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Esta arequipeña ha hecho de todo por ayudar a decenas de perros sin hogar

Andrea Nuñez apoya a un grupo de rescate cusqueño y sabe que no puede cambiar el mundo de todos los animales desamparados, pero ha mejorado el de muchos, sobretodo el de Kori, Thomas y Baco, a quienes adoptó y llama sus trillizos

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Andrea Nuñez y Luis Felipe Gayoso (Q.E.P.D) junto a Kori, Thomas y Baco en la Laguna Humantay. (Foto: Cortesía)

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Andrea Núñez es una joven “madre soltera” de trillizos, y no porque la vida la agarrara por sorpresa, sino porque ella así lo decidió.

Todo comenzó cuando esta arequipeña se mudó al Cusco en el 2014. Tenía trabajo, tenía un departamento, pero no tenía mucho más. Su familia y amigos estaban lejos y algo faltaba pues ni los animales que siempre había tenido estaban ahí para acompañarla. Así que como siempre había querido adoptar un perro, fue a un albergue local y eligió uno.

“Desde que llegué (a Cusco) tuve la idea de adoptar una mascota ya que aquí es abrumadora la cantidad de perros que hay en las calles pasando frió y hambre. Hay demasiada indiferencia”, comenta Andrea durante una conversación vía telefónica con esta página.

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Andrea suele salir de paseo con Kori, Thomas y Baco, que vive obsesionado con su freesby.

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Thomas de 4 años, Kori de 5 años y Bac de 4 años.

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Motivada por demostrar que no todos los humanos son iguales, Andrea adoptó a Kori. Era negra, grande y ya no era una cachorra, demasiados puntos en contra como para desanimar a cualquiera de adoptarla. Pero no a Andrea.

“Acá hay un mercado de pulgas donde venden de todo, incluso animales. Lamentablemente los que no se venden, los meten en cajas y los botan a la basura. Así fue donde encontraron a Kori”, explica Andrea.

Pero esta cachorra tuvo suerte. La recogió una extranjera, quien la terminó dejando en un albergue antes de regresar a su país. Luego otras dos familia la adoptaron, pero ambas la devolvieron. Hasta que llegó Andrea.

Quri o qori significa oro en quechua. De ahí salió el nombre que Andrea le dio a su nueva mascota.

“Como ella no valía nada para nadie, la llamé así, porque para mi ella vale oro”, señala. “Es la perrita más agradecida que he tenido, es mi compañera en todo. Cuando la adopté, vivíamos en un cuarto, apenas había espacio y nunca se quejó. Una vez una vecina amenazó con envenenarla y me mudé a un depa. Pagaba el doble, pero Kori estaba segura”.

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Kori es la fiel compañera de aventuras y travesías de Andrea. Con so novio Luis Felipe recorrieron incontables kilómetros en medio de los paisajes más hermosos.

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Al poco tiempo la familia creció. Andrea conoció a Luis Felipe Gayoso, quien no solo se convirtió en papá adoptivo de Kori, sino que además llegó con Baco, un cruce de Pitbull que se adaptó rápido.

Y algunos meses después la familia siguió creciendo. Andrea suelta una risita traviesa antes de contar por qué.

“Fue el 24 de diciembre del 2015. Mi mamá me había mandado a recoger una encomienda y en el camino vi a un perrito solo en medio de las vías del tren. Ese día llovía muy fuerte y el pobre estaba lleno de barro y temblaba de frió. Miré alrededor a ver si era de alguien, pero nada, así que lo llevé a mi trabajo y ya más tarde a mi casa”, recuerda Andrea. “Cuando nos vio llegar, mi novio Luisfe preguntó ‘¿Otro más? Ya pues, otro más. Será Thomas, tiene cara de Thomas’. Y así fue como se quedó, y tuvo su primera cena navideña junto a su nueva familia.”, agrega Andrea.

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Juntos en familia en la espectacular montaña de 7 colores en el Cusco.

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Baco. Según Andrea, él es la prueba de que no todos los perros de raza Pitbull o cruce de Pitbull son agresivos. Todo depende de cómo son criados.

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Siempre juntos en la aventura. Aquí en la Laguna de Piuray.

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Desde que adoptó a sus trillizos, como comenzó a llamarlos junto a su novio, Andrea se volvió bastante proactiva con el cuidado y promoción de la adopción y de perros sin hogar en Cusco. Se unió como colaboradora a Pataz Pro-Animalista Cusco, grupo fundado por Mónica Chacón con el que ha participado como rescatista, en campañas de esterilización y hasta preparando postres para venderlos y recaudar fondos para cubrir los gastos del albergue.

Andrea ha alimentado perros de la calle con sobras de chancho que recogió de un restaurante, ha recogido perros abandonados enfermos en medio de la nada, le encontró hogar a seis perros que iban a ser envenenados, hasta ha salido de su cama a las 11 de la noche para ayudar a un perro atropellado. Y Luis Felipe siempre listo para acompañarla y apoyarla. 

“Desde que vivo en Cusco he visto morir a tantos perros de la calle envenenados y maltratados. Aquí no existe conciencia de adoptar o esterilizar y es duro ver cómo sufre tanto animalito desamparado. Sé que no puedo cambiar el mundo ayudando unos cuantos perros, pero al menos cambio su mundo con un poco de amor y demostrándoles que no todos los seres humanos somos iguales”, señala Andrea, quien hace lo que hace muy aparte de su trabajo como operadora de turismo y su afición por el muay thai.

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Siempre promoviendo el turismo y la adopción. Andrea asegura que sus perros le siguen el rimo a donde vaya.

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Aquí Andrea con Luis Felipe y su manada.

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Otro día de campo en la Laguna de Piuray, Cusco.

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Ella es consiente de que no todas las personas tienen ni el tiempo ni las posibilidades de rescatar o adoptar a un animal, pero explica cómo siempre hay algo que se puede hacer para ayudarlos.

“Si eres testigo de maltrato animal, denúncialo, ayuda a la víctima, tú eres su voz. Si ves un perro hambriento en la calle, dale agua, algo de comer, no sabes cuántos kilómetros caminó para llegar a donde está. Si tienes mascota, no lo mandes al techo a que se muera de calor, frío o donde no sienta el calor humano. Si sientes que puedes hacer más, adopta un perro, y si crees que no puedes hacerlo pero aún quieres ayudar, apadrina uno en un albergue, dona alimento, medicinas o paga una esterilización. Se puede ayudar de tantas maneras. Ellos siempre lo agradecerán”, agrega.


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