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Verónica Linares: ¡No, es no!

La periodista deja claro que las mujeres no se andan con rodeos

verónica linares

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Cristina es una ejecutiva junior de una empresa trasnacional. Es joven, guapa y sobre todo chambera. Frente a ella ubicaron a Juan, otro abogado, que acababa de ser ascendido. Los jefes creyeron conveniente que el nuevo trabajador estuviera cerca de la más destacada de sus profesionales.

Pero ni bien Juan se instaló en su lugar se preocupó por conseguir el celular de Cristina y comenzó a mandarle mensaje por whatsapp. Al principio ella respondía con frialdad y un poco desconcertada porque no comprendía qué quería Juan. A pesar de tenerla solo a metros de distancia no le decía ni una palabra. La miraba, le sonreía y luego le escribía al celular: ¿qué haces?, ¿a qué hora te levantaste?, ¿qué planes?, ¡qué linda estas!, ¿salimos?...

La situación comenzó a tornarse incómoda así que Cristina le pidió que dejará de escribirle, que no le gustaba lo que estaba haciendo. Pero Juan no le hizo caso, en alguna parte de su diccionario cerebral esa llamada de atención significó para él un coqueteo. Y continuó acosándola.

Un día que Cristina fue al trabajo en falda, a Juan se le ocurrió tomarle una foto y mandársela a su Whatsapp. Junto a la imagen -de la cintura para abajo- puso el comentario: ¡Qué buenas yucas! Cristina llevó el celular a su jefe, le mostró la foto además de los diez mil mensajes del acosador y lo botaron.

Cristina tuvo suerte pues según una encuesta realizada por una agencia digital de colocación de empleos, es al revés. El 25% de mujeres trabajadoras es obligada a salir de sus puestos por diferentes tipos de hostigamiento: discriminación por tener hijos, por estar embarazada, por el color de su piel o por no acceder al acoso sexual.

La ley 27942 previene y sanciona el hostigamiento sexual en el ámbito privado y público. La norma establece los procesos para denunciar a un compañero que te acosa, así como Cristina, e incluso se contemplan sanciones económicas a la empresa que no hace caso a la denuncia de la trabajadora. Pero, ¿qué pasa si la empresa es más chica y el jefe es el gerente y dueño a la vez?

Lucrecia es asistente de gerencia de una envasadora. Desde que empezó a trabajar hace unos meses su jefe tuvo un trato amable hacía ella, pero en algún momento esa cordialidad se transformó. Comenzó a preguntarle por su vida familiar, si tenía pareja, si no le gustaría dejar de andar en micro, si le gustaría conocer Europa, etc.
Ella asumió que el señor gerente solo tenía ganas de conversar y nada más. Le resultaba poco verosímil que un sexagenario, alguien que podía ser su abuelito tuviera otro interés hacia ella que no sea el laboral.

Pero luego el acoso o mobbing fue evidente. Cada vez que ella entraba a su oficina la miraba fijamente y le lanzaban -según él- piropos. Además, le proponía irse de viaje juntos, prestarle plata si la necesitaba, comprarle un carro BMW como el que el manejaba si accedía a salir con él “aunque sea una vez”.

Ella solo callaba, era obvio que no estaba interesada pero no se atrevía a decirle nada porque tenía miedo de que la boten. La joven no pudo acusarlo con su inmediato superior pues era él mismo y tuvo que renunciar. No hizo ninguna denuncia en la Comisaría, el Ministerio de Trabajo, ni la Fiscalía, solo quería estar lejos de él.

Creo que el mobbing es la discriminación del futuro contra nosotras, es la cosificación de la mujer del siglo 21: “las dejamos trabajar, pero bajo nuestras reglas”. No se dan cuenta que nos tratan como si fuéramos objetos que se usan si les provoca. Es como si no pensáramos o no decidiéramos sobre nosotras mismas. Es una locura.

Cuánto daño hace ese comentario machista de que las mujeres nunca dicen lo que piensan o lo que quieren en realidad. Debemos desterrar ese mensaje de una vez por todas. No es divertido decir que siempre andamos con rodeos. No nos hace más interesantes, coquetas o inalcanzables, sino vulnerables. No señores, las mujeres de hoy somos directas y hablamos alto: No, es no.

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