
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Cuando era joven, de lo que ya ha pasado un tiempito, escuchaba a las abuelas decir “fue un viaje al celeste imperio”; celeste por lo del cielo, que era el dios supremo, siendo los emperadores sus hijos. El dicho fue pasando de generación en generación y se usaba para describir una aventura complicada y que no justificaba el esfuerzo puesto en ello.
Comprensible porque ellas vivieron los tiempos en que, luego de 2.000 años en los que emperadores de diversas dinastías habían gobernado China, la última, la Qing, entró en decadencia y la revolución de 1911 marcó el inicio de tiempos turbulentos.
El extraordinario progreso de China en todos los campos en las décadas recientes ha revertido en 180 grados el sentido de la frase.
Es a esa nueva y milenaria China que una delegación peruana viajó invitada a difundir arte y cultura peruana. Y fueron nada menos que el plato de fondo del programa “Fiesta de la primavera” que, esa noche vieja, se estima, tuvo más de 120 millones de espectadores.
Así, poco antes de la medianoche de Beijing, Luis Quequezana y Juan Diego Flórez interpretaban “El cóndor pasa”, acompañados por una exquisita coreografía de sabor y color andino, puesta en escena por artistas locales previamente instruidos por danzantes nuestros que formaron parte de la comitiva.
Sería imposible describir con palabras el resultado, pero imagino que las decenas de miles de personas que ya deben haberlo visto y los millones que de seguro la verán se sentirán tan maravillados, como este columnista, con lo que los peruanos pueden conseguir con su talento.
Quequezana y Flórez son artistas muy consolidados. Pero desde las poblaciones rurales apartadas emergen jóvenes que en lo suyo también nos llenan de orgullo, pese a que, salvo raras excepciones, en casa no se les apoya ni se les reconoce.
Algunos ejemplos recientes:
Cada año la BBC de Londres selecciona a quienes considera las 100 mujeres más influyentes del mundo. En la selección más reciente, la del 2024, una de ellas fue la bióloga química Rosa Vásquez Espinoza. La BBC dice de ella: “Inspirada por la sabiduría de su abuela curandera [...] ha dedicado su carrera a combinar la ciencia más avanzada con los conocimientos tradicionales, para preservar la biodiversidad de la Amazonía peruana”.
Ella se graduó en Biología y Química en la Universidad Tecnológica de Massachusetts y obtuvo su PhD en la Universidad de Michigan. Es fundadora de Amazon Research International y trabaja con comunidades indígenas en preservar el equilibrio ecológico. Destacan entre sus investigaciones recientes como bióloga la confirmación científica del gran potencial curativo de las abejas sin aguijón y la miel que producen.
Hablemos también de Hernán Asto, ingeniero civil ayacuchano creador de la ‘start-up’ Alinti, que ofrece una tecnología capaz de generar electricidad a partir de la fotosíntesis de las plantas. Él suma ahora a otros reconocimientos el haber ganado hace unos días los XXIII Global eAwards, organizados por la Fundación NTT y que están dotados con €100.000, más un programa personalizado de aceleración.
Cerremos con otro ayacuchano: Melecio Tito Mamani, director de la Institución Educativa 24218, que ha sido seleccionado este año por Global Teacher Prize como uno de los 50 mejores maestros del mundo entre más de 5.000 postulaciones de 89 países.
“En el 2015 asumí la dirección de la institución. Al analizar las problemáticas educativas, inicié una deconstrucción de las prácticas pedagógicas para enfrentar desafíos críticos como la desnutrición infantil, bajos niveles de aprendizaje y la falta de participación de los padres de familia”, dijo en entrevista con Radio Nacional.
No es difícil imaginar lo que podríamos conseguir en nuestro país si, en lugar de cleptocracia, primara la meritocracia.