ALBERTO VILLAR CAMPOS @betovillarc

Alonso Salazar tiene 52 años y una hija de 7 que es, dice, “mi vida entera”. Es, además de periodista, autor del libro La parábola de Pablo, publicado en el 2001 y en el que se inspiró “Escobar: El patron del Mal”, la serie más exitosa de la televisión colombiana y que se puede ver actualmente en nuestro país. Entre el 2008 y el 2011, fue también alcalde de Medellín, la ciudad en la que, precisamente, el narco armó su imperio de terror.

Dice que si la labor del periodista es hacer un ejercicio crítico de la realidad, el oficio del alcalde es superar problemas. Salazar nunca disparó un arma ni le dispararon, pero sí combatió la criminalidad, y con fuerza, en Medellín.

La parábola de Pablo se encuentra actualmente en librerías del país. Es publicado por la editorial Planeta.

¿Por qué un periodista decide ser alcalde? Creo que porque desde que muy joven estuve metido en temas de desarrollo social, incluso antes de ejercer el periodismo. No he sido mucho un reportero de medios, pero desde 1990, cuando publiqué “No nacimos pa’ semilla”, un libro sobre las barriadas y los jóvenes de Medellín , me involucré en el trabajo social. Trabajé en una consejería del Gobierno para impulsar casas juveniles y actividades culturales, y también participe en la creación de una ley nacional de juventud. En algún momento, acepté acompañar a mi amigo Sergio Fajardo en su postulación a la alcaldía. Ya allí había llegado a la conclusión de que, si no es desde lo público, no es posible hacer un cambio en realidades como la de Medellín .

Usted ha dicho que su labor como alcalde fue una suerte de esquizofrenia… Si la labor del periodista es hacer ejercicio crítico de la realidad, contar historias y narrarlas, el oficio del alcalde es superar problemas. Si alguien me dice que tiene una dificultad, yo no lo puedo curar con un diagnóstico: tengo que proponer metas. Como alcalde apunté, sobre todo, a la primera infancia y construí, entre otros, 20 jardines infantiles. Vi que el tema de la educación era la gran brújula. Y, además, quisimos luchar por romper el bloqueo, por la fama de ciudad violenta que tiene Medellín.

¿Cómo era la violencia cuando fue alcalde? Todavía había problemas y mis principales enemigos eran los paramilitares , que estaban aliados con algunos políticos tradicionales y a quienes debí confrontar. Y al mismo tiempo empecé a combatir a delincuentes, gente que se había hecho intocable, que aparecían como buenos ciudadanos pero que en el fondo eran extorsionadores y otras cosas…

Era la misma imagen que quizá mostraba Pablo Escobar en sus inicios… Había muchos delincuentes así y entonces ellos estaban muy aburridos conmigo. Y eso nos ponía muchas trabas jurídicas, demandas con las que todavía cargo…

Dice también que gobernar es responder, pero también acusaba la falta de apoyo de la fiscalía y el sistema judicial… En Medellín, la fiscalía estaba controlada por la criminalidad. Allá nunca se ha judicializado un narco o un paralimitar, se debió ir a instancias exteriores para hacer esos procesos. La capacidad de corrupción que tiene el narcotráfico es infinita.

¿La realidad de Medellín se repite en otras ciudades de Latinoamérica? De hecho, sí. Desafortunadamente, después de Medellín, vino el fenómeno de las maras , la criminalidad de México asociada al narcotráfico y, tras ello, se hizo evidente lo de Brasil. El panorama se ha vuelto complejo, y en casi todas han aparecido síntomas que dan cierta alerta.

LOS RIESGOS DEL CARGO ¿Tuvo miedo de morir en el cargo? Estuve muy amenazado y no es que sea temerario, pero no soy muy fácil de sugestionar. Tuve escolta, pero creo que recibí un apoyo grande de la población y de líderes sociales que me hicieron sentir muy acompañado.

Su padre, sin embargo, aún sigue con guardaespaldas… Eso me dolió más, que mi familia resultara afectada, especialmente mi padre, un campesino de edad al que se le desbarató su mundo, que era la central de abastos. Él no tenía un negocio de gran trascendencia pero hacía cosas que lo mantenían vivo y se vio obligado a salir del negocio por un hombre que yo confronté [Alirio de Jesús Rendón Hurtado , ‘El cebollero’, hoy preso por sus vínculos con el cartel de la droga], quien ya había asesinado a la primera persona que puso las denuncias con las que luego yo trabajé.

¿Alguna vez la delincuencia le propuso aliarse con usted? Cuando estuve en campaña, algunos reinsertados (paramilitares) me propusieron impulsar mi candidatura, pero me negué. No estaba de acuerdo con ellos. La historia nos comprobó que luego ellos siguieron en actividades delictivas.

¿Si Escobar hubiera estado vivo, se hubiera lanzado como alcalde? Nunca me había hecho esa pregunta ni me la habían hecho. Lo que pasa es que yo terminé de alcalde ya por la inercia de estar con el grupo de Sergio Fajardo, pero ni cuando participé en su elección pensaba en serlo. En las épocas de Escobar, Medellín era una ciudad ingobernable. Yo no sé, no lo creo…

¿Los criminales en Medellín son en la actualidad iguales de violentos que Pablo Escobar? Son muchísimo menos poderosos y el daño que hacen es enfrentarse en las comunidades y afectan a mucha gente. Se enfrentan con fusiles, y entonces mueren personas en medio de toda esa confrontación. Pero no, están muy lejos del poder que tuvo Escobar.

CONSEJOS DE ALCALDE ¿Qué debe hacerse desde una alcaldía para combatir la inseguridad ciudadana? En Medellín nos tocó atender situaciones que habían llegado a extremos y dramatismo tal vez incomparables con lo que aquí puede pasar. Sin embargo, el primer riesgo es justificar la violencia y a los violentos porque son pobres o excluidos. La violencia no tiene justificación alguna, aunque eso no quiera decir que debamos hacer un trabajo para que las condiciones sociales mejoren. El trabajo es superar la inequidad. Lo que debe hacer una municipalidad es dar un excelente servicio para la educación de esos excluidos, atención en salud, recreación y deporte, generar iniciativas para el emprendimiento social. Y también hay que tener mano fuerte y eso no significa salirse de la ley. El trabajo debe ser siempre defendiendo la institucionalidad. Mano fuerte es trabajar para tener una presencia muy fuerte en el territorio. En mi caso, hice un esfuerzo de hacer construcción física de la policía para territorializarla, construí puestos de auxilio rápido, construcciones que asemejaban pequeñas fortalezas que por la noche botaban un chorro de luz. También hubo consejos de seguridad permanentes y sesiones con los pobladores. Y nos poníamos metas directas con las autoridades. Para la gente es muy importante la presencia de la autoridad legítima en el territorio y que vea que la gente siente que uno va, está allá y puede tenerlos al frente y decirles vamos a judicializar a los criminales.

Por eso me pregunto nuevamente si no le daba miedo morir… Cuando uno ingresa al oficio de gobernante necesita carácter y parte de eso es no ser muy nervioso ni dejarse afectar fácilmente por esas circunstancias. Yo me iba con el comandante de la policía tres días en una zona afectada y nos quedábamos. Desalojamos sedes sociales municipales ocupadas por los delincuentes. Eso nos funcionó bastante bien. No sé disparar un arma, pero tampoco me han apuntado nunca con una.

EL LIBRO, EL ÉXITO ¿Cuál es la importancia del libro como documento sobre un pedazo de la vida en Colombia? La historia central de Medellín era definitivamente la de Pablo Escobar. En 1995, empecé a trabajar la historia para mostrar, entre otras cosas, que él es producto de esa sociedad, que no cayó del cielo. El libro procura no juzgar demasiado a nadie, pero sí, contar cosas, decir, por ejemplo, que la actuación de ciertas autoridades fue muy incoherente, que hubo mucho nivel de contaminación, un rasgo de nuestra realidad que hace mucho daño. Pero sabía que tenía que contarlo casi como en un tono de novela para que fuera un texto atrayente. Y por eso me devoré otra vez los diarios de dos décadas, los archivos judiciales y en total entrevisté como a unas 300 personas, a veces en entrevistas de 1 minuto y a veces en otras de 4 horas, repetidas varias veces: a los generales de la policía que lo combatieron, a su personal de servicio, a los capos que fueron sus enemigos. Tenía que construir un libro blindado y la forma de hacerlo era incorporando todas las versiones de un mismo hecho. Quizá eso me salvó de tener algún tipo de amenaza o demanda por el libro.

La familia de Escobar parece que demandará a los productores de la serie “El patrón del mal”, inspirada en su libro… Yo construí un libro blindado incorporando todas las versiones de un mismo hecho. Eso quizá me salvó de tener algún tipo de amenaza o demanda por el libro. En el caso de la serie, tal vez ocurre porque la familia siempre pensó que iba a tener riqueza con los productos alrededor de la vida de Escobar.

El hijo [Juan Pablo Escobar] vende incluso camisetas con la imagen de su padre… Y decían también que Oliver Stone quería hacer una película sobre su padre. Ellos tienen un concepto falso de que la vida de él es propiedad de la familia. Pero yo decía: Si todos lo sufrimos, es de todos. La vida de un criminal que afecta una sociedad no tiene derechos intelectuales. Ellos podrían demandar por calumnia, por temas morales, pero no por la serie…

¿Qué opina de la serie? La he visto intermitentemente, pero lo importante es que recuperó la historia del país, es una historia donde se incluye toda la crueldad de Escobar y las personas que lo combatieron, a sus víctimas. El que la vea tendrá una visión mucho más completa del narcotraficante y su contexto, no solo la parte mítica y la idea de que fue un gran benefactor.

¿Conversó con la esposa y los hijos para el libro? No, pero sé que la hija es una chica que estuvo afectada por temas psicológicos, porque a ella le tocó descubrir la historia de su padre en la adolescencia. Ella sufrió y se traumatizó mucho. Creo que quizá la única posibilidad de ver arrepentido a Pablo Escobar es que resucitara y viese lo que pasa con su hija hoy. Porque él no se arrepentía de nada, pero quizá esa circunstancia lo hubiera hecho cambiar de parecer. El hijo , en cambio, dio una vuelta a la vida muy interesante. Se formó como diseñador en Argentina, profesionalmente le va bien, incluso fue a Colombia y le perdió perdón a los hijos de algunas víctimas e hizo un documental sobre ello.

¿Colombia debe seguir recordando a Pablo Escobar? La sociedad colombiana necesita la verdad y la perspectiva de que no habrá repetición de esas circunstancias difíciles y que incluso se deben reparar. Los de las FARC [Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia] ahora dicen en La Habana que no tienen víctimas. Ellos tendrán que aceptar que son miles de víctimas y deberán buscar una perspectiva de reparación para incorporarse a un proceso de paz. Al narcotráfico no se le pidió eso porque no tienen esa formalidad, pero a los paramilitares se les exigió.