"No puedo voltear una piedra"

LIKA MUTAL. En la polémica por "El ojo que llora" se plantearon soluciones tales como demoler el memorial o voltear las piedras de los acusados de terrorismo asesinados en el penal Castro Castro. La autora ha decidido aliarse a la naturaleza: esas piedras se irán borrando solas, con el tiempo

Por Ricardo León

Lika Mutal ya casi no quiere hablar de la polémica que se suscitó alrededor de "El ojo que llora", luego de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) fallara a favor de que el Estado Peruano incluya ahí los nombres de 41 presos por terrorismo asesinados en la matanza del penal Castro Castro en 1992, como una medida de reparación moral. Hace pocos días una foto de la revista "Caretas" mostró la puerta de ingreso a "El ojo que llora" cerrada con un candado. Quizá gracias a la foto, la reabrieron. La idea original de Lika es que una persona permanezca ahí para orientar, para responder preguntas, para que le diga a los visitantes cómo iniciar el recorrido si se quiere entender el sentido de la obra. Pero, mientras tanto, se ha colocado un letrero con las indicaciones más importantes en inglés y español. La artista había recién colocado el letrero cuando uno de los vigilantes del parque, probablemente uno de los que cuidaba que nadie entrara mientras estuvo bajo candado, le advirtió: "Falta que esté traducido al quechua, señora". Tenía razón. Lika ya había considerado incluir las indicaciones en quechua. Toma tiempo, pero la traducción está en camino.

Cuando la CIDH pidió que el Estado Peruano colocara los nombres de esas 41 personas en "El ojo que llora", no tomó en cuenta que la obra la hizo usted, es suya. Fue un teléfono malogrado.
Sí, un teléfono malogrado, y ahí no hay un centavo del Estado. Luego hubo gente que dijo que de todas maneras una municipalidad es como un gobierno local. Eso es otra cosa. La municipalidad nos prestó, nos cedió este terreno.

¿Finalmente habló usted con el alcalde Ocrospoma?
Sí, hubo una reunión. Me dijo que no se iba a destruir el memorial, que eran cosas de la prensa.

Él planteó que los vecinos o el Ejecutivo decidieran qué hacer.
Esta obra está inscrita en el Indecopi. Tengo registrados ahí mis derechos de autor.

Cuando hubo toda esta polémica reciente, Vargas Llosa aconsejó voltear las piedras con los nombres de esas 41 personas. ¿Lo evaluó?
Yo prefiero dejar que la naturaleza se encargue; muchos nombres se han borrado y se están reescribiendo. Prefiero no reescribir los nombres en caso de que se compruebe que estas personas cometieron crímenes de lesa humanidad. Una obra artística es orgánica, crece, cambia, pero no en la forma, sino en la maduración. He estado pensando en si alguien se atrevería a voltear una piedra, como se propuso. ¿Quién se atreve a voltear una? Yo no puedo voltear una piedra. Hay casos en la sierra de personas enterradas con el cuerpo volteado para que sus almas no salgan. Se podría malentender, además sería como juzgar. No me compete por nada del mundo juzgar. A "El ojo que llora" hay que entrar, sacar conclusiones propias y usarlas para hacer algo.

Usted agregó un nombre porque un familiar de una víctima se lo pidió. Alguien podría utilizar este precedente y exigirle que también retire un nombre.
Fue una equivocación, ya no lo hago, no tengo el derecho de añadir nombres. Para la reinscripción vamos a basarnos en el registro único que se está haciendo y se va a poner únicamente esos nombres.

Hugo Neira dijo que una obra que se personaliza pierde la posibilidad de catarsis.
Yo dudo de que él haya ido a caminar ahí. Tengo grabado este comentario que hizo desde que lo leí. Me gustaría que venga y lo camine conmigo. Leer los nombres, las edades, eso conmueve. No pierde su catarsis. Pierde su catarsis si llega a ser algo puramente estético.

A fin de cuentas, lo importante son las otras reacciones, incluso la del vigilante que le reclama por leer el letrero en español e inglés y no verlo traducido al quechua.
Sí, o la señora de provincia que viene a Lima por primera vez y se moja la mano y se persigna. Para ellos es como agua bendita, por eso la mantenemos limpia. Cuando estábamos en una de las últimas escrituras, vinieron familiares de una de las víctimas y nos dijeron que querían cantarle una canción al difunto. Cantaron una canción increíble, llorando. Era justo un 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos. Como también cuando vino un ministro de Estado de Alemania y comentó que la obra completa debía tener apoyo internacional. Eso es lo principal.

Un símbolo artístico en todo el mundo
Lika Mutal viajó ayer a Nueva York para reunirse con miembros de la Coalición Internacional de Sitios Históricos de Conciencia, que considera a la "Alameda de la memoria" (esta incluye a "El ojo que llora", la muestra "Yuyanapaq" y un centro de diálogo e información) como un ejemplo para el mundo. Luego, el 21 de junio participará en el encuentro "Memorialización y democracia", en Chile, una cita en la que participaría, posiblemente, la propia presidenta Michelle Bachelet.

La Coalición Internacional de Sitios Históricos de Conciencia considera a toda la "Alameda de la memoria", no solo a "El ojo que llora".
Está inscrito como "Alameda de la Memoria". Con lo que sufrió el proceso creativo y destructivo ha sido tan importante que lo quieren tomar como uno de los tres proyectos de todo el mundo, de los cuales se va a hablar en la conferencia en Chile.

¿Específicamente sobre qué va a hablar usted?
Sobre el proceso de la memoria, en el sentido de que no es la percepción visual la que despierta la introspección, sino que es de la experiencia que conecta a la persona con lo invisible de donde puede nacer la introspección. Eso es básicamente lo que faltó en todo el discurso de la polémica reciente que hubo.