Hubo un tiempo en el que las vacunas asustaban sólo a los niños. Sin embargo, cada vez más adultos temen vacunar a sus hijos. Se dice que las vacunas provocan autismo, infertilidad o impiden el desarrollo natural del sistema inmunológico del niño. Como es natural los padres se preocupan ante tremendas palabras. Peor aún, algunos se asustan y deciden no vacunar a sus hijos, pero olvidan preguntarse: ¿Quién dice -y con qué pruebas- que las vacunas son tan peligrosas?

El primero en desatar el mito de las vacunas fue un doctor. En 1998, la reconocida revista médica británica The Lancet publicó una investigación que aseguraba relación entre la vacuna triple vírica y el autismo. El autor, el cirujano y gastroenterólogo, A.J. Wakefield, se basaba en un estudio a doce niños autistas que, según él, desarrollaron esa condición a partir de recibir la vacuna que comúnmente se usa para prevenir enfermedades como sarampión y paperas. Entonces el pánico empezó y hasta ahora no se detiene.

Existen, sobre todo en Estados Unidos y algunos países de Europa, grupos antivacunas que reconocen como uno de sus guías a A.J. Wakefield. A pesar de que en 2010, el colegio médico del Reino Unido le retiró la licencia médica porque comprobó que su estudio era fraudulento y que, además, había abusado de los doce menores al realizarles colonoscopias y punciones lumbares innecesarias.

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En nuestro país también existen grupos antivacunas. El año pasado, cuando se presentaron casos de sarampión en  Chorrillos y Surco, se identificó a un número de padres que deciden no vacunar a sus hijos para evitar “posibles riesgos”. Según el doctor José Tantalean, ex presidente de la Sociedad Peruana de Pediatría, no existen verdaderas razones para ese temor.

La controversia sobre las vacunas sucede más a nivel de medios que entre el gremio médico. Las investigaciones realizadas, buscando asociación entre diversos efectos colaterales de vacunas llevan de modo casi uniforme a una sola conclusión: los efectos benéficos de las vacunas superan largamente sus efectos colaterales, incluyendo los más serios de éstos”, nos comentó.

En cambio, sí hay cifras sobre los peligros de no vacunar a los niños. En California, por ejemplo, se han registrado en los últimos dos años más de 600 casos de niños con sarampión y han aparecido algunos pacientes con tos ferina. Es justo en esa zona de Estados Unidos donde hay gran presencia de padres que dicen elegir una crianza más natural y libre de medicamentos para sus familias. Según la OMS, los índices de vacunación en las escuelas privadas de HollyWood o Beverly Hills es tan baja como la de Sudan del Sur.

Frente a las vacunas, no se cuestiona la preocupación de las madres por la salud de sus hijos. Sin embargo, somos los adultos los responsables de proteger a los niños y no permitir que temores infundados condicionen nuestros actos. Ante cualquier duda, lo único que queda hacer es consultar con su doctor de confianza y asegurarse de tomar decisiones informadas.

 

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