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Esta limeña es un puente entre el abandono y una vida digna

Conocer la crudeza de los criaderos informales de animales llevó a Valeria Ugaz a rescatar perros, incentivar la adopción y apoyar otras causas como voluntaria, y con sus propios recursos

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Hace 3 años Valeria Ugaz rescató a Cancito (perro negro) y hace apenas un mes rescató a Toby (perro blanco). Hoy ambos tienen un hogar. (foto: Andrea Carrión)

Andrea Carrión

Jamás olvidará esa mirada. Valeria Ugaz iba por la carretera Panamericana Sur y, de pronto, un perro tirado e inmóvil en pleno carril central, con los ojos bien abiertos, la hizo detener su auto sobre el carril auxiliar y arriesgar su vida mientras corría a recogerla.

Ese día su plan era llevar a su sobrina Ana Paula a conocer un albergue para perros en Chilca. No imaginó que terminaría en una veterinaria de Miraflores intentando salvar lo que quedaba de esa pobre perrita abandonada tras ser atropellada.

“Estaba destruida por dentro. Era chiquita y tenía la marca de un llantón que le había pasado por encima. Después de 4 días no quedó otra que dormirla, no aguantó”, recuerda Valeria. “La llamé Linda, era de raza mixta. Me marcó mucho, hice todo por salvarla y no pude. Fue algo muy fuerte para mi sobrina y para mi, y encima fue justo en vísperas de Navidad”, agrega.

Puede que Linda no haya vivido para contarla, pero en la lista de rescates de esta limeña de 29 años, existe una decena de perros que, si hablaran, narrarían cada detalle de sus rescates y hasta le agradecerían a Valeria por iluminarles la vida.

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Según Valeria, rescatar y adoptar no solo le mejora la vida al animal, también mejora nuestras vidas. (foto: Cortesía)

Cortesía

'Animalera' desde siempre

Valeria se crió entre todo tipo de mascotas. Crecer en una casa grande y con patio ayudó a que eso fuera posible. Pero hace 10 años se mudó con su mamá, Marcela Montero, a un departamento en un edificio que no admite mascotas.

Los primeros 5 años intentó olvidarse de los perros que tanto ama, hasta que se embarcó en la misión de buscarle un perro a una tía suya y todo cambió.

Valeria terminó comprando un cachorro sin saber de dónde venía. Además de no ser de raza pura, como se lo habían prometido, el animalito, al que llamó Pelito, estaba completamente anémico e infestado de lombrices.

“Ahí me di cuenta de la realidad de estos criaderos informales que venden perros. En el proceso fui a otro criadero y me pareció raro encontrar a varios perros frente a la puerta. Eran del mismo criadero, los habían botado a la calle porque no habían logrado venderlos y ya no les servían”, recuerda.

Lo peor vino cuando vio los espacios tan pequeños donde los obligaban a pasar su vida, las condiciones en que los tenían y cómo los reproducían, algo que sucede en cientos de criaderos de animales.

“Quedé en shock, y fue así como empecé a meterme en ese mundo. Me empezó a dar mucha frustración que la gente compre perros de raza pues ello avala un circulo vicioso de explotación y maltrato”, agrega.

Esta experiencia zambulló a Valeria en un mundo completamente nuevo.

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Valeria es voluntaria en el albergue Voz Animal Perú. Amadrinó a una perra llamada Negrita que fue adoptada y ahora amadrina a otra llamada Manchas. (foto: cortesía)

Cortesía

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Ella es Manchas ¿Algún interesado en llevarla a casa y quererla para siempre? (foto: cortesía)

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Un día paseaba por un parque cerca de donde vive y vio a una perrita caminando sola, la habían abandonado. Valeria decidió ayudarla y un tío suyo la adoptó.

Luego de esa perrita siguieron el rescate de un cachorrito en Ancón, el de un perro al que llamó Chocotón, el de otro grande y atigrado al que llamó Tigre, el de otra a la que llamó China y el más reciente; Toby. Salvo Linda, la perrita que Valeria recogió en la carretera y que acompañó hasta el final, a todos los demás les encontró un hogar permanente.

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Toby el día en que fue rescatado de ser atropellado en plena avenida Salaverry. Esta semana viajará a Boston con su nueva familia.

Cortesía

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Toby disfrutando sus últimos momentos con Valeria y Cancito. (foto: Andrea Carrión)

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Tigre el día en que Valeria lo encontró con mucha hambre y sin casa a dónde ir. (foto: cortesía)

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Tiger con su nueva familia. Hasta ganó una 'hermana', Trufa, una linda Pastor Alemán. (foto: cortesía)

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De la pista a su casa

Si bien el rescate de Linda marcó a Valeria al punto en que aún le tiembla la voz cuando habla de ella, quien se robó su corazón fue un perro grande, negro y de unos 7 años de edad al que llamó Cancito y que se convirtió en su mascota.

“Él es el típico perro chusco que nadie quiere. Lo encontré hace 3 años tirado en una calle en Miraflores. Eran las 10 de la noche y estaba rodeado de gente que gritaba ‘¡Ayuda! ¡Ayuda!’, pero nadie reaccionaba. Lo habían atropellado y estaba con la pata rota. Felizmente un Sereno me ayudó a llevarlo a la veterinaria SOS y todo el camino se la pasó diciendo ‘Estoy transportando un can’, por eso decidí llamarlo Cancito”, dice Valeria.

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Valeria Ugaz: "No es que yo le salvara la vida a Cancito, más bien él llegó a la nuestra para mejorarla". (foto: cortesía)

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Cancito resultó ser tan buen perro que terminó siendo aceptado por los vecinos de Valeria. (foto: Andrea Carrión)

Andrea Carrión

Fue operado y su recuperación tomó tres meses de terapia física e hidroterapia intensiva. Aunque lo que más ha costado ha sido su recuperación psicológica y emocional.

“Le tenía terror a las escobas y a la gente, pero ha mejorado mucho. De hecho su evolución ha hecho que muchos se sensibilicen y me ayuden con otros casos de rescate”, asegura Valeria.

Una de esas personas es su mamá, su cómplice y uno de sus mayores apoyos. Fue ella quien la ayudó a que Toby tuviera una mejor calidad de vida y ahora una familia que vive en Boston, Massachusetts (EE.UU.)

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Valeria Ugaz junto a su mamá, Marcela Montero, hacen buen equipo ayudando a perros desamparados, cada una a su ritmo. (foto: cortesía)

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“¿Por qué hago lo que hago?”, pregunta Valeria, “Porque estos animales no tienen el poder ni la posibilidad de mejorar sus vidas por sí mismos. Con tan solo un poquito de ayuda podemos cambiar su realidad por completo. Yo solo soy una intermediaria, el recogerlos y curarlos, bañarlos, ponerlos bonitos y mostrarlos puede significar que tengan un hogar y una vida linda”, agrega.


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