Arguedas y sus vínculos afectivos

Madres o vírgenes

El mes entrante la socióloga e investigadora Carmen María Pinilla publicará un nuevo libro sobre el autor de Todas las sangres. Se trata de una recopilación de cartas y documentos que inciden en su singular relación con las hermanas Celia y Alicia Bustamante.

Por Diego Otero

Bajo el título de Textos inéditos: Celia y Alicia en la vida de José María Arguedas, la investigadora Carmen María Pinilla agrega un nuevo volumen a su ya copiosa bibliografía sobre nuestro escritor. En palabras de Pinilla, el libro documenta "la gravitación de estas dos mujeres en su vida y en su proyecto artístico". Pero la cosa no termina ahí, también se incluyen una serie de materiales inéditos -cartas de amigos, diarios, artículos dados por perdidos- que dibujan un reflejo del mundo afectivo de Arguedas y de su desarrollo profesional. Pinilla trabaja ahora en una biografía del escritor; una biografía que retoma los apuntes dejados por Alberto Flores Galindo y que, gracias a las herramientas de la sociología pero también a las del psicoanálisis, intenta mostrarnos la complejidad del universo interior de un escritor complejo y apasionante.

Arguedas le decía 'madre' a Celia, su primera mujer. Y también a Alicia, la hermana de aquella, quien vivía con ellos. ¿Cómo fue realmente la dinámica afectiva entre los tres?, ¿qué hay en ese vínculo que lo hace tan definitivo e importante para Arguedas?
Es una relación singular, sin duda. Yo creo que lo que une a los tres no es solo el cariño y estas formas peculiares de vivir los roles, sino un proyecto ético, estético y político en común, que es el rescate y la difusión del arte popular y la cultura andina. En ese sentido, creo que el denominador común es que los tres hicieron suyo el legado de Mariátegui: la invitación a la vida heroica y la lucha contra la injusticia social.

¿Una lucha desde el amparo y la protección que estas figuras femeninas simbolizaban?
Definitivamente. En estas cartas se ve cómo poco a poco él insta a Celia, su pareja, a establecer una relación primordialmente maternal con él. Arguedas busca protección, y alguien que le diga cuánto vale, cuánto se le quiere, ese tipo de cosas.

Una demanda afectiva que parece corresponderse con la de un niño. Pienso en el Ernesto de Los Ríos Profundos, por otro lado, que idealiza a la mujer hasta convertirla en una especie de figura virginal.
Sí, Ernesto es un adolescente que no puede dejar la infancia, que no puede asumir el paso del tiempo con plenitud, que conserva el esquema de la mujer virginal, que es lo que le pasaba a Arguedas en cierto sentido. Hace años tuve la oportunidad de entrevistar a Lola Hoffmann, la psicoterapeuta que vio a Arguedas. Y lo primero que me dijo fue que el problema de José María era que tenía una imagen de mujer idealizada, y en consecuencia era muy difícil que alguna mujer llegara a satisfacer esa enorme expectativa. Dicho sea de paso, en el libro se publica una larga carta de Lola Hoffmann a Arguedas, en la que ella deshilvana una serie de dudas e ideas del escritor respecto de sus vínculos con las mujeres.

Pienso en la imagen de la mujer como virgen. ¿El catolicismo fue un elemento importante en la infancia de Arguedas?
Desde luego. El padre Armando Bonifaz fue una figura crucial para el Arguedas escolar. Lo admira porque se trata de un hombre culto; y se siente protegido por él. Cuando está convaleciente del accidente en el que pierde dos dedos, Arguedas, gracias en parte a Bonifaz, descubre las obras de Víctor Hugo. Se aprende de memoria la carta de Mario a Cossette, que es una especie de alegato de la mujer como pureza. Y eso él lo interioriza, y probablemente le aplaca las angustias existenciales y físicas. Y entonces, a partir de ahí, toda esa ebullición emocional es sublimada a través de un proyecto, que es convertirse en una especie de Víctor Hugo.

¿En qué circunstancias se termina el vínculo de Arguedas con Celia Bustamante?
El propio Arguedas cuenta, y eso se ve en el libro, que Lola Hoffmann lo ayuda a romper con Celia. Él no solo le era infiel a Celia, sino que la hacía partícipe de sus infidelidades. Es decir, le pedía permiso para ver a tal otra mujer, o consejos para acercarse a tal otra. Entonces para ella debió ser insoportable. Pero lo soportaba. Hasta que es él quien decide cortar la relación para iniciar un nuevo vínculo, esta vez con Sybila.