Frontera sur y cooperación regional

“Siendo la frontera sur peruana y del norte chileno muy activa, [...] habría que evaluar si no es más conveniente llegar a acuerdos expresos de colaboración entre gobiernos”.
Migrantes caminan cerca del cruce fronterizo de Cachalluta con Perú, a unos 25 km al norte de Arica, Chile, en noviembre de 2025. Foto: Patricio Banda / AFP

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El Gobierno Chileno, liderado por el presidente , ha tomado como una de sus primeras decisiones separar mediante barreras físicas su frontera norte con Bolivia y el Perú. La razón que esgrime es su necesidad de poner coto a la migración ilegal y al contrabando, y tener un control más estricto sobre el “crimen transnacional”.

Es evidente e indiscutible que cada gobierno tiene el derecho de –y la autoridad para– tomar las medidas que considere convenientes dentro de su territorio. Solo cabe agregar que las decisiones soberanas deben adoptarse sin afectar los tratados limítrofes entre los países involucrados.

Es pertinente considerar, asimismo, que la migración debe ser tratada desde una óptica humanitaria y no solo de seguridad, en especial en este caso, cuando se sabe que la gran mayoría de ciudadanos venezolanos se vieron obligados a migrar a causa de la represión y la crisis económica en su país. Salvo excepciones, las personas dejan su lugar y a su familia para sobrevivir y lograr algo de bienestar, no para delinquir.

Según lo anunciado por el presidente Kast en su campaña, es muy probable un flujo migratorio hacia el norte de Chile para salir de ese país vía el Perú. ¿Cuál será la estrategia del Gobierno Peruano? La situación debe anticiparse y exige acuerdos. Estamos ante un problema regional, no solo de Chile y el Perú. La experiencia de la cancillería peruana será fundamental para evitar que los migrantes queden atrapados entre dos fronteras militarizadas. Como propone el especialista en relaciones internacionales Óscar Vidarte, para manejar la situación de buena forma es necesario involucrar a Ecuador, Colombia y Bolivia, y también al Gobierno de Venezuela, ahora que ha restablecido su relación con el de Estados Unidos.

Por otra parte, siendo la frontera sur peruana (Tacna) y del norte chileno (Arica) muy activa, y de profundos vínculos comerciales y humanos, con millones de pases anuales de ida y vuelta, habría que evaluar si no es más conveniente llegar a acuerdos expresos de colaboración entre los gobiernos, para trazar una estrategia que incluya todos los aspectos de la relación fronteriza. ¿Es acaso adecuado –y proporcionado– retroceder a épocas remotas, cuando las fronteras eran solo murallas infranqueables? Porque si bien quedará abierto el paso fronterizo, no puede negarse el poderoso símbolo divisor que implica un muro de cinco metros de altura y zanjas de tres metros de profundidad.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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