El poder de encuadrar

“En comunicación política, quien no encuadra, es encuadrado”.
Información pública (Ilustración: Giovanni Tazza)

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En el contexto de sobreabundancia , controlar la discusión pública se ha vuelto una tarea titánica.

En las democracias, donde no hay imposición de contenidos, la competencia por instalar temas y narrativas en la agenda mediática exige estrategias cada vez más sofisticadas.

Lo que observamos es una lucha de encuadres: marcos interpretativos que los estrategas buscan posicionar en el discurso público.

Así, se intenta construir imágenes de presidentes cercanos a la ciudadanía o comprometidos con la lucha anticorrupción.

Pero los también encuadran y, muchas veces, sus marcos no coinciden con los de los gobiernos, especialmente cuando la relación con la prensa es distante y confrontacional.

En el Perú, la presidenta Dina Boluarte lleva más de 200 días sin brindar entrevistas a los medios de comunicación. Sus declaraciones se limitan a actos públicos, en contextos controlados. ¿Es eso suficiente? En términos comunicacionales, no.

Estos discursos unilaterales marcan posición, pero eluden el escrutinio público, debilitando los estándares de una democracia sólida.

Podría considerarse un intento de encuadre, si se complementara con entrevistas o declaraciones eventuales. Pero, al no haber ello, se refuerza un encuadre desfavorable: el de una presidenta que evita las críticas y se refugia en su zona de confort.

El intento de designar un vocero presidencial, en su momento, fue un reconocimiento tácito de este vacío, pero resultó ineficaz al no ser parte de una estrategia integral. La figura del vocero debe complementar, no reemplazar, la vocería principal de la jefa del Estado.

Existen modelos exitosos en países como Estados Unidos o Argentina, pero no basta con repetirlos: deben adaptarse a la dinámica política local.

Los encuadres no son solo relatos: son herramientas de poder. Bien empleados, pueden reforzar la legitimidad y el liderazgo; mal manejados, desgastan la imagen presidencial y profundizan la desconexión con la ciudadanía.

En comunicación política, quien no encuadra, es encuadrado.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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