía lo más hermoso del mundo, porque tenía que hacer todo: presentaba a los profesores, tenía que cantar, bailar, actuar. Todo eso había aprendido en el canal 5 y tenía que hacer la presentación con ellos y otra persona que después salió. Yo era como un dibujo animado. Con los profesores pasaba tiempo en el estudio, eso hacía que yo aprendiera más y más cosas. [...]. Esa fue mi universidad real: entrevistaba, tomaba clases de ballet moderno, gimnasia rítmica…

¿Y cuándo comenzaron las pelucas?

Desde chica pensaba: «qué lindo debe ser tener pelo lila clarito, lacio, largo, color pastel». También me gustaba el maquillaje. Maquillaba a toda mi familia. Comencé a diseñar ropa, pero primero compré mucho afuera. Todo me quedaba bien: era talla 4, 5, XS. Y esa era una de las cosas importantes del programa: salía de espaldas, de costado, echada, jugando con los niños. Nunca se veía mal la imagen de Yola: antisexy, patilarga, nada de adelante. Como dibujo animado. Y después empecé a usar los sombreritos por un pelo difícil...

¿Por qué difícil?

Porque fue un pelo que sufrió con la cortisona pura de una enfermedad que tuve a los 7 años, incluso se me desahució: púrpura sanguínea, que es una anemia y hoy se cura. Pero yo salgo adelante por un hierbero griego que me da todas las hierbas habidas y por haber. Me quitó la carne totalmente […]. Estaba tan depurada que hasta un caramelo envuelto me daba alergia, cualquier producto, crema, todo...

Y con las notas?

Me iba muy bien hasta antes de la enfermedad. Después medianas, bajas... era importante pasar de año. Todos sabían lo que tenía y que también había notas altísimas en ciertas cosas... Era graciosa, siempre he tenido vis cómica...

La que conservas hasta ahora, por ejemplo en el Twitter.

¡Oh, yes! Lo estoy usando como una columna propia porque ya no estoy en TV y digo si quieren saber de mí, opiniones, pensamientos, que lo hagan en donde tengo un control. En Facebook es un gentío y se hace una bulla y tengo que leer que «mi hijito no sé cuánto, estoy con pena, qué horrible día, qué cansada estoy». Yo no puedo compartir eso. Con el Twitter me va mejor y si me envían notificaciones y alguna es bonita, la voy a poner.

Ahí leí que tienes los premios Peruvian «Fuchi» Awards...

¿Regio, no? Yo sé a quién darle los premios, soy la organizadora -dice con picardía y reímos-. Está tal cual lo que tenemos nosotros en TV. Si ellos hacen el peor programa o no sé qué, decir «el peor» no lo encierra y la palabra «fuchi»: es más completa porque encierra carencia, pobreza... [lo hice porque] acababa de ver los «Grammy Awards», un desfile de talento, moda, belleza y perfección.

¿Entonces qué ves? ¿Cable?

Sí. Veo mucho Warner, Sony. Veía mucho «Two and a half men» [...] Cómo ha girado la serie... era lo más erótico que veía [y estalla en carcajadas]. Soy mayor de edad. Me encanta «Big Bang Theory», qué lindo, cómo van a sociabilizar y qué difícil encontrar sus parejas.

¿Te sientes identificada?

Tengo bastantes manías como el personaje principal: de lavarme las manos de más, desinfectarme, odio las bacterias. No puedo estar cerca, debe ser porque desde chica me han cuidado tanto y he vivido de junta en junta de médicos. Después tuve una enfermedad de un ojo, entró del ambiente o del agua un parásito y te come el ojo en un ratito. Nadie [que haya tenido eso] tiene visión. Yo la tengo porque con el canal hicimos el trato del Bascom Palmer y Loayza - Grupo Carbone, ahí está lo mejor que hay en Oftalmología.

¿Lees mucho?

Creo que la lectura ha sido una de las primeras atracciones y mundos preciosos que encontré. Mi mamá tenía libros de [Alejandro] Dumas y los dramaturgos grandes muy bonitos y leía y veía cada escena en colores, las monedas de oro, todo, los paisajes, sin ver películas: yo hacía la película.

Es que la lectura es muy personal.

Es una maravilla y comencé a leer y leer cada vez más, hasta que entro a la TV y ya no puedes leer. Más bien comencé a escribir libretos y ser creativa y en ese tiempo no te daban maquillaje y vestuario... no me daba para leer tanto.

¿Ahora qué lees? Prensa, Internet...

Eso me parece que es de todas maneras.

Te gusta estar informada.

Totalmente: lo bueno es que no sé si lo hago bien o mal, no tengo que preguntarle a nadie, nada. Leo un poco y me gusta leer mitología griega, ahora estoy con eso y estoy paseando con los dioses y todas esas cosas.

Leí que querías ser monja.

En el colegio te convencen, llega a un momento que dices «sí, sí quiero ser». Pero más grande, no. «No, ya no deseo ser» [dice coquetamente]. Pero parte de misionera tengo: el no tener hijos, el enseñar y estar siempre rodeada de niños y jóvenes.

Dices que no fuiste madre por falta de tiempo.

Yo creo que sí, porque nunca soñaba con «me encantaría o sería muy feliz casándome y formando una familia y tener mis hijitos y esposo». No. Yo he tenido parejas, tuve una edad mía, hace tiempo atrás... Las compañeras de mi colegio solo pensaban en casarse y las primas también, que si no te casas a tal edad, ya no te casas. Algo así como que el primero que se te presenta y dices «vamos a casarnos». Pero un ángel de la guardia fue tan bueno de parar todo esto [el compromiso]. Y no pasó. Gracias a Dios porque hubiera sido un fracaso total. Nunca hubiera podido salir adelante eso.

¿Cuál crees que es el problema en la educación?

Una vez escuché a la señora Martha Hildebrandt decir que ella no se dedicaba a la educación, porque nunca iba a lograr hacer cosas por el Sutep. Creo que tiene mucha razón. La parte educativa en el país no tiene sentido.

¿Y de la televisión?

La libertad de expresión es un motivo tonto porque el libertinaje es lo que existe y no puedes proteger a los niños. Es imposible en el país. Están descartados los niños en la programación televisiva. No se consideran y no se respeta tampoco el vocabulario ni nada. Nuestra televisión no quiere que las personas aspiren a ser mejores, obtener logros, ser ganadores, todo lo contrario. Pero para poder combatir con ese otro lado...

¿Necesita ser más masivo?

Es que la masa, la preparación que tiene, hace que vea, que escuche y que entienda eso: un pleito, un insulto, una bajeza, una vulgaridad, una grosería... pero como no hay, tampoco hay con qué. Y no tiene cable. Entonces la difusión de todo esto, hace que lo aceptes... ya pasó la ola de los talk shows, de los realities, que el Gran Hermano... todos terminaron en sexo y en sexo ahí. Hasta llegar al límite..

Te propusieron participar en el programa de Gisela...

Yo ya contesté claramente que depende del acuerdo económico. Si voy a hacer menos dinero de lo que hago en un show o en la calle, no voy a ir. He sacado números y si te pagan no sé cuánto y tienes que ir tantos días. ¿Y qué: te sale a 800, mil soles el show, al día? ¿Por la producción que yo hago, voy a ir? No.

¿Cómo es un día en tu vida?

Me levantan los teléfonos: siempre dejo uno encendido, me gusta estar conectada, sé que me rompe el sueño pero me ayuda a despertarme. El problema es que tengo un horario alborotado porque puedo trabajar, por ejemplo si hay un show a las 9 a.m., el otro a las 11 a.m., al mediodía y después en la tarde, los infantiles o almuerzos de adultos y de ahí en la noche hago bastantes bodas y shows en discotecas […] les pongo los clásicos que no me dejan salir del escenario... llego a muchísima gente que no pudo asistir al canal, a un estadio, al teatro o no pudo contratarme para su fiesta infantil o de niño de 30, 40 o 50, con sus hijos o sin ellos. Yo trabajo para todos: solteros, casados, viudos, divorciados, con hijos o sin hijos son mis niños de 30. Todos.

¿Admiras a alguna mujer?

Estoy pensando en la Madre Teresa. ¡Cómo pudo hacer eso! Yo soy nada, así me haya timado uno que no era cura [reímos]. Es increíble.

¿Cómo quieres que te recuerden?

A veces yo digo: seguro cuando me muera, a una calle le van a poner mi nombre [ríe a carcajadas] y alguien que se esmere más me hará una estatua, un busto, un monumentito. Que me haga como Blanca Nieves y los 7 enanos con un montón de niñitos peruanos..., –bromea–. En realidad, no me preocupa eso, sino el actual problema de los niños en el Perú: tan agrandados y las madres felices con que «los niños de ahora son así». ¡No, no y no señora: nació y se alimentó igual que todos! Lleva los primeros 7 años bien, para su desarrollo integral, que llegue a ser adulto, buen profesional y bellísima persona. Hágalo, por favor colabore, por favor ayude.

¿Un consejo?

Que los niños no vean TV peruana y a los grandes, si te interesa la vida del mediocre: mírala, ahí está. Si quieres encontrar algo mejor: un libro te va a llevar de viaje más rápido y mejor. Pero a veces un libro lo dejas porque sin darte cuenta, ¿cuánto tiempo has perdido en tu Whats App, Facebook y Twitter? ¿Sabes cuántas horas al día? Saca tu cuenta. ¿Y no tienes nada que hacer, no te alcanza el tiempo? ¡Ya pues! [...]. Por lo menos los primeros 7 años si aceptaste tener un bebe, hazte el trabajo, pues. Y si lo encargas, vigílalo. Y el tiempo que te toque con él o con ella estate al 100%. No sabes cuánto amor necesita de ti. ¿Eres la mamá más fría al final? Eso es importante, así van a ir buscando mayores cosas.

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