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Para ella, adoptar animales nos hace mejores seres humanos

Dos de sus cinco perros son adoptados. A uno lo habían abandonado dentro de una bolsa en San Bartolo, al otro lo encontró en un basural. Para Patricia Merani ayudarlos es retribuir todo lo que ellos le dan

Patricia Merani y sus perros

Patricia junto a Bobby, Blanco y Sara. Al momento de la foto, sus otros 2 perros permanecieron en la casa aterrados por los cohetones que suelen lanzarse en San Bartolo cuando hay festejos. (Fotos: Andrea Carrión)

Andrea Carrión

No se olvida de esa mañana de invierno en la que se topó con una de las preguntas más crudas y surreales que recuerda haber escuchado: “Señora, ¿usted sabe quién puede haber dejado esta bolsa aquí? Mire, adentro hay un perro”.

En ese momento Patricia Merani estaba paseando a 4 de sus perros por el malecón de San Bartolo. A esa hora la gente de limpieza ya está en la calle haciendo lo suyo y uno de ellos siguió diciendo que hacía unos minutos, había visto cómo un auto se detuvo, se abrió una puerta, alguien dejó una bolsa de tela en el piso, cerró la puerta del auto y se fue.

El perro tenía un año, aproximadamente, estaba preocupantemente delgado, lleno de ácaros, bichos y sarna de orejas a cola.

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Dice Patricia que Blanco (derecha) era como una bolita de algodón cuando estaba más joven y que siempre fue un perro dócil y muy agradecido. 

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Patricia decidió cortar con el paseo y volver a casa con el perro. Antes de dejarlo entrar, llamó a su veterinario de confianza, quien recetó antibióticos, toda una serie de medicinas y una alimentación específica.

“Mi hijo Cristopher me dijo ‘Mamá, ya tienes 4, ¿qué estás haciendo?’. Pero yo no podía dormir de pensar que este animalito estaba como estaba y en la calle. Le propuse que una vez que se recuperara, le buscaríamos una familia que lo adoptara. Lo convencí y le puse una cajita con periódicos y empecé a curarlo”, recuerda Patricia.

Lo que pudo haber tomado 3 semanas, apenas tomó 10 días. El perro, al que llamaron Blanco, se recuperó en tiempo record y cuando Patricia le comentó a su madre –entonces de 97 años– que ya era tiempo de buscarle una familia adoptiva, la señora, sentadita en su mecedora, dijo “No señor, éste es mi perro y aquí se queda”.

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Patricia, Bobby y Blanco.

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Antes de Blanco, Patricia y su familia ya habían probado lo que es rescatar y adoptar un perro. Fue hace 3 años y medio y, una vez más, fue a primera hora de la mañana.

“Apenas comenzábamos el paseo y ahí lo vi, tirado en medio de un basural, hecho un estropajo. Nos siguió todo el recorrido. Yo pensaba ‘Ni te me pegues mucho. Te daré agua y comida, pero ahí no más’. Me siguió hasta regresar a la casa y se quedó en la puerta. Mi hijo me dijo ‘¿le vas a dar comida? Se va a quedar’. Al segundo día salí con mis perros y ahí seguía. Al tercer día seguía esperándonos, bien sentadito y a la hora de regresar, lo dejé pasar. Felizmente mis lobos lo recibieron muy bien y se quedó. Lo llamé Bobby”, comenta Patricia.

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Bobby es su primer rescate y su primer perro adoptado, un animal amable con todos y fiel a su manada.

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Bobby es un perro con suerte pues ya quisieran muchos disfrutar de la vista que él tiene todos los días a muy poquitos metros de su casa.

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Para alguien que es amante de los animales, particularmente de los perros, vivir en San Bartolo no es nada fácil. Están el mar y la playa, sí, pero también está la negligencia de muchos residentes que no llegan a entender el significado de tenencia responsable de mascotas y la importancia de alimentarlos bien, de manteneros activos para evitar que se estresen y destruyan, de curarlos cuando están enfermos y de darles mucho cariño.

Patricia, quien lleva más de 50 años viviendo en el balneario de este distrito ubicado a 51 Kms. al sur de Lima, fue testigo de todo lo opuesto con uno de sus tres primeros perros.

Hace más de 10 años, luego de que su perra mayor, Sara, diera a luz, Patricia se quedó con un cachorro y fue colocando el resto con familias conocidas. Lamentablemente una de ellas no resultó cuidar a Oso, uno de los cachorros, como ella esperaba.

“Esa familia vivía cerca de mi casa y una vez lo vi amarrado a un poste bajo el sol, con todo ese pelote que tiene. El pobre estaba desesperado. Otra vez pasé frente a su casa y el perro no paraba de aullar, y es que lo dejaban semanas encerrado. Hasta que un día me llamó la señora que lo tenía y me pidió que fuera a buscarlo, que hacía días que no tenía comida y que ella no podía ir por él. Así fue como recuperé a Oso y cuando llegamos a casa, comió como si no hubiera comido en un mes”, recuerda.

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Patricia y su manada. Solo falta Sara en esta foto. (foto: cortesía Patricia Merani)

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Para Patricia, quien trabajó casi 40 años como aeromoza para una aerolínea comercial, los animales siempre han sido seres muy especiales, particularmente los perros. Ellos han sido clave para enseñarle a los niños a respetar la vida, a que crezcan sin miedos, a ser responsables. Ella misma se beneficia de ellos pues la obligan a salir, a hacer ejercicio, a estar en contacto con la naturaleza. Incluso ha visto de cerca cómo un perro puede ser de gran compañía y apoyo emocional para personas mayores o gente solitaria.

“Son seres maravillosos y si adoptas, el beneficio es aún mayor porque siempre sabrás que estás ayudando a un animal que de lo contrario, quién sabe dónde estaría”, señala Patricia. “La tecnología nos aleja cada vez más de nuestra esencia, adoptar un animalito te acerca a tu sensibilidad, te ayuda a despertar y a tomar consciencia. Adoptar un animal es un regalo que Dios te da porque te da la oportunidad de ser más humano y de poder transmitirlo a otras personas”, agrega.

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Así es como Patricia y sus perros pasan las mañanas en San Bartolo, sobretodo cuando empieza a calentar el sol. (Foto: Cortesía Patricia Merani)

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Patricia se preocupa por el bienestar físico y emocional de sus perros. Asegura que al mantenerlos activos, evita que hagan travesuras pues el juego y el ejercicio son dos buenas formas de mantenerlos tranquilos. (cortesía)

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“Me siento plena de cuidarlos. Yo les doy comida, agua, cuidado, paseos, los peino, etc., pero lo que ellos me devuelven es mucho mayor. Yo solo les retribuyo todo lo que ellos me dan y eso hace que me sienta una mejor persona”, comenta Patricia.

“No hemos venido a esta vida a calentar asientos y a simplemente pasarla bien. No solo hemos venido a hacer dinero, a criar hijos y a esperar que sean exitosos. También estamos aquí para enseñarles a nuestros hijos esa humanidad que se está perdiendo en el día a día”, agrega.

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Bobby y Blanco en la sala de su casa.

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Patricia junto a Oso, Blanco y Bobby. (Foto: Cortesía Patricia Merani)

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