Ana Núñez

“Ana, anoche tuve un sueño...” Después de mas de veinticuatro horas de timbradas estériles, Rawa Roldán Alcide Muñoz -el hombre que recorre el mundo espiritual, según el significado de su nombre en lengua shipibo-, me habla finalmente desde el otro lado de la línea. Se escucha como lluvia, que es interferencia, y el cantar de un gallo, que sí lo es. Se escucha también la respiración agitada de Rawa y se percibe su ansiedad por tener que pedir permiso a sus pulmones cada vez que me quiere hablar, cada vez que no logra decir una frases completa, cada vez que clama por San Francisco, la comunidad shipibo-conibo en la que nació hace 31 años y donde la pandemia no es una sino son tres: el coronavirus, el dengue y el hambre.

“Ana, anoche tuve un sueño…”, me decía Rawa, al teléfono, y algo mas que la tos seca que le sacude hasta los pulmones, lo obligó a dejar de hablarme. Su novia, que es quien lo cuida y alimenta desde el domingo -día en que finalmente, cayó del todo enfermo-, había entrado en su habitación y tras ella, una pequeña comitiva “oficial” que buscaba exclusivamente al artista postrado. “Por favor, escucha la conversación”, me susurra “Rawa” y oprime en su teléfono el altavoz.

La comunidad de San Francisco es considerada la capital shipibo-conibo de nuestro país y en ella habitan unos cinco mil peruanos. Aunque los visitantes pueden llegar en media hora por carretera, los nativos se trasladan en peque peque, que en menos de 45 minutos los lleva hasta el Puerto Callao, en Pucallpa. Los habitantes de esta comunidad tienen como principal actividad económica la artesanía y el turismo. Pero desde hace mas de dos meses, cuando un virus asesino llegó a nuestro país, es imposible recibir a nadie en casa y los mantos, los aretes, las joyitas, todo se queda. Gracias a la ayuda de Nicolás Kisic, quien desde Lima organizó un evento a través de la plataforma Gofundme, Rawa había podido llevar bolsas de alimentos a sus hermanos shipibos. Pero el domingo “pese al Sol fuerte que hubo”, un escalofrío fulminante lo tumbó. Y entonces llegó la tos y con ella las noches en que el artista plástico lucha contra el miedo. El miedo de morir asfixiado. El miedo de morir porque “el pecho se me ha cerrado”.


PUCALLPA, 17 DE AGOSTO DEL 2009
TURISMO VIVENCIAL EN LA COMUNIDAD NATIVA DE SAN FRANCISCO, A SOLO UNA HORA DE PUCALLPA, EN UCAYALI. SAN FRANCISCO ES UNA ETNIA SHIPIBA QUE AUN CONSERVA COSTUMBRES ANCESTRALES, ASI COMO SU IDIOMA. LOS TURISTAS PUEDEN MOLDEAR CERAMICA, TATUARSE AUTENTICAS ICONOGRAFIAS SHIPIBAS, BEBER AYAHUASCA Y DISFRUTAR DE LOS PAISAJES QUE OFRECE LA SELVA PERUANA.  
FOTOS: MIGUEL BELLIDO / EL COMERCIO
PUCALLPA, 17 DE AGOSTO DEL 2009 TURISMO VIVENCIAL EN LA COMUNIDAD NATIVA DE SAN FRANCISCO, A SOLO UNA HORA DE PUCALLPA, EN UCAYALI. SAN FRANCISCO ES UNA ETNIA SHIPIBA QUE AUN CONSERVA COSTUMBRES ANCESTRALES, ASI COMO SU IDIOMA. LOS TURISTAS PUEDEN MOLDEAR CERAMICA, TATUARSE AUTENTICAS ICONOGRAFIAS SHIPIBAS, BEBER AYAHUASCA Y DISFRUTAR DE LOS PAISAJES QUE OFRECE LA SELVA PERUANA. FOTOS: MIGUEL BELLIDO / EL COMERCIO
/ MIGUEL BELLIDO/EL COMERCIO PERU

A través del teléfono, muy débilmente, oigo la voz de una mujer que le explica a Rawa que quiere ayudarlo, que necesitan hacerle una prueba de descarte y que de inmediato se le podría empezar a tratar. El médico de la posta le pregunta al shipibo por qué no fue a buscarlo, y el artista plástico le recuerda que hace días que esta no cuenta con medicamentos. El médico se queda callado. Parece que fue por lana y salió trasquilado. Rawa prosigue. Escuchar esta conversación a través del teléfono y desde Lima, estremece y duele. Lo que viene es el clamor de un peruano, el llanto de un shipibo, por la posibilidad de que mueran sus hermanos. El encuentro entre el Estado y un grupo de ciudadanos vulnerables, tantas veces invisibilizados.

“Por favor, yo no pido solo por mí. La comunidad de San Francisco necesita ayuda. Acá hay un monstruo, pero ya no sabemos si es el covid o el dengue. Mucha gente está enferma. El jefe de la comunidad también está enfermo. Necesitamos tres cosas: pruebas, fumigación y medicinas. Por favor, ayuden a San Francisco”. Cada dos palabras, “Rawa” debe parar por mas aire. Sus interlocutores le piden que por favor no se agite, que se calme, que sí se ayudará a toda la comunidad. Pero los temores ahí son grandes y el artista lo comenta: “la gente de San Francisco tiene miedo. Sabe que si enferma y te llevan al hospital, puede que ya no vuelvas, que si mueres te quemen y que nadie te vuelva a ver”.

Quien preside la comitiva que llegó a ver a “Rawa” es Angela Acevedo, viceministra de Interculturalidad. Ella le da su número personal al artista, le asegura que mañana sábado llegará un equipo de médicos a hacer 400 pruebas moleculares en la comunidad de San Francisco. “Vamos a hacer una pequeña intervención acá. Mañana vendrá un grupo de médicos y te harán la prueba a ti y a los que puedan estar contagiados en la comunidad”, le asegura, lo calma.

Hasta hace una semana, "Rawa" ayudaba a repartir alimentos a sus hermanos de la comunidad shipibo-conibo de San Francisco.
Hasta hace una semana, "Rawa" ayudaba a repartir alimentos a sus hermanos de la comunidad shipibo-conibo de San Francisco.

Una vez ya solo, “Rawa” vuelve al teléfono, Me dice que espera que esta promesa se cumpla, que por favor esté al pendiente de que vuelvan con las pruebas, que seguirá aguantando y que desde su lecho le pide a sus hermanos peruanos que no se dejen vencer por el miedo, que si sienten que su pecho se cierra, se tranquilicen y respiren, que “en dos o tres minutos pasará" y finalmente vencerán a la muerte.

“¿Te acuerdas que te dije que anoche tuve un sueño, aún quieres que te lo cuente?”, me pregunta, finalmente. Por supuesto, le digo. Entonces comienza el relato: “En mi sueño he visto un monstruo gigante que no tenía piel. Puro espina, su cuerpo; puro espina. Andaba a mil kilómetros por segundo... Esa energía, ese ser, entra en mi cuerpo y se lo lleva rápido. Esa misma energía, a una persona, lo cruza. Es por eso que muchas personas no mueren, resisten, porque ese monstruo no chocó con ella, solo pasó. Entonces, un abuelo y una abuela me llevan a ver al monstruo y veo que este se alimenta del miedo, pero cuando el onaya (maestro que trabaja con plantas o el mal llamado “chamán”) canta el canto del Ayahuasca, el monstruo se va”.

*Si desea ayudar, puede comunicarse con Javier Castillo al 965393334

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