Visité Tacna con motivo de las celebraciones de su aniversario 97 de reincorporación al Perú. Como llegué unos días antes, unas maestras del Sutep me invitaron a conocer los colegios ubicados en la triple frontera.
Hacía poco, la DANA Aníbal había desatado su furia en la región causando estragos sobre todo en la zona costera. Y en la pampa altoandina, días previos, la temperatura había alcanzado los -8 °C en la madrugada.
Los apus fueron benignos y nos recibieron cubiertos de blanco, haciendo contraste con el cielo celeste de la puna. Antes de llegar a la comunidad de Pampa Huyuni (4.200 m.s.n.m.) pudimos apreciar la fauna local, que incluyó simpáticas vizcachas, elegantes vicuñas y un grupo de suris que nos miraban con desprecio, como si pensaran deportarnos por ilegales.
El Perú es un país que planifica. Hemos tenido planes al 2024, al 2030, al 2050 y así siguen quedando obsoletos, producto de la corrupción, el centralismo y las ambiciones políticas particulares.
Policarpio Urure Zanga, presidente de la comunidad, nos pide que le recordemos a Electrosur que desde hace quince días no hay electricidad en el caserío de Collpa y nos dice que la ambulancia más cercana está en el distrito de Tarata a casi tres horas.
Dentro del colegio una joven madre de familia explica que camina hora y media con sus hijos de 2 y 4 años para llevarlos al colegio todos los días. Una profesora nos cuenta que durante la helada muchos estudiantes pierden clases producto de las enfermedades respiratorias y que las aulas prefabricadas, donde enseña en la modalidad multigrado a media docena de pequeños y pequeñas, no los protegen del frío. La I. E. Manuel Odría cuenta únicamente con dos docentes, quienes solo dejan el colegio los fines de semana para visitar a sus familiares en Tacna y Puno.
Según la escritora Irene Vallejo, necesitamos conocer culturas alejadas y diferentes porque en ellas contemplamos reflejada la nuestra, una cultura de la indiferencia y el olvido. Una república sin ciudadanos que cada cinco años exhibe su fragmentación.
En esta localidad aimara, ubicada a escasos kilómetros de nuestra triple frontera, no hay servicios básicos ni de salud, y la educación de las niñas y niños es un reto diario contra las inclemencias del clima y el desgaste físico. A 97 años de la reincorporación de Tacna, la integración de sus ciudadanos sigue siendo una tarea inconclusa.
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