Redacción EC

Por Andrea Carrión /WUF

Marco Zunino no está solo, ni en la película que acaba de estrenar hace diez días ni en su casa. Desde hace un año ya que su vida ya no es solo suya, y su sombra ahora es doble.

Todo comenzó en el rodaje de la cinta de terror “”. Al llegar a la locación principal, ubicada en Barrios Altos, el actor notó que había varios perros en la calle, pero hubo dos que llamaron su atención pues estaban dentro de la Quinta Heeren, un área de casas señoriales donde se hizo la mayoría de escenas.

La filmación duró un mes y durante todo ese tiempo los actores y el equipo de filmación convivieron con los perros, que eran de nadie. Parece que la quinta había sido invadida años atrás, entonces se cree que cuando comenzó el desalojo, las familias que se fueron dejaron a sus perros a su suerte.

“Uno de los perros eventualmente desapareció, nunca supimos qué pasó con él. Entonces empecé a observar mucho al otro, que es Tyson, y comencé a darle comida. Él defendía mucho su territorio, no dejaba que ningún otro perro entre a la quinta, pero era súper amigable conmigo. Me la pasaba jugando con él, nunca mordía, nunca se mostró agresivo”, recuerda Marco. “Entonces todos empezaron a hacerme ‘bullying’ para que me llevara al perro. Pregunté qué iba a pasar con él y me dijeron que lo botarían a la calle una vez que terminara la filmación. Entonces dije ‘Bueno, vamos a ver, me lo voy a llevar un día y a ver qué pasa’. Lo despulgué, lo desparacité, lo traje a la casa, hizo su pila y su caca en el jardín y dije ‘listo, te quedas’. Y aquí seguimos”, agrega.

Marco lleva años actuando, cantando y bailando en la pantalla y las tablas. Empezó siendo Golmodi en el programa de televisión Nubeluz, pasó por varias telenovelas nacionales y en los últimos años ha brillado en las tablas haciendo musicales súper exitosos no solo en Lima sino también en ciudades como Nueva York, Corea del Sur y Argentina. Su dominio en los escenarios es casi a ojos cerrados, cosa que no se repite en casa con su mayor reto; un macho de 4 años de edad, negro como la noche y con unos ojos color caramelo tan dulces como su personalidad.

“Al principio no le gustaba estar solo, se peleaba con los perros en la calle cuando lo sacaba a pasear… la verdad se puso un poquito difícil. Empezó a hacerse (sus necesidades) en la sala… Hasta que hubo un fin de semana que lo quería tirar por el malecón. Traté de ponerle su medicamento en sus orejas y no se dejaba, yo frustradísimo le decía ‘¡Te estoy curando y tú que no te dejas!’ y fue un pleito fuerte, una lucha cuerpo a cuerpo en el piso que, por supuesto, la perdí yo. Y para coronar, se hizo la pila en la sala por todas partes”, cuenta Marco agitado, luego sonríe. “Es muy chistoso porque yo puedo hacerle de todo y él jamás me va a morder, se desespera y trata de agarrarme partes del cuerpo con su mandíbula, pero no llega a apretar. Siempre ha sido súper fiel y cariñoso conmigo, además es muy inteligente, entonces decidí buscar ayuda”.

Marco llamó a la especialista en comportamiento canina, María José Rivera. Con ella ha estado trabajando para corregir no solo ciertas conductas de Tyson, sino también actitudes del mismo Marco.

“Majo empezó a enseñarme a entenderlo mejor. Hay situaciones en las que te sientes culpable. Por ejemplo, tengo el patio y el jardín, y cuando no estoy en casa, Tyson puede quedarse ahí, pero yo me sentía culpable de dejarlo afuera y Majo me explicaba que no hay ningún problema. Y es verdad, ahora que lo estoy dejando ahí cuando salgo, veo que, efectivamente, todo bien. Es más, cuando regreso a la casa, él me mira y toca la puerta tranquilo como diciendo ‘ábreme’. Nos estamos entendiendo mucho mejor”, explica.

Lecciones de perro

Marco no creció entre perros, pero no porque no quisiera, sino porque sus padres decidieron no sufrir más por un animal. Cuenta que sus padres, quienes hoy descansan en paz, eran muy animaleros y que vivían con muchos perros en Chincha. Hasta que se mudaron a Lima y se vieron obligados a dejar la hacienda y dejarlos al cuidado de otras personas.

“Cuando yo nací, ya no había perros. De chico empecé a fregar y fregar para que me compraran uno y ellos se resistían porque sufrían mucho cuando el perro moría. Ya de grande, tuve un perrito que me lo regaló mi hermana, como vivía en Cusco... Era un Chihuahua que se creía Gran Danés, muy divertido el perro, me cambió por completo la imagen que yo tenía de los Chihuahuas, que yo pensaba que eran unos tarados y nada que ver, el perro era lo máximo, tremenda personalidad”, cuenta.

Ahora con Ty –así lo llama- Marco está aprendiendo nuevas cosas como no gastar en juguetes caros pues basta con un hueso, que las siestas son más ricas con su perro al lado, que es bonito sentirse acompañado a donde vaya y también ha entendido lo importante que es llevar una bolsita cuando lo pasea y así recoger lo que deja su perro en la calle.

“¡Levanten las cacas en la calle por el amor de Dios!”, aprovecha para decirle a quienes lean este artículo. “¡Por favor, levanten la caca de su perro! De vez en cuando lo pongo en Twitter porque es el colmo, es desagradable y no cuesta nada, agarras una bolsita y la levantas, punto”.

Pero además de todo lo que involucra tener un perro, Marco ha aprendido lecciones de vida que lo hacen ser una mejor persona.

“Yo no quería perro, y menos uno grande, pero Tyson apareció y fue como ‘bueno ya, toca’. Y la verdad que aprendo mucho de él. Tyson me enseña a ser paciente y a controlar mis emociones. Me hace acordar a relaciones que he tenido con otras personas, es muy divertido… saltan las mismas características en el perro y la persona, activa emociones que te ayudan a trabajar cosas en ti mismo”, comenta. “Es muy bacán la parte del autocontrol porque si te alteras, ellos (los perros) lo perciben y te lo pelean, y obviamente nunca ganas. Entonces hay que respirar, relajarte y tomar el control de la situación, que es la parte difícil. Es como un hijo pues, que a veces lo quieres matar, me imagino, y luego hay momentos en los que me muero por él”.

En una de las tantas entrevistas que le han hecho en su vida, Marco comentó que en estos tiempos ya no funciona para todos el esquema de casarse, tener hijos y un perro en tu jardín, incluso lo consideró una “postal”. Hoy Marco no tiene ni hijos ni matrimonio, pero está encantado con esa tercera pieza de la postal.

“Nunca me imaginé que pudiera llegar a querer tanto a un perrito, lo quiero mucho. Incluso cuando viajo, lo extraño bastante. Tyson me está enseñando a ser el líder y es alucinante como hemos mejorado, yo estoy mucho más enamorado de mi perro, lo adoro y siento que él lo siente. Estamos mucho más conectados y estoy muy feliz con él”, agrega.

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Su opinión en cuanto a versus comprar una mascota

“Es personal. Hay muchos perritos para adoptar, pero creo que el tema está en tener un perro porque quieres tener un perro. Si quieres comprar o adoptar, bueno, es la elección de cada uno, pero si compras porque lo único que te interesa es tener un perro lindo y que sea de raza para enseñárselo a todo el mundo, no lo hagas. Antes debes de saber que al final todos los perros son un montón de trabajo; hacen pila, hacen caca, hay que bañarlos, educarlos, llevarlos al veterinario… son una gran responsabilidad, no deben de tomarse a la ligera. Hay muchos casos en que los perros terminan abandonados, no debemos de maltratarlos”.