Un homenaje que Lima no pidió

“¿Es correcto que un gobierno local utilice espacio público, recursos y autoridad para legitimar discursos que dividen, estigmatizan y excluyen a grupos humanos?“.
Charlie Kirk era uno de los principales promotores de 'Make America Great Again' (MAGA). Foto: Wikipedia

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El pasado martes, la Municipalidad de Lima anunció su intención de rendir homenaje a Charlie Kirk, un conocido activista político estadounidense vinculado al ala más conservadora del Partido Republicano y fundador de Turning Point USA. El evento se planeaba realizar en el Circuito Mágico del Agua, uno de los espacios públicos más emblemáticos de la capital. Sin embargo, la noticia generó una fuerte controversia en redes sociales y medios de comunicación, lo que llevó a que la propia Municipalidad recibiera cuestionamientos sobre el uso de recursos públicos y el mensaje que se busca transmitir.

Kirk no es una figura neutral. En Estados Unidos, ha sido señalado por promover discursos de odio y narrativas excluyentes. Ha afirmado, por ejemplo, que “America does not need more visas for people from India”, insinuando que incluso la inmigración legal es perjudicial si los inmigrantes “no comparten valores” con los estadounidenses. También ha pedido detener completamente la inmigración y ha descalificado a políticos que son inmigrantes legales, tildándolos de “parásitos”.

Entonces cabe preguntarse: ¿es correcto que un gobierno local utilice espacio público, recursos y autoridad para legitimar discursos que dividen, estigmatizan y excluyen a grupos humanos? En Lima, donde conviven migrantes, diversidad religiosa y étnica, homenajear a alguien así no es un acto inocente, puesto que legitima el mensaje de que solo algunos importan.

Cuando el Estado homenajea figuras de este tipo, corre el riesgo de normalizar un discurso de odio como parte de lo “aceptable”. Se corre el peligro de que lo intolerante deje de ser cuestionado, y que la política territorial, la municipal, pase a ser instrumento de polarización. Este tipo de actos legitiman narrativas que degradan a comunidades enteras y convierten la gestión pública en un vehículo de confrontación ideológica, en lugar de un espacio de servicio ciudadano.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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