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Trujillo, te quiero verde, por Javier Díaz-Albertini

“Las grandes ciudades del mundo –en momentos cruciales– han optado por el verde de la naturaleza y no del billete”.

Javier Díaz-Albertini Sociólogo y profesor de la Universidad de Lima

Giovanni Tazza

(Ilustración: Giovanni Tazza)

"Algunas amistades trujillanas me han conversado sobre una hermosa propuesta de convertir las 2,5 hectáreas del terreno actualmente ocupado por el Club Libertad en un parque cultural y ecológico". (Ilustración: Giovanni Tazza)

(Ilustración: Giovanni Tazza)

¿Cuándo aprenderemos a vivir la ciudad en vez de sufrirla? Como bien indica el urbanista Jordi Borja, antes la ciudad existía para protegernos. Detrás de sus sólidas murallas, nos manteníamos a buen recaudo. Ahora, por el contrario, el sentimiento es que debemos protegernos de la ciudad. Huimos de ella buscando refugio en urbanizaciones suburbanas y también amurallándonos en nuestra propia vivienda. De una forma u otra, cultivamos un desdén hacia los espacios compartidos. Caemos así en un círculo vicioso, ya que la ausencia o el deterioro de lo público incentiva una mayor individualización y reclusión.

Escribo esto pues algunas amistades trujillanas me han conversado sobre una hermosa propuesta de convertir las 2,5 hectáreas del terreno actualmente ocupado por el Club Libertad en un parque cultural y ecológico. Se busca crear un pulmón verde para la ciudad, a solo dos cuadras de la Plaza de Armas. El Centro Histórico de Trujillo es principalmente monumental, este parque haría más vivible una ciudad que sufre altos niveles de inseguridad, informalidad y pobreza. Es una iniciativa impulsada por reconocidos defensores de la Ciudad de la Eterna Primavera y liderada por el artista-pintor Gerardo Chávez.

El Club Libertad debió devolver el terreno en 1991, pero algunos de sus directivos pretenden adueñárselo y desde el 2009 están solicitando la prescripción adquisitiva de dominio del predio. En la actualidad, la Corte Superior de La Libertad está ad portas de dictaminar –esperemos– la devolución de dicho terreno a la Sociedad de Beneficencia Pública de Trujillo, después de años de litigio.

La idea de un área verde y libre parecerá una locura para aquellos que solo piensan a la ciudad como un bien inmobiliario. Después de todo, se calcula que el terreno mencionado tiene un valor de 50 millones de dólares. Pensarán que es un enorme despropósito desperdiciar este recurso económico en un parque abierto y gratis.

Pero las grandes ciudades del mundo –en momentos cruciales– han optado por el verde de la naturaleza y no del billete. Muchos de los grandes parques londinenses eran originalmente coto real de caza, pero fueron abiertos al público en el siglo XVII y han sido protegidos desde entonces. Esto explica por qué 40% del área total de Londres es espacio público verde. El famoso Central Park de Nueva York –con sus 340 hectáreas– fue creado a mediados del siglo XIX, cuando la élite de la ciudad quiso mostrar al mundo que no solo le interesaba el dinero. Casi el 20% del área total de la Gran Manzana es espacio público verde.

Al igual que Lima, Trujillo se encuentra en medio de un desierto. En tiempos precolombinos, los habitantes tenían especial cuidado en construir los centros poblados costeños en los terrenos áridos protegiendo las áreas verdes irrigadas para la agricultura. Dicha práctica no fue continuada en la Colonia o la República. El crecimiento de la población significó una drástica reducción del área verde. En la actualidad, Lima y Trujillo solo tienen aproximadamente 3 m2 de áreas verdes por habitante, cuando el mínimo recomendado por la Organización Mundial de la Salud es 9 m2.

La tarea para el futuro no puede ser más clara: ampliar las áreas verdes, no reducirlas. Para ello, es necesario sensibilizar a las autoridades, los empresarios y la población sobre sus enormes méritos. Y la mejor forma de hacerlo es creando estas áreas y que la población las use y haga suyas. Las ciudades más verdes normalmente son las más saludables y productivas. Asimismo, son más eficientes en el uso de sus recursos y energía. Con menos tráfico y contaminación, también contribuyen al bienestar de sus habitantes.

Esta propuesta no es ilusoria porque la he visto en la práctica. Tuve la suerte de conocer a Alberto Andrade cuando era alcalde de Miraflores. En ese entonces trabajaba en una ONG que realizaba una consultoría para recuperar la zona de Santa Cruz. Andrade creía en la gente y su espíritu cívico. Por eso apostó por la revitalización de los espacios verdes del distrito. Hoy en día vemos los resultados en un distrito con parques abiertos y libres utilizados por todos los limeños.

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