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Almendra Gomelsky: "Debemos dejar de criticar lo que sucede en la vida de los demás"

Una conversación franca sobre la maternidad como un aprendizaje permanente y el amor como la complicidad eterna. La conductora, además, habla del paso del tiempo. 

Almendra Gomelsky tiene dos tatuajes en el antebrazo derecho. Son estrellas que simbolizan a sus hijos Macarena, de 15 años, y Rodrigo, de 13. Se los hizo en un estudio de Miraflores cuando paseaba con ellos un sábado de este otoño. Y es que la presentadora siempre tuvo una certeza: quería ser mamá. Lo supo desde que jugaba con sus muñecas. “Es más, en Argentina (donde nació), mis vecinos y familiares me regalaban la ropa de sus bebés para vestirlas. Yo era como Susanita, el personaje de Mafalda”, cuenta.

Su carrera en televisión sí fue inesperada. Estar ante las cámaras no era algo que imaginara de niña. Ella prefería charlar con los animales, aventurarse con sus amigos imaginarios o trepar los árboles de su casa en las afueras de Buenos Aires. Entonces, como disculpándose por ser flaca, alta –a los 10 años ya medía 1.78 metros– y linda, confiesa que era tímida, mucho. No era modelo. Todavía.

Ya en Lima, ciudad a la que llegó durante su adolescencia por una oportunidad de trabajo que le surgió a su papá, posó para los catálogos de la marca de belleza Yanbal, desfiló en las pasarelas locales, estudió Diseño de Moda y se convirtió en uno de los rostros de “Nubeluz”, el programa infantil que fue emitido en 26 países del mundo, incluidos Japón y Turquía.

Ahora estás en “Mujeres sin Filtro”
Ya tenemos año y medio. Somos cuatro, me acompañan Katia Condos, Gianella Neyra y Rebeca Escribens. Hablamos sobre lo que vivimos como mujeres y madres. Estamos agradecidas con la recepción de la gente. Es un espacio que permite irte a dormir con una sonrisa. Y se vienen novedades. Empezaremos a viajar para grabar fuera de Lima y del Perú, y existe la posibilidad de hacer una obra de teatro o una película.

Tu carrera tiene más de 30 años. ¿Cuáles han sido los episodios más difíciles?
La muerte de Mónica (Santa María, su amiga y co-conductora de “Nubeluz”) fue terrible. Era tan joven, tenía tanto futuro. A raíz de eso, entendí que la vida debe valorarse. Por otro lado, tras ocho años como presentadora de “Oh, Diosas!” decidí irme porque ansiaba hacer cosas nuevas. Pensé que rápidamente conseguiría trabajo, pero no fue así. Así que volví a mis inicios, al diseño de moda. Llevé cursos y me dediqué a mí y a mis hijos.

Fue una etapa de aprendizaje…
Si no pasas por momentos malos, no aprendes a disfrutar de los buenos. Queremos ser felices y no deseamos sufrir, aunque es parte de la vida. Lo que no podemos hacer es estancarnos en el dolor.

Te casaste a los 18 años, ¿cómo procesaste tu divorcio?
Mi primer matrimonio duró siete años. Me separé porque necesitaba tomar las riendas de mi vida y fortalecer mi carácter. Fue difícil, grababa el programa “Almendra”, donde trabajaba con él. Sonreía frente a las cámaras y en los comerciales me iba a llorar. Lo quiero mucho, pero debimos ser solo amigos.

¿Cómo fue tu historia con Tito (Awe), tu esposo?
Lo conozco de toda la vida, del barrio, y jamás imaginamos que tendríamos una historia de amor. Un año después de mi separación, compartimos tiempo juntos y nos enamoramos. Él sabía como era yo y cuando te muestras así, sin fingir, es lo mejor.

¿Cuáles son las claves para que funcione su relación?
Somos dos individuos que se respetan y que confían en el otro. A pesar de que a cualquier hora te pueden ser infiel, ese pensamiento no tiene que atormentarte. Eso sí, si una pareja necesita separarse, que lo haga. No debe mantenerse unida por los hijos ni por nadie. Claro, tampoco pienso que a la primera hay que tirar la toalla. Si sucede una infidelidad, conversen para ver qué pasó. Obviamente, si ocurrió una vez. Si lo hace siempre, nada cambiará.

¿Qué es el amor para ti?
El amor es complicidad. Cuando la necesitas, tu pareja está allí para sostenerte. También es tu compañero ideal para reírte y divertirte. Sí, hay épocas complicadas en las relaciones, pero son eso: épocas. Y la rutina es el peor enemigo. Hay que comunicarse y buscar que los sábados y domingos sean diferentes. Si me peleo con Tito, agarro el video de nuestra boda y lo miro para recordar momentos felices.

Tienen dos hijos juntos, ¿qué te enseñó la maternidad?
Estoy convencida de que los hijos lo eligen a uno y vienen a este mundo a enseñar. A Macarena no la acompleja nada. Es un espíritu libre al que no le importa la opinión del resto. Eso aprendí de ella. Rodrigo sabe de todo, le digo Mr. Google y posee un carácter fuerte. Gracias a ambos soy más tolerante. Ahora, como mamá, es vital fomentar su autoestima. Quiero que sean seguros y respetuosos. Además, les digo que, en cualquier circunstancia, cuentan conmigo. Y que harán cosas que podrán enojarme o dolerme; sin embargo, nunca los abandonaré.

¿Qué piensas de las mujeres que no desean ser madres?
Cada quien es dueña de su vida y de su cuerpo. Mis amigas que optaron por no convertirse en mamás son muy felices así. Unas están casadas, otras no. También tengo amigas que tuvieron hijos sin una pareja porque así lo quisieron. Debemos dejar de criticar lo que sucede en la vida de las personas y empezar a mirarnos a nosotros, a querernos y respetarnos. Quizá así aprendamos a ver con amor a los demás.

Este año cumples 50, ¿cómo tomas el paso del tiempo?
Una vez, mientras participaba en “Perú tiene talento”, me puse bótox y perdí mis expresiones. Me quedó fatal. Felizmente, el efecto duró poco. Allí decidí que no lo haría más. Respeto a quienes se someten a cirugías estéticas, pero no es para mí. Los años pasan y vas cambiando. Hay que ir más allá de la belleza física, y preocuparse por la belleza interior.

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