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Entrar a un bar le salvó la vida

Toe es un perro de raza mixta que pese a los males y los traumas que agarró en la calle, hoy tiene un hogar que lo aprecia

Por Andrea Carrión / WUF

Yo soy Toe, al menos así me llaman desde hace un año.

Todo empezó una noche de agosto. Estaba lloviznando y las tripas me dolían del hambre, pero no encontraba qué comer, así que decidí ahogar mis penas en un bar.

Pensé en la calle Bonilla en Miraflores, ahí había muchos locales, uno al lado del otro, pero solo recibía patadas, manotazos y gritos que sonaban como “¡Fuera!” Hasta que uno me dejó entrar.

La noche en la que el perro llegó al bar La Cachina.

Ahí había mucha gente joven y bien alegre que me acariciaba y jugaba conmigo, pero poco a poco se empezaron a ir. Me preocupó pensar que otra vez me quedaría solo, hasta que uno de ellos me pidió que lo acompañara. Se le veía buena gente, así que subí a su carro sin sospechar que se convertiría en mi papá humano.

Él se llama Jorge y es tan tímido que me ha pedido que yo mismo relate esta historia. Dice que yo soy un héroe por haber superado tantas angustias en la calle, aunque hace poco la asociación WUF lo eligió como una de las caras de su campaña Humans of WUF, así que él también algo de héroe debe de tener.

Los primeros 6 meses que pasamos juntos no fueron fáciles. Yo empecé a desarrollar varias enfermedades, una después de la otra. Además de mi evidente desnutrición confirmada con un hemograma, me diagnosticaron erliquiosis, una enfermedad transmitida por las garrapatas y que tarda varias semanas en ser curada, si es que se detecta a tiempo. Por suerte Jorge pudo costear mi tratamiento y me curé.

Pero pocas semanas después se me inflamaron unos ganglios en el cuello, de ahí me enfermé del estómago, mi piel empezó a tener reacciones alérgicas y, por último, me diagnosticaron cáncer.

Me preocupó pensar que me devolverían a la calle, pues solo había llegado para causar problemas, pero no, Jorge solo insistía en curarme, y lo hizo también que terminé recuperando 7 kilos.

Toe paseando con Jorge por el parque.

Tuve suerte de que la familia de Jorge me aceptara, no siempre sucede que todos los miembros del hogar están dispuestos a recibir a un perro callejero pulgoso, enfermo y con historial. Por ese lado tampoco ha sido fácil.

No logro relacionarme bien los hombres, debo confesar. Desde que nací, hace unos 3 años más o menos, he tenido mejor experiencia con las mujeres, así que hoy en día, cuando un hombre que no conozco se me acerca, me protejo.

Otra cosa que le costó mucho hacer a Jorge es sacarme a pasear con correa. Pasó un mes y medio tratando de obligarme a volver a casa. Yo me aprovechaba de mi peso para sentarme en la calle y no moverme. Él se sentaba a mi lado y no se movía hasta que yo lo hacía, así me convencía.

Toe siendo Toe.

Felizmente los buenos momentos han ganado. Soy un perro educado, es decir, solo hago mi ‘uno’ y mi ‘dos’ en la calle, y Jorge siempre cuenta que le hace feliz saber que volverá a casa y que yo lo recibiré con brincos y abrazos. También se ríe cuando cuenta que a veces, cuando estamos paseando por la calle, se sorprende al verme con una bolsa negra entre los dientes. Debe ser la inercia, de cuando no me quedaba otra que alimentarme de basura.

Y debo de estar haciendo un buen trabajo porque el otro día, cuando una periodista le preguntó a Jorge por qué decidió quedarse conmigo, él dijo: “Creo que nada llega a tu vida de casualidad y el llegó en un momento en el que él necesitaba ayuda y nosotros podíamos ayudarlo. Además, esa sensación de llegar a tu casa y que alguien te salude como si no te hubiese visto en años es única, hace que te olvides de los problemas, al menos por un rato”.

Con el tiempo también he descubierto que mi papá humano es medio activista, creo que se ha sensibilizado conmigo. Lo digo porque también lo ampayé diciendo esto:

“Tener un perro es una gran responsabilidad, es una vida. Una vez estaba en una tienda de mascotas y veía al vendedor tratando de vender los cachorros a toda costa. Sentí algo de indignación ya que muchas personas no están preparadas para tener mascotas y solo se enamoran del cachorro sin saber que van a crecer. A veces pienso que para comprar o adoptar una mascota la gente debería de pasar por un examen psicológico y averiguar si están capacitados para esa responsabilidad”.

Así es mi papá Jorge, pero él solo quiere nuestro bien, así lo ha demostrado todo este año. Hasta me ha puesto un título; pasé de callejero e ignorado, a ser el perro cachinero del bar La Cachina. Jorge dice que no hay cachinero sin su perro.

Siendo sincero, sí extraño esa libertad de ir por las calles sin que me jaloneen del cuello. Extraño pasar el día al aire libre, ahora debo de esperar horas en una casa a que alguien llegue. Pero saben qué, no hay nada como tener un hogar. Saber que comerás y tomarás agua fresca todos los días, que dormirás sobre una cama cálida y acolchonada, y que los humanos que te rodean solo quieren quererte... solo me hace sentir agradecido. Ojalá todo perro tuviera mi misma suerte.

'Humans of WUF'

A mediados de agosto la asociación sin fines de lucro WUF lanzó ‘Humans of WUF’ (traducido al español, Humanos de WUF), una nueva acción que busca reforzar el foco de su misión; motivar a más gente a adoptar una mascota, o al menos empezar a considerarlo.

Inspirado en el proyecto ‘Humans of New York’, el que desde el 2010 retrata la vida cotidiana de cientos de residentes de esta ciudad, WUF se ha propuesto hacer algo similar con individuos y familias que han adoptado una mascota en el Perú.

Esta campaña consiste en subir una fotografía del perro y su dueño en el muro de WUF en Facebook, junto con un comentario del adoptante.

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