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Medio siglo de la influyente revista "Hablemos de cine"

Un libro reúne una antología de críticas cinematográficas aparecidas en la célebre revista y nos permite conocer de qué manera evolucionó este oficio en el Perú.

Hablemos de cine

Federico de Cárdenas, Ricardo Bedoya, Isaac León Frías y Reynaldo Ledgard, miembros del equipo editorial de la revista "Hablemos de cine"

Federico de Cárdenas, Ricardo Bedoya, Isaac León Frías y Reynaldo Ledgard, miembros del equipo editorial de la revista "Hablemos de cine"

Franz Krajnik


Por Nayo Aragón


La revista Hablemos de cine (HC) nació hace poco más de medio siglo por iniciativa de cuatro jóvenes de una media de 20 años —Isaac León Frías, Juan Bullita, Federico de Cárdenas y Carlos Rodríguez Larraín— en un contexto muy precario. La producción cinematográfica nacional era casi inexistente, y las críticas en medios impresos estaban, salvo contadísimas excepciones, a cargo de periodistas de planta, que cubrían la proyección de una película de la misma forma que una sesión del Congreso.

A pesar de ello, y luego de 20 años de faena y 77 números publicados —alimentados por una persistencia admirable y que no se ha repetido en generaciones posteriores—, HC es considerada una de las primeras y más importantes publicaciones especializadas en la región, a tal punto que el crítico y cineasta brasileño Paulo Antonio Paranaguá señaló alguna vez que era “si no la decana, la más perseverante de todas las revistas de América Latina”.

En el Perú también, como era de esperarse, la aparición de la revista marcó un antes y un después. José Carlos Huayhuaca, que se unió al equipo posteriormente, escribió que llegaron a “imponer e institucionalizar sus propios gustos en el medio. A tal grado que sus colaboradores constituyen ahora la intelligentsia crítica reconocida, consultada y acatada en general”.

Isaac León Frías y Federico de Cárdenas

Los editores de la publicación Isaac León Frías y Federico de Cárdenas

Los editores de la publicación Isaac León Frías y Federico de Cárdenas

Alessandro Currarino

Las banderas bazinianas
Si por algún flanco el pasado cinematográfico nacional supera al presente, es en el de la oferta de la cartelera comercial, “infinitas veces más rica que con la que nos encontramos hoy”, recuerda De Cárdenas (quien, junto con León Frías, fue uno de los editores generales de la publicación). Fellini, Buñuel, Bergman, los chicos malos de la nouvelle vague, entre otros, fueron exhibidos en Lima. Teniendo en cuenta esa oferta, HC irrumpió y trabajó por institucionalizar la crítica y cimentar el rigor en su práctica bajo ciertos principios de análisis. Más allá de los cambios de tono (más radicales en sus inicios) y estilo (más academicista en sus últimos números), a lo largo de sus 20 años de existencia las ideas guía no cambiaron.

Isaac León Frías

León Frías, uno de los editores de "Hablemos de cine"

León Frías, uno de los editores de "Hablemos de cine"

Alessandro Currarino

“Cuando empezamos, las películas eran apreciadas en función de los temas. No se hablaba del tratamiento fílmico”, cuenta De Cárdenas. HC respondió a ese estado de las cosas abrazando el “no contenidismo”; es decir, poniendo en el centro del análisis la noción de puesta en escena de André Bazin y sus discípulos de la tutelar revista francesa Cahiers du Cinéma. Ellos consideraban este elemento el que hace al cine único entre las demás artes. Siguiendo esta propuesta, en las reseñas de HC, a veces, no se mencionaba la trama de las películas, solo se detallaban escenas muy puntuales. “Creo que con el tiempo eso se fue equilibrando, y se fue recuperando la mención de la importancia del guion en la película y de los valores referenciales. Pero siempre sostuvimos, como hasta el día de hoy, que, si el trabajo audiovisual no es logrado, el tema o el material referencial tampoco lo está”, señala León Frías.

La segunda noción principal de Bazin y, por consecuencia, de los críticos de HC, fue la de la “política de autor”. Se propugnaba que desde las películas se podía proyectar una visión personal del mundo; además, se reconocía entre los roles del director el de cargar con la voz artística de una película.

Como Cahiers y otras revistas, al mismo tiempo que daban vítores por Hollywood y los géneros (el western, la comedia, el musical), se plantaban fuertemente en contra del cine “populachero”, de mala fábrica, y las “pretenciosidad” de algunos directores formalistas.

Federico de Cárdenas

Federico de Cárdenas, crítico y editor de "Hablemos de cine".

Federico de Cárdenas, crítico y editor de "Hablemos de cine".

Alessandro Currarino

Una crítica persistente
La manera más concreta de entender esta última posición es desde la ardua y prolongada polémica de la revista con Armando Robles Godoy, el único ‘autor’ peruano de la época. Su cine contradecía fundamentalmente las ideas bazinianas de celebrar la transparencia, la mirada contemplativa y la posibilidad del cine de abrir la realidad como si una película fuese una epifanía. El realizador de La muralla verde y Espejismo no creía en eso, sino en el montaje disruptor, de pequeños encuadres y ritmo acelerado. Las demoledoras críticas que le hicieron en HC han sido matizadas con el tiempo por sus autores.
Al mismo tiempo que se alejaban de Robles Godoy, también detectaron un prospecto de cine peruano con el que se trataron de alinear. El arquitecto Reynaldo Ledgard, que colaboró en la revista, comentó en la reciente presentación del primer volumen antológico de HC que entonces “se sentía una pugna, un deseo de identificarse con películas como las de Lombardi o Federico García. Las críticas eran implacables, pero eran diferentes al deslinde que se hacía con películas de fácil comicidad y demagogia social. O con las de pretensión formalista como las de Robles Godoy. Hubo una identificación con la opción, y una crítica complicada, casi sufrida con ellas”. Su esfuerzo y ganas de debatir tenían el objetivo de construir una cinematografía nueva en el país.

Canon y flexibilización
Cinco décadas después de su fundación, esas rutas sobre el cine peruano y esos paradigmas al ver y analizar cine trazados por HC parecen mantenerse. Mónica Delgado, de la web Desistfilm, considera a la revista el “único gran antecesor” de crítica de cine en el Perú; además, destaca que uno de sus objetivos más importantes fuera el “poner en agenda el cine peruano. Desde los espacios, los públicos, los cineastas”.

Por otro lado, señala que hay paradigmas que cambian, y que aquí aún no se ha concretado ese reacomodo. La defensa de HC por un cierto tipo de cine devino en la construcción de un canon estético muy rígido, que se mantuvo pues los exmiembros de la revista son algunos de los críticos más reconocidos del medio. Explica Delgado que esto hizo “que al cine que escapara de ese canon, por tener narrativas menos convencionales, o sensibilidades más experimentales, no se le prestara atención a pesar de ser propuestas con un valor innegable”. Agrega que “se manejaba un ‘deber ser’ del cine”.

Hablemos de cine

Uno de los números de la revista de mediados de los años 60.

Uno de los números de la revista de mediados de los años 60.

Hablemos de cine

Las revistas que no son revistas
Guillermo Cabrera Infante definió la crítica de cine como “un oficio del siglo XX”, pero ¿qué futuro le depara en el XXI? “Es un oficio que se habría de considerar en vías de desaparición en lo que se refiere a la prensa escrita. Pero no en extinción, pues se sigue practicando en otros formatos como el electrónico o el digital. Alguien que quisiera iniciarse hoy en la crítica seguramente escribiría en un blog o videoblog”, reflexiona De Cárdenas.

Claudio Cordero, codirector de la revista Godard!, colaborador de este suplemento y conductor del podcast Pasaje18, no ve una diferencia sustancial entre el contenido de una revista o un medio digital. “Tener revistas impresas y coleccionarlas era casi un fetichismo. Y creo que el valor de lo impreso va por ahí”, afirma.

Hablemos de cine

Número de "Hablemos de cine" de julio y agosto de 1967

Número de "Hablemos de cine" de julio y agosto de 1967

Hablemos de cine

Señala, también, que utilizar los formatos digitales sin perder rigor es un reto para quienes se dedican a la crítica de cine. A pesar de eso, considera que no se debe perder la palabra escrita. “No creo que uno reemplace a otro. Solo que un formato es más efectivo para transmitir algunas ideas breves al público. Con los podcast lo que salen son diálogos, comentarios puntuales de las películas. Ese medio es más amigable para dichos fines, más de difusión, pero al escribir entras en otro nivel de profundidad de análisis”, dice. Como vemos, las voces que hablan de cine están lejos de hacer falta.

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