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Las reglas del Frente Amplio, por César Delgado-Guembes

“¿Qué legitimidad puede tener un reglamento aprobado sin que una de las dos corrientes de un mismo grupo parlamentario esté debidamente acreditada y representada?”.

César Delgado-Guembes Profesor de Derecho Parlamentario de la PUCP

Giovanni Tazza

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"Sin bases adecuadas y legítimas, el tribunal de disciplina que se crea al amparo de un reglamento espurio, así como la propia composición de dicho tribunal en ausencia de miembro alguno de la corriente excluida afectan la esencia misma de la expulsión que se ha impuesto como sanción". (Ilustración: Giovanni Tazza)

¿Qué límites tiene un grupo parlamentario para excluir a uno de sus integrantes? Los grupos parlamentarios, como cualquier organización, se rigen por convenciones a las que sus miembros se adhieren en símbolo de su decisión de limitar su libertad personal en nombre de un bien común superior al individual. A la vez que la pertenencia a un grupo restringe la libertad personal de quienes lo constituyen, recíprocamente, los grupos parlamentarios no pueden disponer de los derechos y libertades de sus integrantes sin límite alguno.

Es de dominio público la disputa entre dos corrientes políticas en el interior del Frente Amplio. Una de las manifestaciones más visibles ha sido la reciente expulsión del congresista Richard Arce de ese grupo parlamentario.

No obstante el riesgo que se corre al terciar donde no se recibe convocatoria, la naturaleza pública de la controversia amerita que se ensayen algunas reflexiones que traten de disipar esa enrarecida atmósfera en la que podrían perder todos (los miembros de las dos corrientes del Frente Amplio, sus voceros, el concepto que se asienta en la opinión pública sobre la madurez de los partidos y movimientos políticos y, finalmente, la propia calidad de la vida política nacional).

La parte más anecdótica –y también políticamente menos valiosa– es la que se circunscribe a los supuestos episodios de pullas entre las personas involucradas. Lo rescatable, sin embargo, es el deslinde entre dos principios constitucionales: el del derecho al honor y a la buena reputación de las personas, y la prerrogativa de la inviolabilidad de votos y opiniones.

La libertad de expresión, como todo derecho, no es absoluta. Termina donde comienza el derecho al propio nombre, honor, reputación e imagen personal (independientemente de la patente constitucional para demandar la exigibilidad de la inviolabilidad de votos u opiniones). En la asamblea parlamentaria no son admisibles los reproches en tonos contrarios a la cordialidad y a la cortesía. Menos tolerable aun es el desenfado con el que se increpa a quien desempeña el papel de autoridad o de vocero del grupo al cual uno pertenece.

Estos deslindes, sin embargo, son competencia, en principio, de la Comisión de Ética del Congreso, sin que esa misma competencia le sea ajena al propio grupo parlamentario en el que se presenta el desequilibrio.

El aspecto más importante de este suceso es la parcialidad facciosa que se ha instalado en el Frente Amplio, en el que no se ha conseguido integrar y coordinar las voluntades de ambas corrientes. Precisamente por la falla de origen que se produce con la aprobación de su reglamento interno que desconoció la convocatoria a sumar puntos de vista que habrían permitido contar con un documento legitimado por todos los miembros del grupo.

Acciones poco felices llevaron a convocar a una sesión en una fecha y hora inoportunas, para la que no se había definido la agenda con precisión ni se había distribuido con suficiente antelación el texto materia de discusión y de votación. ¿Qué legitimidad puede tener un reglamento aprobado sin que una de las dos corrientes de un mismo grupo parlamentario esté debidamente acreditada y representada?

Lamentablemente, la aprobación facciosa de ese reglamento echa por la borda cualquier otra decisión adoptada sobre su sustento. Es decir, sin contar con ningún sustento fuera del propósito excluyente de sesionar y aprobar un documento constitutivo que no contaba con el voto que el reglamento del Congreso exigía para que quede formalmente aprobado y, por lo tanto, con capacidad vinculante para todos sus integrantes.

Sin bases adecuadas y legítimas, el tribunal de disciplina que se crea al amparo de un reglamento espurio, así como la propia composición de dicho tribunal en ausencia de miembro alguno de la corriente excluida afectan la esencia misma de la expulsión que se ha impuesto como sanción. Esto va más allá de que pudieran existir –o no– razones para sancionar a quien hubiera incurrido en faltas contra la disciplina y la lealtad con el grupo y sus autoridades, o con el honor de uno de sus colegas y camaradas de ideología

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