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Dubi derribó prejuicios y hoy tiene familia

Con 6 años de edad, este perro demostró que los animales adultos y rescatados también pueden ser buenas mascotas

Por Andrea Carrión / WUF

Si las cicatrices que tiene en su cara hablaran, tal vez contarían las veces que tuvo que pelear por un hueso de pollo lleno de tierra o por proteger una bolsa de basura con sobras de comida. Pero Dubi, como todo perro, no se distrae con el pasado que vivió antes de ser rescatado, más bien disfruta de su paseo mientras mira de reojo a su nuevo papá adoptivo.

Hace unos días visitamos el corazón del distrito del Rímac para conocer a Dubi y a Christofer Iglesias, un estudiante de 19 años de edad que hace más de un mes adoptó a este perro de raza mixta de la plataforma de WUF.

Christofer llevaba tiempo buscando la manera de comprar o adoptar a un perro. Él vive con sus padres y les había hablado de la necesidad de tener una mascota que los acompañara y los protegiera.

Un día, navegando por Facebook, vio la publicidad de WUF y se metió a investigar de qué se trataba. WUF es una asociación sin fines de lucro que busca generar consciencia sobre la realidad de los perros abandonados en el Perú y que ofrece las herramientas necesarias para combatir el problema y así hacer de la adopción la mejor alternativa.

Una de estas herramientas es su página web, en la que Christofer encontró muchas fotos, videos y perfiles de perros listos para ser adoptados.

“Apenas vi la foto de Dubi dije ‘tiene que ser mío’. Me encantó”, recuerda Christofer, que al igual que su perro, nunca se preocupó por su pasado, el que desconocía por completo.

Dos años atrás

Dubi fue uno de tantos perros que pasan sus días deambulando por las calles sin rumbo ni alimento fijo. Pero en octubre del 2014 su suerte cambió.  Había decidido echarse en un jardincito al lado de la avenida Santa Cruz, en Miraflores, y fue ahí que Diana Miranda iluminó su vida.

Dubi junto a su rescatista Diana Miranda.

“Ahí estaba él hecho una bolita sin moverse. La gente pasaba a su lado, ignorándolo por completo. Era evidente que se trataba de un perro de la calle, se le veían los huesitos de lo flaco que estaba, así que decidí acercarme y cuando se sintió confiado, se puso panza arriba. Se le veía bien, pero no se levantaba del piso por nada, lo que me hizo pensar que estaba herido”, recuerda Diana.

Afortunadamente, el perro estaba bien. Como Diana había estado haciendo ejercicio con su soga, usó ésta como correa para llevarlo a una clínica veterinaria. Lo hizo con la ayuda del Serenazgo de Miraflores.

Dubi en octubre del 2014, tras ser rescatado.

“Luego de hacerle algunas pruebas, salió que estaba anémico, desnutrido y lleno de pulgas y garrapatas. Además, cuando lo encontré su pelo era plomo con negro, pero después del baño resultó que era blanco”, agrega Diana.

Por motivos personales, Diana no pudo quedarse con Dubi, así que le encontró un alojamiento en Lurín que lo cuidó hasta que apareció la familia Iglesias. En el interín, tanto Diana como sus amigas Lucía Barrutia, María Fé Altet y Mage Subiría, siempre estuvo al tanto del cuidado de Dubi.

Dubi esperando ser adoptado.

Segundo aire

Cuando lo vio en la página de WUF, a Christofer ni siquiera le importó que Dubi tuviera 6 años de edad, de hecho le gustó la idea de tener un animal adulto que ya supiera dónde hacer sus necesidades. También le atrajo que fuera tranquilo y cariñoso, con personas y animales, tal como lo prometía su perfil en la plataforma de WUF.

Y no se equivocó. Al ver que Dubi es un perro muy dócil y que apenas ladra cuando quiere salir o proteger la casa, Christofer tiró abajo los clásicos prejuicios contra los perros rescatados de la calle: que son agresivos, que son maleducados y que están enfermos.

Al principio no fue tan fácil porque su madre era la menos convencida, pero solo bastaron un par de días para que se encariñara con Dubi. Hoy, según Christofer, su mamá es quien más lo engríe.

“Quería un perro porque nos hacía falta alguien que nos desestresara. Con mi papá y mi mamá siempre ha habido un poco de rencillas al momento en que hablábamos y ahora estamos mucho más tranquilos y relajados cuando llegamos de trabajar y estudiar porque tenemos a alguien que nos saca una sonrisa a cada rato. Con Dubi te olvidas de las discusiones porque hay que sacarlo a pasear, darle de comer, jugar con él o, simplemente, darle cariño”, comenta Christofer, quien convenció a su mamá tras prometerle que se encargaría de absolutamente todo lo relacionado a Dubi.

Una de las cosas que ha aprendido de su perro es que le tiene terror a los fuegos artificiales. Hace poco, por su cuadra se celebró una verbena y no faltaron los cohetones.

“Deberían de prohibir los fuegos artificiales, son un dolor de cabeza para nosotros y para los animales”.

Cuenta que en su vecindario sobran los perros callejeros. Hay personas que terminan adoptándolos, como lo hizo un amigo suyo con tres perros desamparados. Christofer prefirió adoptar a través de WUF porque se sintió más seguro por las garantías que da la asociación y porque, además, lo entregan esterilizado.

“Al final lo importante es adoptar. No hay que darle el gusto a los que están vendiendo, los perros no son objetos, son seres vivos que sienten. Adoptar a un perrito que estuvo abandonado es darle la oportunidad de una vida de calidad. Al final es como tener una persona más dentro de tu familia y lo vas a querer de igual forma que si compraras uno de raza”, señala.

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