Nuestro Ignacio Merino, la gloria artística más preciada de América Latina, hizo al pasar por Arica en 1838, volviendo de su primer viaje a Europa, los dos deliciosos apuntes que ofrecemos hoy. No se imaginaría el ilustre pintor que aquel morro adusto que hirió su retina sería, andando los años, símbolo del patriotismo lacerado de los peruanos. En esa época la guerra de conquista no había sido intentada aún en nuestro continente formado por países hermanos. En Tacna y Arica nada hacía presumir entonces el doloroso cautiverio que durante 46 años habrían de sufrir esas provincias nuestras.
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