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Sofía Rocha: "La maternidad puede ser una casualidad, una decisión, una maldición o una bendición"

La actriz defiende la belleza de la imperfección y habla (sin censura) del amor y el desamor, del teatro como vocación irremediable y del hallazgo de la felicidad en las cosas más sencillas.

En su mesa de noche, en su departamento, guarda la novela “Me alegraría de otra muerte” del nigeriano Chinua Achebe; y dentro de su bolso negro (su color favorito), el ensayo “Antes de actuar. La creación artística en una sociedad inestable” de la estadounidense Anne Bogart. Hace unos días terminó “Lo que las sombras ocultan”, los cuentos del peruano Antonio Zeta, y “Los suicidas del fin del mundo”, la crónica de la argentina Leila Guerriero.

Para irnos entendiendo: Sofía lee, y mucho. Dos o tres libros a la vez. Entre funciones, clases y ensayos. Entre noches de insomnio y mañanas de tranquilidad. En horas de espera. Para ella, la lectura es un refugio. “Permite escapar del entorno, vivir otras vidas y viajar”. La actuación es otra forma de hacerlo.

A Sofía Rocha la vocación le surgió como suceden las cosas destinadas a ser. “La percibí como una pulsión. Me hizo y me hace sentir viva”. Hoy, su agenda laboral ya está copada: dos obras, una película y un nuevo taller. De lo que vendrá después, no tiene ni idea. Tampoco le preocupa. Sofía vive en presente.

La actuación es tu hilo vital.
Sí, el teatro me contiene. Me deja caer, sanar y seguir adelante. Y conocerme, porque es muy difícil pararte en un escenario si no sabes quién eres. Para contar una historia debes ser consciente de tus debilidades y fortalezas.

¿Dónde te formaste?
En el grupo “Teatro del Sol”, en los años 90. Ellos abrazaron mi carrera. Fueron los primeros que me subieron a un escenario y confiaron en mi voz y en mi presencia, pues entonces no tenía experiencia. Estuve más de dos años con el grupo. Hasta hoy llevo cursos y talleres, porque un actor no puede dejar de experimentar y de nutrirse.

¿Por qué es importante el arte en el desarrollo de un ser humano?
Es primordial, forma personas con sensibilidad, empatía, pasión y respeto. Sin eso, sin desarrollar el lado artístico (ya sea como profesión o como hobby), el individuo se queda en una etapa muy básica, donde surge el monstruo de la agresión y no hay entendimiento entre los seres humanos.

Eres profesora de teatro, dictas en La Plaza.
Lo hago desde hace cinco años. Me fascina enseñarle a gente joven con tantas ganas. Mis alumnos me alimentan más de lo que saben. Con ellos vivo momentos muy felices y les entrego todo lo que he aprendido. Todo.

¿Qué más te hace feliz?
Pasar tiempo con mi perro, tomar un buen vino y practicar Bikram Yoga, una disciplina que trabaja el cuerpo y purifica la mente. Ahora, a mis 50 años, estoy contemplando qué más me ofrece esta nueva etapa.

¿Qué cambia a los 50?
Le exigí mucho a mi cuerpo (he hecho spinning, muay thai y nadado mar adentro) y quiero demandarle lo mismo, pero es como si él hubiera tomado el control y dijera: “Ahora mando yo”. Así que le he dado las riendas y me estoy dejando guiar. Además, me encuentro en una fase en la que busco paz. Sé qué y quién me hace daño y me alejo de eso. A esta edad tienes pocos filtros y eres menos tolerante. Por ejemplo, frente a las poses y a los que no se muestran como son. Claro, con diplomacia y sin ser una energúmena.

¿Te gustas cuando te ves al espejo?
No siempre fue así, pero sí. La belleza tiene que ver con aceptarte a ti misma. Amo mis rizos maravillosos y el gancho de mi nariz, porque me recuerda a mi madre y lo que he heredado de ella. La perfección me aburre terriblemente, adoro la imperfección. Soy defensora de la belleza natural. Me gustan las arrugas y las canas porque cuentan una historia. Me jacto de no haberme operado y jamás me haría algo invasivo. Deseo que me quieran tal y como soy.

¿A Sofía Rocha le han roto el corazón?
Varias veces. Algunas experiencias han sido muy fuertes; otras, muy reveladoras. El amor me ha transformado y he encontrado, a través de él, la profundidad de mi ser, de lo que soy capaz y de lo que no. Por amor he vivido momentos casi divinos y de mucha oscuridad. Una vez, en camerinos, conversé con la actriz Delfina Paredes sobre cómo recuperarte cuando una relación amorosa muy fuerte se rompe. Ella me dijo: “Haciendo”. En mi caso, sacando a mi perro, ensayando, dictando clases. No nos morimos de amor porque seguimos haciendo y es así de simple.

¿Cuál ha sido el momento más difícil de tu vida?
La pérdida de mi madre, quien falleció a los 57 años. En mi vida, hay un antes y un después de su muerte. Agradezco el tiempo que pasé con ella y la recuerdo con alegría porque era una mujer alegre. Aunque solía definirme como atea, a raíz de su partida quiero creer en el cielo para volverla a ver.

¿Qué opinas de las mujeres que no optan por la maternidad?
Cuando era joven, quise ser mamá. Sin embargo, no se dio la oportunidad. No creo que una tenga que serlo obligatoriamente ni considero que te dé un valor agregado como mujer. La maternidad puede ser una casualidad, una decisión, una maldición o una bendición. Eso dependerá de cada una.

El año pasado dirigiste “Siete olas”, que trata sobre la relación entre madre e hija. ¿Cómo así decidiste dar este paso?
Leí el libro de cuentos de Katya Adaui, “Aquí hay icebergs”, y me impresionó mucho. Sobre todo “Siete olas”, que parecía una obra de teatro. Además, quería descubrir qué se sentía dirigir y dos compañeras me dijeron que les interesaba que yo las dirigiera. A pesar de que fue una gran experiencia, defiendo mi carrera como actriz. Si bien puedo saltar a la dirección, no tengo la presión de ir más allá de los papeles que me encomiendan. Eso es lo que me hace feliz.

¿Cuáles son tus proyectos actuales?
Actúo en “La reunificación de las dos Coreas”, una puesta en escena de la Alianza Francesa sobre amores imposibles. El 25 de julio participaré en el espectáculo “Viaje al Perú en un poema” del Teatro Municipal, que presentamos en el Festival Viva Perú 2017, en México. En agosto se estrena el filme “Rosa Mística, fragmentos de la melancolía”, donde interpreté a la madre de Santa Rosa de Lima. En setiembre dictaré un taller en el teatro Británico y desde el 27 de octubre hasta el 3 de diciembre, en el CCPUCP, estaré en “Pequeños héroes”, una de las obras de “La trilogía” de Afonso Santisteban. Este es mi año. Está bueno, ¿no?


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