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Criar niños con mascotas adoptadas, una lección de vida

Padres de familia aseguran que más allá de ser una carga, crecer con animales beneficia física y emocionalmente a sus hijos

Por Andrea Carrión / WUF

De los motivos que opacan la idea de adoptar un perro, uno de los más fuertes tiene que ver con niños y bebes.

Más de una vez he escuchado decir a papás y mamás que llevar un perro a casa es no negociable hasta que sus hijos tengan edad para compartir su espacio con una mascota.

Para Susana Espina, trabas fue lo último que pasó por su mente cuando le ofrecieron adoptar a Sonq’o. Y eso que su hijo Salvador apenas tenía 3 meses de nacido.

Antes de preocuparse por el exceso de trabajo o las supuestas enfermedades y/o conductas agresivas que pudiera llevar esta perrita a casa, primero pensó en salvarle la vida.

“En mayo de este año una amiga me avisó que había un albergue que estaba a punto de ser desalojado y que entre los perros que se verían afectados, había una que habían decidido poner a dormir. Al ser tan dócil y buena, no querían regresarla a la calle, así que para evitar que sufriera, pensaron que mejor sería sacrificarla”, comenta Susana.

Mientras la mayoría de personas prefiere llevar a casa a un cachorrito de raza que, supuestamente, asegure un animal libre de traumas, Susana acogió a una perrita de raza mixta de 4 años de edad (aprox.), rescatada de un mercado de Chorrillos tras haber sido atropellada y parcialmente rehabilitada en el albergue, aunque con una clara secuela de heridas emocionales.

Pero eso nunca fue un problema para Susana y Salvador. Más allá de resistirse los primeros días a subir ascensores y escaleras, Sonq’o no trajo mayores retos. Con paciencia, comida y cariño, Susana pulió sus traumas y sacó la amorosa y juguetona perrita que llevaba dentro.

“Nunca me dio miedo adoptar un perro adulto teniendo un bebe, aunque sí me preocupé por tantear cómo iba reaccionando con él. Los primeros días fui midiendo eso, estando siempre presente, y poco a poco los fui acercando y haciendo que él la acariciara. Ahora Salva la abraza, le jala el pelo y ella ni ladra”, comenta Susana.

Sonq’o, palabra que significa ‘corazón’ en quecha, representa parte fundamental de la educación que Susana quiere para su hijo.

“No concibo una familia sin mascota, es el complemento ideal para que los niños crezcan teniendo consciencia de otros seres aparte de los humanos”, dice Susana. “Si eres cuidadoso, no pasa nada, más peligros hay afuera. Y no es tanta carga como se piensa. No existen manos llenas cuando te dan tanto cariño de vuelta”.

Simón Limón

En el caso de la familia Slater, la historia fue al revés. Hace 3 años Ben y Pamela adoptaron a uno de cinco cachorros que habían sido abandonados en Cieneguilla. Tenía 4 meses de edad y lo llamaron Simón Limón.

Un año después llegó Eloisa, la primera hija de esta pareja. Fue un cambio radical para todos, un cambio que, en muchas ocasiones, lleva a las familias a devolver al perro al albergue o tienda, a regalarlo, a sacrificarlo, a abrirle la puerta para que se vaya o a subirlo al auto para abandonarlo en un lugar aislado y lejos de casa.

Ben, Pamela y Eloisa Slater junto a Simón Limón. (foto: Sandra Romaní)

“Honestamente, él nunca fue un problema para nosotros, todo lo contrario”, comenta Ben. “Es más, cuando ella nació, lo más duro fue para él”, agrega Pamela entre risas. “Ella lloraba bastante y él nos miraba como diciendo ‘¿Qué han hecho? Estábamos tan bien’. El pobre Simón se iba al otro extremo del departamento, no aguantaba el ruido”.

Por otro lado está el trabajo extra que supone cuidar a una mascota. Pamela reconoce que es trabajoso, pero que finalmente el perro es quien se adapta a la familia y que los beneficios de tenerlo han superado sus expectativas.

"Criar a un hijo con un perro es increíble. Eloisa está aprendiendo a pensar en las necesidades de otro ser. Como no tiene hermanos, está aprendiendo a compartir y respetar. Y además, también es bueno tener a Simón por un tema de inmunidad", señala Pamela. 

Existe la creencia de que un perro viviendo en un ambiente donde hay bebes es un riesgo por las enfermedades que éste pueda transmitir. En los últimos años, varios estudios han comprobado que los bebes que crecieron con perros y/o gatos en casa son menos propensos a enfermarse que aquellos niños que crecieron sin mascotas.

Eloisa y Simón Limón.

Estudios publicados en The Journal of Pediatrics, así como en la Academia Americana de Pediatría, señalan que niños criados con perros o gatos desarrollan menos problemas respiratorios o reacciones alérgicas ya que al estar expuestos a la caspa y elementos recogidos del exterior por el animal, la capacidad de respuesta del sistema inmune se fortalece.

Claro que para evitar mayores problemas, siempre se recomienda mantener limpia a la mascota, desparasitarla, estar al día con sus vacunas y llevarla a consultas veterinarias de rutina.

Los Barclay y Blanquita

Además de los miedos a posibles contagios o reacciones agresivas que puedan traer a casa animales adoptados, otra barrera que frena a muchos de llevar una mascota a casa es cómo ésta pueda afectar su rutina.

Willy Barclay y Mariana Garbagnatti pasaron meses y meses escuchando a su hija Luciana decir lo muy feliz que la haría tener un perrito. Al principio pensaron en comprar un perro cuya raza fuera amigable con los niños y que pudiera adaptarse fácilmente a un departamento. Luego surgió la idea de adoptar.

Willy Barclay y Mariana Garbagnatti junto a sus hijos Luciana y Benjamín. Y desde hace 3 semanas, su hija peluda Blanquita.

“Como es nuestra primera experiencia con un perro en la familia, preferimos un perro que no fuera cachorro, así no pasábamos por educarlo para que no se haga en la casa, que no muerda los muebles y todo eso. Y nos pareció mejor que fuera adoptado pues así nos podían decir cómo era su personalidad”, comenta Mariana.

Luciana y benjamín Barclay junto a Blanquita.

Hace 25 días que Blanquita llegó a esta familia y según Mariana, todos se han adaptado muy bien al cambio. El haberla adoptado a través de una plataforma de Internet borró cualquier preocupación de que fuera agresiva o que estuviera enferma. Para ellos el que tuviera 1 año de edad, aproximadamente, que fuera dócil y que estuviera sana era suficiente.

“Lo bueno de adoptar a través de ese proceso es que tienes la opción de elegir lo que se acomoda a tu familia y el lugar donde vives. Blanquita es exactamente lo que estábamos buscando”, comenta Mariana. “Y encima para Luciana era importante adoptar pues ya entiende la importancia de darle hogar a un perrito que no tenía. Blanquita pide mucho cariño, entonces se da cuenta que lo necesita”.

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