El inicio de semana fue terriblemente desagradable para los millones de habitantes de París y la innumerable legión de turistas. De buenas a primeras se dieron cuenta que los teléfonos no funcionaban, lo cual constituía un problema de gran envergadura sobre todo en el ámbito de los negocios. No se creyó que los trabajadores telefónicos llegaran a este punto pues se estaba negociando un aumento de sueldo con el Estado. La primera reacción ha sido en el Congreso donde se han dispuesto ciento veinte millones de francos para aumentos de sueldo. H.L.M.
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