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Ni ajedrez ni cachascán, por Federico Salazar

“Lamentablemente para el país, el gobierno vive de la ilusión y la mayoría del Congreso, de la matonería”.

Federico Salazar Periodista

Fernando Zavala y Fuerza Popular

(Foto: PCM/Congreso).

“Esta crisis puede llevarnos a una situación parecida a la de 1990-92. Parecida, pero no igual”. (Foto: PCM/Congreso).

Foto: PCM/Congreso.

Hoy debe jurar un nuevo Gabinete. Este cambio debe acabar con la inestabilidad y el retraso en la gestión de gobierno.

No se entiende por qué el hasta ahora presidente del Consejo de Ministros, Fernando Zavala, pidió el voto de confianza. El argumento que exhibió es insostenible. No se puede hacer política con argumentos insostenibles.

Zavala dijo que una eventual censura a la ministra Martens comprometía la política de Estado en relación a la educación. Por eso, sostuvo, pedía la renovación de la confianza.

La ministra Martens no debía ser censurada. La mayoría del Congreso, de manera arbitraria, iba a hacerlo. El gobierno, sin embargo, no debió confundir defender a una ministra con defender una política de Estado.

Pedir siempre nos coloca ante dos opciones: recibir o no recibir lo solicitado. El gobierno se expuso a no recibir el voto de confianza. Hasta parece haberlo buscado.

Si el gobierno estaba dispuesto a no recibir tal confianza, veía posible que Martens (y todo el Gabinete) tuviera que renunciar. Si veía eso, ¿dónde quedaba el objetivo de asegurar la política de Estado en relación a la educación?

Es evidente que el gobierno se cerró más en relación a la señora Martens que en relación a la política educativa. Es un error costoso para el país.

Hay quienes creen que el gobierno ha adquirido poder sobre la mayoría parlamentaria. Podría presentar hoy, por ejemplo, a la mismísima ministra Martens como presidenta del nuevo Gabinete.

La mayoría se vería en un verdadero dilema. Para ser consecuente, tendría que rechazar la confianza a ese Gabinete. Eso daría al presidente el poder de convocar nuevas elecciones congresales.
El gobierno ganaría un tiempo para gobernar por decreto. Tendría la oportunidad de recomponer la repartición de fuerzas políticas en el Congreso.

El gobierno, sin embargo, ya tuvo la oportunidad de legislar con facultades delegadas. No cabe esperar de él más imaginación y creatividad que las que mostró hasta ahora. Esa ventaja sería, pues, inútil.

Es iluso, además, pensar que el partido de gobierno mejoraría su representación en un nuevo Congreso. El país está dividido y hay que contar con eso.

El presidente Kuczynski decidió gobernar en estas condiciones. ¿Quiere cambiar ahora las condiciones? ¿Puede hacerlo?
El ex ministro de Economía Alfredo Thorne pidió un voto de confianza para reforzar su mandato. No lo obtuvo y el Congreso le dio la espalda. ¿Creía el ministro Zavala que con él y su Gabinete iba a ser distinto?

¿Para qué pidió Zavala el voto de confianza? ¿Para provocar una crisis frente a la mayoría?

Esta crisis puede llevarnos a una situación parecida a la de 1990-92. Parecida, pero no igual.

La diferencia legal es que ahora la Constitución permite la recomposición de la representación política.

La diferencia política está en que en esos años la preferencia electoral había cambiado a favor del Ejecutivo. Eso no ha sucedido ahora.
La actual tormenta política la producen dos vientos. Uno viene de la arbitrariedad del fujimorismo al querer censurar a la ministra Martens. El otro, de la respuesta díscola del gobierno ante esa arbitrariedad.

Al país no le conviene prolongar más la crisis. Le conviene no atrasar las decisiones de gobierno.

Para gobernar se deben reconocer cuáles son las condiciones políticas. Conviene gobernar sobre la realidad, no sobre la ilusión.

El gobierno cree que tiene a todo el país con él, frente a la oposición. En realidad, carece de un respaldo popular.

La mayoría en el Congreso no tiene un plan ni una ruta. Es una fuerza política que se complace con el exhibicionismo de poder.

El gobierno quiere jugar ajedrez; la mayoría, cachascán.

Lamentablemente para el país, el gobierno vive de la ilusión y la mayoría del Congreso, de la matonería. De ninguno cabe esperar mayor responsabilidad en el manejo de la crisis.

Hoy, en la juramentación del nuevo Gabinete, veremos si el gobierno ahonda la crisis o si, finalmente, decide reconocer su realidad política. Mañana veremos si la oposición quiere pasar de ser parte del problema a ser parte de la solución.

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