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Yiddá Eslava:“La felicidad no es algo predeterminado"

Disfrutar a plenitud sin miedos ni culpas, sonreír siempre y seguir su intuición. Ese es el orden en que la actriz Yiddá Eslava elige vivir cada día

Por Jorge Chávez Noriega

Conversar con Yiddá Eslava resulta divertido. Posee la habilidad de ver el lado más ameno de las cosas, sean buenas o malas. Le gusta reírse de ella misma, de sus errores, y también de los entretelones que implican su reciente maternidad. De hecho, por estos días, presenta un show de stand up comedy junto con su pareja, Julián Zucchi, inspirado en todos esos temas. “La verdad es que quería tener dos hijos, pero ahora lo estoy pensando”, dice mientras prepara un café en la cocina de su departamento, sin despegar los ojos de Tomás, su hijo de un año y tres meses, que juega en un corralito.

La carrera de Yiddá como actriz está despegando y hoy la podemos ver en el teatro y en la televisión. En unos meses, además, estrenará la película “No me llames solterona”, dirigida por la cineasta Ani Alva Helfer. “Estoy haciendo lo que siempre quise hacer y es algo que me emociona”, comenta.

Con el pequeño en brazos, Yiddá recuerda que tuvo que ejercer distintos oficios, porque tenía que costearse sus estudios y había decidido vivir fuera de la casa de sus padres desde los 18 años. Antes de estar dedicada exclusivamente a la actuación, fue mesera, bartender, recaudadora de valet parking y participante de un reality de competencias. Esa etapa en la televisión, admite, le permitió ganar la popularidad que goza, pero ahora su ambición va más allá. Lo que ella quiere es que la gente la reconozca por su trabajo como artista. Por eso, no deja de prepararse y buscar nuevas formas de entretener.

¿Cómo se organizan en casa para mantener el ritmo de trabajo y compartir tiempo con Tomás?
Tenemos a alguien que nos ayuda solo cuando Julián y yo estamos fuera, porque prefiero ocuparme de mi hijo la mayor parte del tiempo. Siento que las mujeres tenemos una energía especial para ser madres. Tenemos la capacidad de multiplicarnos y siempre estar atentas a lo que pasa con nuestros hijos. Por eso, no me costó asumir mi rol de mamá y seguir trabajando. La maternidad no solo te cambia la vida, te transforma como persona. En el cuidado de Tomás, lo único que nos diferencia a Julián y a mí, es que yo le doy de lactar. Ambos nos dividimos funciones y hemos encontrado el ritmo ideal para no estresarnos. Además, nosotros empezamos a buscar a nuestro hijo, hace un par de años, de una manera planificada. Y eso te ayuda a proyectarte e ir viendo cómo te vas a organizar.

Su romance comenzó hace cinco años en pantallas, ¿cuál es la clave de su estabilidad?
Nuestra relación comenzó como una amistad y eso ha perdurado. Es increíble, pero nos seguimos riendo y disfrutando de las cosas que nos gustan con la misma intensidad que cuando nos conocimos. Para que una relación funcione, quizás, no se deberían quemar etapas. Lo peor que podemos hacer es añorar cosas que no ocurrieron y angustiarnos pensando si tal o cual cosa hubiese sucedido. Cuando estás con alguien, deja que las cosas fluyan y tú misma descubrirás si es el indicado.

Al ser una persona pública, ¿cómo delimitas lo que quieres y no quieres mostrar de tu relación?
Como toda pareja, tenemos problemas y discusiones. Pero eso es algo que se queda con nosotros, en nuestra intimidad. No se nos pasa por la cabeza lucrar con nuestra vida personal. Cuando interactuamos con la gente que nos sigue, a través de las redes o nuestros videos de YouTube, somos dos personajes que, sin poses, lo único que buscan es entretener.

Vena artística

La familia de Yiddá está muy ligada al arte, en distintas expresiones. Es sobrina del escritor Jorge Eslava y del poeta César Calvo, prima del actor Pietro Sibille y del compositor Diego Eslava, quien es vocalista de la banda “Ray Callao”, y su hermana, Nanya, es una destacada bailarina que radica en Bélgica. Recuerda, con especial emoción, cuando de chica jugaba con sus primos y sus seis hermanos a grabar cortometrajes, o cuando iban en la búsqueda de un tesoro escondido. Dice que eso, de algún modo, estimuló su imaginación.

Por lo pronto, Yiddá ha publicado un cuento para niños y una novela, llamada “Él”. No se considera escritora, pero cuenta que es disciplinada cuando se trata de escribir. Su momento ideal para hacerlo es por la madrugada, porque encuentra una tranquilidad que le permite narrar con mayor lucidez. Cuando llegan los momentos de frustración creativa, se acerca a la cuna de su bebé, lo contempla y eso le da un nuevo impulso para seguir.

¿El matrimonio está en tus planes?
Queríamos casarnos el año pasado, pero no se pudo dar porque se complicó encontrar una fecha ideal para ambas familias. Me gusta la idea, no por el hecho de entrar de blanco ni mucho menos, sino por una cuestión simbólica. El matrimonio, en sí, nunca fue algo que tenía pensado como proyecto de vida. A veces, la sociedad nos presiona para entrar en ciertos parámetros. Pero creo que la felicidad no es algo predeterminado. Es arriesgarse a vivir el amor a plenitud.

¿Buscas que te identifiquen con tu lado literario?
No tengo ninguna pretensión literaria. Si escribo, es porque me nace y siento que contribuyo con algo positivo. Si me critican, pues bien, es parte de exponer tu trabajo al púbico. Creo que las personas debemos seguir nuestros impulsos, hacer lo que nos gusta y olvidarnos del qué dirán.

¿Cómo te proyectas?
Lo que me interesa es seguir explorando mi trabajo como actriz. Es mi pasión y me encanta. Y también tengo planeado publicar un nuevo libro. Mi idea es seguir, poco a poco, construyendo una carrera en base a lo que me llena como persona. Siento que soy una persona privilegiada y por eso estoy agradecida con lo que me está tocando. No todo el mundo tiene la posibilidad de hacer lo que siempre soñó.

Fotografía Isis Lopez Mur
Directores de arte y styling Gerardo Larrea y Antonio Choy Kay

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