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Carlos Zárate: el hombre que coronó el Misti 515 veces

A pocos meses de cumplir 95, el limeño nacionalizado arequipeño Carlos Zárate ya suma medio millar de veces y aún trepa la montaña... mientras recita a Mariano Melgar.

El día que Carlos Zárate Sandoval se hizo arequipeño le habían robado todo en el hotel donde se hospedaba con su esposa. Era 1955, tenía 32 años, estaba de vacaciones en Arequipa y lo único que pudo conservar fue su cámara Kodak de 100 velocidades. Había sido reportero gráfico en Lima y debía conseguir dinero, así que tentó suerte en el diario El Pueblo, de Arequipa. Se quedó 33 años. Fotografió de todo: sociales, policiales, deportes. No tiene un selfie con el papa Juan Pablo II ni con Pelé porque no lo pidió.

Carlos Zárate

Carlos Zárate, el hombre que más veces coronó el Misti.

Al año de llegar a Arequipa y hacerse conocido como fotógrafo, unos amigos le proponen subir al Misti, el volcán que él miraba desde cualquier punto de la ciudad. Natural de Huarochirí, sierra de Lima, sin saberlo entrenó allí de niño sus pantorrillas para aquella subida en grupo al enigmático macizo arequipeño. 

Nadie se atrevía a subir al Misti. “Decían que la gente que iba ya no regresaba, que el cráter se la comía. Ese mito yo lo quebré”, nos relata Carlos desde las faldas del volcán, bastón de caminata en mano, el paso menudo. Recuerda, incluso, que le hicieron una misa de cuerpo presente, por si no regresaba. Le tomó dos días y dos noches llegar. El 15 de agosto de 1956 coronó la cumbre de 5.825 m.s.n.m. Donde esperaba ver solo nieve había una cruz de 10 metros de alto hecha de rieles fundidos y que data de 1901. Uno de los brazos estaba caído, así que prometió frente a la imagen llevar a 100 personas para repararlo. Al año siguiente 200 soldados del Ejército subieron para cumplir esa promesa. 

Camino al andar
Mientras nos dirigimos a las faldas del volcán por la vía de Chiguata, a 45 minutos del centro de Arequipa, Carlos recita a Mariano Melgar, prócer del yaraví arequipeño, poeta independentista, un revolucionario del romance endecasílabo. “El alma que entre congojas respira sin consuelo, es solo en el mismo instante que suspira con anhelo...”. En el trayecto Carlos nos cuenta que aquella primera vez en la cumbre tomó una foto que fue portada de El Pueblo. Dos turistas norteamericanos vieron la imagen y lo buscaron en la redacción del diario. Le pidieron que los lleve. “El Pueblo era como mi oficina de agencia de viajes, allí me buscaban los extranjeros”, ríe. Para 1957 ya había ganado fama como el primer guía de montaña de la región. En las siguientes décadas subió a los 11 volcanes de Arequipa, incluyendo una veintena de veces al Chachani. Tres de sus hijos llevan el nombre de sus conquistas: Blanca Chachani, Carlos Misti y Miguel Coronado.

Según nos cuenta, ha llevado a lo largo de su vida a unos 20 mil turistas a la cima del Misti (que ha coronado, aclara, 515 veces), entre extranjeros y nacionales, por 15 rutas distintas. “De lejos parece fácil subir, pero cuando uno se interna es más complicado. Nunca se debe subir sin guía”.

Hace 35 años fundó su empresa de turismo de montaña, Carlos Zárate Adventures, con la certeza de que “un buen guía llega a ser como familia para los turistas”. El montañista condecorado en Suiza por su experiencia va –siempre– más allá: “Un buen guía puede dar su vida por un turista”.

Según el Observatorio Vulcanológico del Sur, el Misti, ubicado a 18 km del centro de la ciudad de Arequipa, mantiene niveles normales de actividad. Es decir, fumarolas casi a diario, disipadas por el viento alrededor de un cráter explorado siete veces por Carlos Zárate. La primera vez, en 1985, contratado para extraer muestras científicas y portando máscara y botas especiales. Trescientos cincuenta metros adentro sintió por única vez el aliento caliente de la muerte. El hombre que sube a donde pocos llegan solo siente temor cuando desciende.

Mientras seguimos su paso diminuto por la falda agreste del Misti, levanta el bastón como si viera tierra desde el mar. “Todo esto era mío. Antes aquí no había nada y ahora supuestamente harán un proyecto de irrigación, pero siguen construyendo casas, todo lo están lotizando”. Montañista, reportero gráfico, poeta. Con voz de nueve décadas corta el silencio: “Yo he llegado a ser como un venado en la montaña; no hay roca ni nada imposible de sortear”.

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