Recibí el compendio del INEI “Perú: Indicadores de Educación según Departamento, 2015-2025” e inicié la lectura del capítulo 6, sobre analfabetismo. Los datos muestran 12 departamentos por debajo de la media nacional, como Madre de Dios, Loreto y Ucayali, con tasas entre 4.3% y 4.5%. Justo ahí comencé a dudar de los números.
En Dispurse hemos sentido el llamado de la selva. Por años, distintas fuentes nos confirmaban que en la Amazonía las brechas educativas son más agudas y reciben menos atención, así que intentamos ingresar al territorio. Nos reunimos con organizaciones que trabajan allí para complementar su labor con alfabetización de adultos, pero resultó inviable operativamente. Nadie decide explícitamente abandonar a la Amazonía; el alto costo simplemente la deja siempre para después.
En marzo recibimos un correo de Maribel Agapito, directora de la UGEL Atalaya, quien tenía un equipo de especialistas en tecnología, además de tablets que las escuelas rurales habían devuelto tras la pandemia, por falta de acompañamiento. Hace dos años trabajan procesos de alfabetización con docentes excedentes de la Educación Básica Regular, a solicitud de las autoridades de las comunidades nativas del pueblo ashéninka, que le pidieron enseñar a leer, escribir y calcular a su población para que no la sigan engañando en la comercialización de sus productos. Pese a los avances, era urgente reforzar el trabajo y llegar a las comunidades más alejadas.
Maribel me contó que atienden a los padres y madres de los niños que asisten a esas escuelas rurales, una población mayoritariamente joven. Por eso volví al informe del INEI con otra pregunta. La tasa nacional de analfabetismo es 4.6%, Ucayali tiene 4.3%; la situación no parece dramática, pero en el desagregado de la información del Censo de 2025, la provincia de Atalaya registra 13.6%, muy lejos del 2.7% de Coronel Portillo, donde está la capital del departamento.
En el papel, el analfabetismo en el Perú es un problema de personas mayores: 14.0% en mayores de 60 años, apenas 1.1% entre los de 20 a 29. Un joven en condición de analfabetismo “casi no existe” en la estadística oficial. Pero en Atalaya sí, y la explicación podría comenzar en otra cifra. Ucayali es el departamento con mayor embarazo adolescente del país: cerca de 25% de las adolescentes de 15 a 19 años ya son madres o están embarazadas, frente a un promedio nacional de 9%. Según UNFPA, 8 de cada 10 niñas que se embarazan abandonan sus estudios. A esto se suma que casi 4 de cada 10 estudiantes de secundaria en Ucayali arrastran atraso escolar (39.2%), la antesala de la deserción.
Llegar hasta Shimiari y Catoteni, las comunidades donde comenzamos a trabajar con las tablets y el aplicativo FOCUS, toma unas 8 horas en carretera desde Junín hasta Oventeni; para llegar a otras comunidades, además, se cruzan quebradas en balsa y los últimos tramos se hacen a pie. Atalaya es la provincia más grande de Ucayali, con menos de 2 habitantes por kilómetro cuadrado, bosques protegidos y comunidades dispersas; la misma dispersión que explica por qué el Estado y la cooperación llegan tarde, o no llegan.
Desde el corazón de la selva de Ucayali salen las voces que piden ayuda para erradicar el engaño: son más de 13 mil personas en condición de analfabetismo en el departamento, la mayoría padres y madres jóvenes de comunidades nativas. En el marco del Día Internacional de la Alfabetización, la invocación es a las nuevas autoridades: la invisibilidad estadística es parte del problema. Necesitamos una lectura tan profunda como nuestro territorio amazónico, para que las cifras nos lleven donde realmente están las necesidades, aunque la geografía sea desafiante. Mientras el promedio siga mintiendo, comunidades como las de Atalaya seguirán postergadas.
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